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miércoles, 30 de junio de 2010

Agustín de Foxá

Hace 51 años que moría hoy uno de los que, tras la revisión parcial y premeditada de la historia tras la modélica transición española, se convertiría en escritor maldito, un apestado de las letras y digno representante del modelo sobre el que verter las críticas feroces por parte de la progresía intelectual patria.

A de Foxá lo conocí hace relativamente poco, y de él he podido leer, gracias a mi tío Carlos, “Madrid, de corte a checa”. Era diplomático, amigo de Altolaguirre o Manuel Machado, premio Mariano de Cavia y nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua.

Cultivó el teatro, la poesía y la narrativa. Madrid, de corte a checa no exagera, no inventa, no aporta ficción sino que recrea la situación de una España convulsa entre 1931 y 1938. Así de rotundo. Quizás por ello mereció el título de proscrito, de franquista que haya que borrar de la historia literaria, tal vez para que su lugar lo ocupe otro más afecto al nuevo orden político que se empeñan en construir. Pero don Agustín fue escritor, y más bueno de lo que muchos quisieran. Fue un extraordinario relatador de los sucesos reales de una época que resucitan algunos de manera cainita, y hoy hace 51 años que murió, a la edad de 56 años, el conde de Foxá y marqués de Armendáriz, don Agustín de Foxá Torroba, a quien traigo a esta Alacena y rindo tributo.

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