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martes, 22 de junio de 2010

Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín

No soy yo muy dado a caer en vanaglorias personales y mucho menos, en las aptitudes de los grupos, colectivos o asociaciones a los que pueda pertenecer o con los que tenga relación estrecha, pero en esta ocasión, me voy a saltar mi propia norma y traigo aquí una Hermandad que rinde culto al Cristo de San Agustín y que me puede. Me puede Él que desde hace década y media larga me tiene, cuenta y escribe como devoto y hermano, y me pueden mis hermanos, todos, sin excepción, que la hacen grande, que no pierden oportunidad de darme lecciones de qué es en sí una Hermandad y que me recuerdan por qué hace ya unos pocos de años, muchos teniendo en cuenta mi edad, me fijé en ella y puse rumbo al bajo añejo (y que no echamos en falta, todo sea dicho) de la Calle Nueva de San Antón.

La Hermandad no posee uno de los mejores patrimonios de la ciudad, con toda probabilidad no despierta los tirones devocionales que otras presumen (no sé si con o sin razón) y si uno entra en foros y espacios concurridos por los cofrades, no la verán en el candelero, siempre en boga cualesquiera de sus temas que piensen. No, no será esta una Hermandad que despierta y suscita los más espinosos y florales (que de todo hay) temas, pero precisamente porque el titular de prensa más acertado para definirla no es otro que el de la normalidad. En su seno todos saben que lo importante es la devoción y después, el buen trato, la sana disposición y la relación cordial entre todos.

Hemos vivido cuatro años de ensueño. Fruto de la excelente siembra de cuantos tienen en la foto de arriba, y fruto de un sevillano, entrañable, dicharachero, ágil y extrovertido, de un talante único y con ansias de relación y fraternidad. Su éxito, en los hombros de un grupo activo, numeroso e incansable (perdonad que aquí ponga al incombustible de Juan Spitzley como ejemplo) conformado por más de cuarenta hermanos que piensan en negro y sueñan negro con retazos de carey. El resto, desde el último de los penitentes, el más reciente costalero, el cuerpo de capataces y por supuesto, la inquebrantable Junta de Gobierno, única, modélica, verdaderamente servicial, suman los enteros. Por eso, que en unas horas escogemos nuevo hermano mayor y qué hermano mayor como candidato perfilado, yo quiero dar las gracias a mis hermanos, a todos, a los que hacen que no deje de alegrarme por ser de esta Cofradía, a los que me dan lecciones humanas y cristianas y me arrebatan sus maneras, y muy especialmente, a nuestro Hermano Mayor saliente, a mi hermano, el grande, el bueno de Juan Pedro Aznar.

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