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viernes, 25 de junio de 2010

Milenio

Cundió el entusiasmo en el mismo instante en que supimos que Granada podía salir reforzada desde todos los puntos de vista, acogiendo una magna celebración que recordara que hacía mil años, se había creado un Reino uqe persistió con homogénea jurisdicción por espacio de 820 años, hasta que en 1833, el primer Ministro de Fomento español, el motrileño Javier de Burgos, aplicara una división territorial nueva a la nación, articulada en torno a 50 demarcaciones con el nombre de provincias, como hoy día siguen.

A tres años vista (dos y medio, sinceramente) de tal acontecimiento, las voces discordantes con el proyecto, antes que decrecer, aumentan. En efecto porque daría para mucho debatir sobre la idoneidad de recordar tal fecha, a sabiendas que en el transcurso de este reino, se cometieron atrocidades a manos musulmanas sin pudor, caso del primer pogromo de la historia en contra de los judíos (1090), la intolerancia almorávide con los mozárabes (cristianos), el acrecentado odio de los mandatarios musulmanes hacia los cristianos durante el gobierno almohade, y la sucesiva pérdida de poder, importancia y peso de los nazaríes, que significó la respuesta igualmente autoritaria de los cristianos, esta vez hacia los musulmanes. A pesar de ello, algunos falseadores, cínicos, mamporreros del poder socialista y otros, se empeñan en hablarnos de la convivencia entre culturas, tal vez obviando que el término gueto cobró su primera realidad en el al-Andalus medieval.

El caso es que cualquier oportunidad para que Granada empezara a cobrarse su particular deuda histórica con el resto de ejes socio-culturales del Occidente andaluz, me pareció hace ahora dos años largos, excelente. Soñé con una transformación estética de la ciudad, una oportunidad de resarcirnos con nuestro pasado y un empuje a proyectos fundamentales como el cierre de la Circunvalación, las mejoras de movilidad en el Área Metropolitana, el impulso al aeropuerto, la ejecución de los tramos que faltaban de autovías y enlaces y el sueño de los grandes proyectos culturales que demanda la ciudadanía desde hace más de una década.

A día de hoy, Calderón de la Barca está más de actualidad que Maradona. Porque los sueños, en efecto, “sueños son”. No nos queda otra. Hace unos días, pude leer una entrevista que hacían a doña Teófila Martínez, que va camino de convertirse en la alcaldesa española más respaldada por un pueblo, y a Dios querer, con un ejercicio de nada menos, 20 años al frente de la ciudad de Cádiz. Allí, 2012, será la fecha clave para redescubrir la trascendencia insondable que jugó la “tacita de plata” en la España del siglo XIX. Se cumplen doscientos años de la proclamación de la primera constitución española, y la primera europea del mundo moderno, con todo lo que ello vino a significar. Tres años antes de su celebración, ya se había conseguido la celebración de una “Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado”, que se organice un “Consejo de Municipios y Regiones de Europa”, una “Regata de Grandes Veleros”, “concursos escolares”, una “Gran Gymkhana del doce”, el nombramiento de la ciudad como “Capital Iberoamericana de la Cultura”, más de un centenar de representaciones culturales, la creación y erección de la “Casa de Iberoamérica” o llevar a cabo el “Congreso Iberoamericano de Municipios”.

Faltan menos de tres años para nuestra efemérides, y aquí no sabemos más que dimite uno, viene otro, no se garantizan inversiones, se puentea al Ayuntamiento en proyectos decisivos como la Estación del AVE, aunque luego nos toque a todos pagarla, se guarda sine die el proyecto del Palacio de la Ópera, con toda probabilidad, en 2013, no habrá AVE, a Dios querer, habremos acabado las obras del Metro pero desde luego, me cuesta pensar que este entre para entonces en funcionamiento, y prosiguen las peleas y el no ponerse de acuerdo sobre el espacio por donde hacer transitar el segundo anillo de la circunvalación. En la Costa, nada de Autovías terminadas, utopías de un siglo largo sobre el tren que explote su puerto y ninguna inversión que revitalice la zona.

A mí el Milenio me suena a cachondeo. Seguro que haremos congresos para prodigar el Islam, hablaremos de la alianza de civilizaciones, acontecimientos planetarios y gavinas de cocheros; cuatro onegés pedirán con vehemencia, dinero para enseñarles a las habitantes del más recóndito pueblo del Atlas, qué pueden hacer con su clítoris si es que este sigue en el sitio que debiera, y en el siguiente estudio económico, nos tendremos que desayunar con que Granada, según los más fiables indicadores, sigue siendo la provincia más pobre del territorio nacional.

Y los mamporreros del partido, se frotarán las manos. En tiempos de crisis, las cosas no van tan mal. Siempre habrá posibilidades, terminado el Milenio, de engancharse en una Empresa Pública andaluza o aspirar a una consejería. Tiempo al tiempo.

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