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viernes, 14 de mayo de 2010

Nouvelle cuisine

Mi hermano Pepe Luís Illescas inspira a la hora de comer; quizá porque lo hace con un aplicado protocolo donde se cuidan más las sensaciones que la necesidad de engullir. No lo busquen para platos complicados, pero si quieren saber qué se siente con la sencillez nutritiva y castiza de un filete con patatas, verán uno de los espectáculos mejores de sus vidas. Ceremonioso, reduce a pequeños bocados el filete. Lo come despacio, saboreando al tiempo que mastica con parsimonia. Cuando al fin traga, emite un imperceptible mmmm que se acompaña de un suave, rápido y ágil arqueo de las cejas. Si en ese momento pusiera los ojos en blanco, sin duda que estaríamos ante un arrobamiento de esos que sufría Santa Teresa. Insisto que, verlo por la Calle Pan o en la Alameda de Hércules, ante un plato propio y nada complicado, es de lo más sugerente. Apunta con razón Paco Estarli, que el solo hecho de contemplarlo alimenta... Será porque hace las cosas con la mesura conveniente y la aprobación de todos sus sentidos.

Pero no, a mí me tenía que dar por probar cosas. No conozco en mi diccionario gastronómico la expresión “no me gusta”. Me atrevo con todo, como aquella lejana noche de verano donde con mi compadre Gerardo probé las hormigas al árbol, para después obligarme a enjugar mi boca con cada sorbo del gin tonic posterior. Y en esto de la experimentación, decidí probar la cocina creativa, en el mundo del laboratorio y no en el del fogón y con más hidrógenos de por medio que un hospital.

El menú de la puerta era poco tentador, he de reconocerlo:

Entrantes: Tuétano trufado, flores con huevo frito y ajos, vinagreras estofadas en salsa de chipirones, gazpacho de gelatina de anacardo y anchoas de Kenia con gel de arrayán.

Primer Plato: Puré de maíz en espuma de remolacha, filete de nú relleno de cardos, pollo con sandía frita y lomos de burra con copos de leche condensada.

Segundo Plato: Confit de medusas-carabela a las finas hierbas, jurel con macarrones en lecho de cilantro y cabracho con ajonjolí en cama de canónigos.

Postre: helado de tulipán, bombones de jamón de teruel, y tarta de huesos de aceituna y tomate aliñado.

Aún así, con más plante y arrojo que Talavante, decidí entrar. Aquello debe ir acorde con lo que ingerirás, qué duda cabe. Las mesas son mazacotes de titanio debidamente pulimentado, homenaje al Guggenheim, con un mantel individual donde se estampa el logotipo del restaurante conformado por las caras de los periodistas que estaban en plantilla en el Diario El País en los años 90. La silla tenía peligro. La curvatura de su respaldo jugaba con tu verticalidad; me veía al fin del primer plato en el suelo. La primera de las cosas que se venían a la cabeza era el listado de traumatólogos de la compañía ASISA. Que por cierto, dónde tendría yo el librito de marras. En la zona más ancha (del tamaño de una anchoa escabechada), un dibujo de la tapicería que haría palidecer por triste a Kandinsky. Los cubiertos de poliuretano expandido en su mango, madera de fresno para la parte en contacto con la boca.

De la pared, imágenes evocadoras... Reproducciones de la Quinta del Sordo de Goya, una litografía del urinario de Duchamp y una colección de meninas revisadas: con la cara de Leire Pajín, Rossi de Palma y la vicepresidenta del Gobierno.

La carta de bebidas ofrecía doscientas veinticuatro marcas de agua embotelladas que abarcaban desde las que ofrecían propiedades minero-gastroenteríticas, a las que corregían las patas de gallo. Me envalentoné, qué narices: “Vino, ¿tienen?”[Cara extraña, se tuerce el labio inferior... Achina los ojos... ¿Qué he dicho yo Dios mío?] Señor, por supuesto que no, es un espacio gastronómico libre de alcohol. Y para adentro me dije: ya de fumar ni pregunto, ¿verdad?

Lo que más sorprende es el tamaño de los platos. Entiende uno el calentamiento global: ¿cuánta madera habrá hecho falta para que los hornos de Talavera cuezan esa cantidad de porcelana? El plato llano viene a medir lo mismo que el bastón de un abuelo. El hondo, donde se sirve una generosa ensalada a base de rosas, alstroemerias y antirrhinum salpimentado todo, sirvió para que Valdeconejos de Arriba ganara el Guinness con la paella más grande de Europa y el de postre me tuvieron que explicar que era un plato. Y a todo esto, la pregunta del millón: “caballero, si ponen ustedes tan poca comida, ¿por qué los platos son tan grandes?”.

Me decidí por la referida ensalada, unos lomos de lubina criogenizados con aroma de chorizo de Cantimpalo y de postre, un fragmento de pionono sobre lecho de hinojos caramelizados. De la ensalada, deduje que los floristas cofrades están perdiendo el tiempo montando palios y misterios. Del pescado, que la servilleta (bordada con lentejuelas malvas haciendo la forma de unos stabiles de Calder) no era lo suficientemente grande y no pude esconderlo a tiempo, y del postre, que aunque no dejen fumar, me pienso poner las botas en la Cafetería Isla como desquite personal.

Cuando trajeron la cuenta me dije que me llevaba un plato. Por si un día se estropea la lavadora y tengo que poner a lavar las sábanas de una cama de matrimonio y las cortinas del salón a la vez. Porque como robase un tenedor, la Guardia Civil se presentaba en mi casa acusándome de cooperación con una cédula islamista con pretensiones de atentar en España.

Y ya en la calle, liberado del hilo musical que se empeñó en ofrecernos la fusión entre música folclórica peruana con ritmos dance, me acordé de súbito de mi hermano Pepe Luís Illescas, que por nada y menos, se come el hombre su filetito con sus patatas fritas, le estrella un huevo con más volantes que una gitanilla en el Real, mientras lo empuja con una Alhambra fresquita, con dedo y medio de espuma.

Y esa noche, soñé con un buen cocido, con un potaje de lentejas, con unas papas a lo pobre, una cazuela de fideos, unos filetitos empanados, un... Joder, con lo que de toda la vida del Señor, ha sido y será, COMIDA.

4 comentarios:

David R.Jiménez-Muriel dijo...

A José Luís Pérez Cervantes Illescas, que no olvidará un almuerzo en la Alameda de Hércules...

Gerardo Martín R. dijo...

Y te quejabas de las hormigas de lchino...., con lo rico que estaba el GinTom. (Dícese del Gin Tónic cuando uno ya tiene confianza con él).
En resumen, comísteis en una pileta, eso sí, de lujo niño, de lujo...

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Illescas!

Anónimo dijo...

No le supiste sacar la moraleja a tan exquisito menù y desfile de viandas propias de reyes medievales....
no fuè necesario un ALCASESER para la digestiòn¡¡¡¡¡¡ jejejeje
vico

Memoria Histórica de Motril dijo...

Dónde se ponga un buen potaje con su pringá que se quite todo lo demás, je je.