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miércoles, 23 de junio de 2010

Hermano Mayor

José Miguel Pérez López es un hombre de esperanza... No, tranquilos, no es porque San Agustín necesitara un viraje, ni mucho menos. No trae ideas que remuevan los cimientos mismos de la Hermandad y tampoco protagonizará cambios que afecten a lo único que es sagrado en el colectivo cofrade, que es la normalidad asumida desde sus inicios, el mismo sentido devocional, la misma línea a seguir, el buceo en una identidad y personalidad cofrade que no tiene lugar a cambios.

Les decía que José Miguel es un hombre de Esperanza, de las veces que hay que escribirla con mayúscula, y todo está dicho. Tiene corazones tintados a rayas negras y verdes y esconde motivos sobrados para escogerlo, conservarlo y avivarlo como amigo. Es un señor, de esos que cada vez cuesta más encontrar, un cofrade comprometido, responsable, serio, severo y tenaz. Un conspicuo tertuliano, un amante de la vida del sosiego, un apostante por las cosas bien hechas y un hombre crítico con el trabajo propio. Alguien que no defrauda y que en sus empresas personales, deja resuellos y tuétanos si menester fuera.

José Miguel es costalero, que más de dos décadas lo avalan. Es cofrade, de los que el término cuaja a la perfección con la persona. Es amigo, con ese reposo y buenas maneras que lleva en sus gotas de sangre alpujarreñas, y dejará las herencias de la fe a sus dos hijos y transmitirá lo mejor de sí, que es nada menos que él mismo a los suyos. Pero a su vez, y desde hace tan poco, es el nuevo Hermano Mayor de la Hermandad del Santo Cristo de San Agustín, gracias a 86 de los 88 votos emitidos, sucediendo así a cofrades que no merecen más que halagos como Manuel López Guadalupe, Miguel Ángel Fernández Medina, Miguel Luís López Guadalupe o Juan Pedro Aznar Hernández (no, no se me olvida nadie, y ya cada cual que concluya el listado, este es el mío).

En estos cuatro años, José Miguel seguirá haciendo lo que mejor sabemos los hermanos de esta Familia de fieles: propagar nuestras devociones y acrecentar en nosotros mismos la sensación de que esta es una casa, la de todos, la que anhelamos ha mucho y se ha forjado en la base de la fe y de las buenas relaciones, sin fisuras ni discusiones estériles. Y Josemi, el grande de Josemi, escribirá la historia que ya le han dejado redactada.

A todos los hermanos, gracias. A tu gesto, tu entrega, tu disposición, tu valentía y tu honradez cofrade y personal, más que gracias, hermano (mayor).

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