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jueves, 24 de junio de 2010

Español

Periódicos que te regalan el abanico; el de la competencia, un pareo. La promoción de un supermercado, se atreve con toalla y balón de playa. Por un euro más que cargan en tu cuenta, en el banco te dan las sartenes halografiadas. En los añejos Todo a Cien, banderas, bufandas, camisetas, pantalones de deporte, calzoncillos y tangas, calcetines... Los inmigrantes han incluido en sus mantas, los éxitos de Escobar, y el “Que viva España”. De aquí al viernes, vamos a vender hasta cromos con nuestros héroes inmortales, grabados de las hazañas bélicas más sonadas y puzzles con los parajes más insólitos de la nación.

España, España, España... Joder, hace dos días, algunos éramos mirados como bichos raros. Me place que el fútbol consiga lo que es de ley y de razón. Admiro a los que se excusan aunque sin conseguir nada, diciéndote que ellos no son menos patriotas por no lucir una faja con los colores estatales. Pero los que bebemos en una taza con esa enseña, sumamos cuatro cinturones con dichos colores, tenemos dos corbatas (que despiertan suspicacia, ¿verdad Juan, en Almería?) con evidentes tonos, paseamos nuestro perro con un collar que luce la rojigualda y llaveros de casa, logos de coche, cinta escueta en el cabecero de la cama y tantos otros, nos recuerdan a diario que uno se siente contento, orgulloso y convencido de que las tres franjas con el rojo y el amarillo ancestral es enseña y parte de los que estuvieron, están y estarán, empezamos a mosquearnos.

He dejado mis cinturones y cuantas preseas personales pueda exhibir en la calle (polos, camisa...) que quiera recordarle a alguien que no soy un advenedizo, que no me he apegado a la moda patrio-futbolera, que para mí esto es mucho más serio, más convincente, más reflexivo. Que España en este que se ha empeñado en estudiarla, significa mucho más; una forma de entender la españolidad costó la vida a algunos de mis mayores; otros, se dejaron el resuello en su logro. Es una herencia, escueta y pobre tal vez, pero mi herencia. La de sentirme orgulloso de una nación que ha dado muy por encima de la media en el cómputo de la historia. No puedo más que reírme de las emulaciones regionales, la andaluza por ejemplo, ante los que sabemos que España es el milenario grito la honradez, el honor, la vergüenza y la ilusión. Incluso ante los titánicos esfuerzos demoledores de este Gobierno.

Si por medio de una Selección (sin su aberrante y mercantilista apelativo de la roja, que para mí, siempre fue La Pasionaria) la mayoría de sus ciudadanos se visten con los colores de todos, de los de izquierdas, derechas, creyentes, no creyentes, con tonos de piel más o menos claro, de todos... me sentiré orgulloso. Lo malo es que profetizo que se trata de un esnobismo pasajero, quizá este mismo viernes se rompa el espejo patriota que aguijonea, que espolea nuestro fútbol.

Por eso yo he preferido que pase el virus rojigualda y acabadas las chanzas deportivas, quedemos los de siempre: los que somos mal mirados por sentirnos profundamente orgullosos de los colores de nuestra bandera, los que somos recibidos al jaleo inconsciente de “fachas”, los que hemos resistido impertérritos miradas desafiantes de desarrapados con más mierda de la consentida y soñada en su cuerpo.

Cuando se torne a la realidad, y en este país sentirse español vuelva de nuevo a ser interpretado como un guiño trasnochado, fascista y retrógrado, mi perra volverá a lucir su collar. Llevaré mis cinturones, asomará el fin de mi llavero por el bolsillo, luciré alguna camisa, si he de ponerme traje escogeré tal vez una de las corbatas señaladas y volveremos los “últimos de Filipinas” a la realidad, superado el aborto mercantilista y aprovechado de estos días.

Eso sí, como eterno ritual, cuando el café ya haya caído en mi taza, la que me recuerda los que dieron la vida por esos colores, los que soñaron desde la intelectualidad o el tesón anónimo de cada uno de sus días con una España de veras, me sentiré enormemente orgulloso de los mismos; me sabrá mejor el café, me dará ánimos para el repaso diario a la prensa proscrita y como ayer, creeré sin haber visto. Quizás a pocos metros, otros empaqueten sus múltiples ajuares de una tienda de chinos a la espera de que la “roja” (que no, que no es Pilar Bardem) engatuse en otro campeonato. Que a mí, el deporte no me hará disfrazarme como si estuviéramos en carnaval de lo que no siento. Que yo llevo no disfraz, sino piel de España, herida a cada día, POR BANDERA.

4 comentarios:

David R.Jiménez-Muriel dijo...

a Don Juan de Borbón y Battemberg, Su Majestad don Juan Tercero en el corazón de sus súbditos monáquicos, capaz de pronunciar el más bonito lapidario, la frase más lograda de todas:

"Majestad, por España... Todo por España".

Anónimo dijo...

Qué bonito es sentir el orgullo de ser español desde la cuna y hasta el estuche de pino.

PEPE JUNCAL

Lemar dijo...

Hermano una vez más AMÉN, ya sabe usted, pero yo mañana, no seré de la Roja, seré de la Azul, y por siempre y para siempre, Rojigualda ESPAÑA, ESPAÑOL.

monaguillo dijo...

Pues si: mientras dure el mundial todos serán de "la roja", y después del mundial quedaremos sintiéndonos españoles los "trasnochados" de siempre. Amén hermano.