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viernes, 25 de junio de 2010

Javier Sabio Sánchez, presbítero

Te conocí hace casi 18 años sin que el tiempo, que no es poco, te haya borrado un solo matiz de tu admirable personalidad. Sin que los años, varapalos, altibajos y cambios hayan podido virarte en nada de tus admirables maneras de ver y ser ante la vida.

Hace menos, aquel verano pseudo deportista nuestro, me espetaste en la cara tu decisión. No podía ser en otro lugar ni mejor enclave encontraras que el añejo “Camino Patria”, a caballo entre el mar y Motril. Supe desde ese instante que tu alegría iba a ser la nuestra, la de aquellos que te tenemos por amigos, que tu felicidad sería dobladamente compartida entre todos y que el destino final de tu balbuceante principio llegaría.

En unas horas, cuando tu envergadura, tanta como la dimensión humana de tus instintos, barra el ajedrez que es el suelo de la Magna Iliberitana, cuando reclines la vista ante la silla de Elvira, cuando asumas plenamente que ya sí, ha llegado el momento, a muchos nos costará aliviar el nudo de la garganta.

Nace para todos un nuevo amigo, pero con las mismas armas de siempre. Nadie habrá que pueda si acaso igualar tu generosidad hasta extremos, tu talante, tu bonhomía, tu alegre disposición, tu jovialidad, tu facilidad para ponerte en el lugar del otro, tu capacidad de escuchar, tu inquebrantable conciencia y tus inamovibles principios, idénticos, sin fisura alguna, a los que yo intuí hace casi 18 años y que nada, nadie y de ninguna, han cambiado.

En unas horas, hermano, que tantas y tan certeras veces nos lo hemos dicho, Dios habrá adquirido a uno de sus más efectivos, verdaderos y capaces ministros. Quizás no habrá nunca que buscarte entre Palacios, con solideos, o sobre sillas episcopales. Te bastará como siempre una tertulia, una reunión de amigos, de seres queridos, un españolísimo caldo en copa, la frugalidad de una mesa, imágenes de arte, tradiciones insondables ante ti, y cosas por hacer, muchas cosas por hacer, que la actividad encuentra en ti sentido.

En unas horas, habré de cambiar el hermano por el padre... Pero qué bien, qué gran Padre cobraré en unas horas; y será, por siempre...

4 comentarios:

Gerardo Martín R. dijo...

También el mio.
Qué noche aquella con el aroma en el ambiente, que por siempre quedará en nuestro recuerdo de aquel galán de noche que nos acompañó en aquellas tertulias de noches y recuerdos...

Lemar dijo...

Padres como este, es lo que le hace falta a la Iglesia, pero muchos, enhorabuena a todos, porque todos los que nos sentimos católicos ganamos, que el Espíritu Santo siempre lo ilumine y lo guíe, Felicidades D. Javier Sabio.

J. Carlos Medina dijo...

No tengo la suerte de David y Gerardo. Nunca he tenido la oportunidad de compartir veladas y confidencias con Javi Sabio. Ni compartir proyectos e ilusiones propias de alguien lleno de vida y juventud exultante como Javi. Pero solo un pregón y dos instantes me han valido para catalogarlo como un ser que exhala humanidad por los cuatro costados, humildad a raudales, alegría perenne y un saber estar propio de alguien digno de tener en la nómina de amigos. Amigos de esos por los que merece la pena luchar porque nunca te fallará. Con Javi Sabio, todos salimos ganando.

Anónimo dijo...

Enhorabuena por tu ordenación, sin duda, el día más importante de tu vida.

No podré estar hoy en Motril, en tu primera misa, y tampoco el próximo sábado en San Miguel Arcángel, sin embargo mis padres se acercaran para felicitarte en nuestro nombre.

Un abrazo y hasta pronto, reverendo padre Javier.

Santi.