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jueves, 27 de mayo de 2010

Nombres de niños

¿Os acordáis de Manolo? Si hombre, si hace unos días os conté como vivió la Primera Comunión de su chaval nuestro amigo Manolo. Pero lo que no os había nunca transmitido, es que Manolo, un día, tenía a los niños chicos, o mejor dicho, ni siquiera los tenía, que eran patrimonio de la barriga de su mujer, y hubo que ponerles nombre. Porque es un clásico indiscutible, más que “Paquito el Chocolatero” cuando uno se ha bebido hasta las aguas mansas del Beiro. Uno se encuentra con una conocida, con una barriga que ha adquirido nuevas dimensiones hasta el momento nunca advertidas, y se producen las preguntas de rigor: ¿de cuánto estás? Hasta llegar a la que de verdad importa, a menos que te hayas casado no ha mucho, porque entonces lo que de verdad querían saber es si te casaste con “sobrepeso” en el Altar. A lo que vamos, la que de verdad es interesante es: ¿y cómo le vais a llamar?

Cuando Manolo empezó a contar que su señora andaba encinta (bueno, no quiero mentir, el dijo “preñá”) de tres meses, cometió el mayor error de su vida. Sentenció a muerte los meses que restaban de embarazo, con sus padres, familia política, amigos y por supuesto, con “su costilla”. Porque sin darse cuenta, acababa de crear el Comité de Búsqueda de Nombres para el Niño de Manolo, el Cobnonim, formado por su madre, su suegra, su cuñada, su hermana, su tío abuelo el que vivió en Venezuela, la camarera de la taberna del barrio y su jefe. Los cargos del Cobnonim los desconozco, pero groso modo estos fueron sus integrantes. Ah, faltara... ¡Y su costilla!

-“Si es niño, Manolo, como tú. Y si es niña, pues Manolo”. La verdad es que su madre debía haberse dedicado a las letras, porque su inventiva no conoce límites. Qué perspicacia, qué imaginación, se decía Manolo.

-“Oye, ¿has pensado en ponerle Iria?”

-“¿Iria? ¿Iria por qué? Contestaba Manolo a su cuñada, la Mari. Un encanto que al parecer nunca recordaba que tenía casa con muebles, marido e hijos, porque se pasaba la vida en la suya.

-“No sé. Iria es María en griego, y le podías poner Iria.

-Pero coño, si no sé griego y no he estado nunca en Grecia. Para eso, le pongo María, en español, de aquí, de España. ¿O es que conoces tú a alguien de Atenas que le ponga a su niño Paco? Que bien pensado, ¿cómo se dice Paco en griego?

Su jefe ansiaba saber. Si había terminado el montaje de los bajantes del piso de doña Carmencita (porque Manolo es fontanero), si iba a ver el sábado el fútbol en el bar y cómo se iba a llamar la criatura. “Pues mire don Juan, si es niño, se llamará como se llaman los niños. Si es niña, como se llaman las niñas. Porque me parece un follón llamar a un niño Toñi, y a una niña Jacinto”. Lo que no sabía es que la gracia le iba a costar el domingo terminar una obrilla de nada...

Lo mejor fue cuando su suegra disparó: “Si es niño está claro que se va a llamar como su abuelo” Ahí fue cuando Manolo se reconcilió con la vida, con el mundo y con su suegra. Vaya detallazo venido de ella, acordarse de su padre. Entonces, dijo la suegra: “se llamará Maximino, ¿verdad niña?” Y ahí es cuando Manolo deseó con todas sus fuerzas que el Gobierno suprimiera las pensiones. Mira, casi lo logra diez años después gracias al profeta Zapatero. Porque claro, Maximino, nombre de enjundia, característico, rápido y moderno, era el de su suegro, no el de su padre. Por cierto que la “niña” era su señora costilla.

La tabernera del barrio compartía con Manolo, además de local de esparcimiento, la misma nómina de Hermandad. “Si es niño, Manolo, le puedes poner como nuestro Cristo, y si es niña como la Virgen. Sería muy bonito, Manolo”. Sí, precioso, se decía para sí el futuro padre... Le puedo poner Sepulcro o Calvario, vamos, para comerse a los niños... Para comérselos antes de que cuando tengan dieciocho, me demanden por arruinar sus infancias y adolescencias.

Y al fin, después de que le dijeran que debía llamarla, siendo niña, Triana (joder, pues ya puestos, ¿por qué no le pongo Chana, que es más de aquí?), Mona (digo Mona, y tanto, como que iba a ser su hija) y no unas pocas paridas más extraídas de la mitología y del Hola de la época, o bien, si fuese niño, Amancio (Manolo es que era más de Hugo Sánchez), Obi (que se figuraba él que era por el de la Guerra de las Galaxias) o Pepe, así, a secas, Manolo perdió la esperanza de ser libre para escoger el nombre de su hijo. Simplemente lo perdió.

Hasta que un buen día, a eso del quinto mes de embarazo, su costilla, así, bajito, como se dicen las cosas importantes (que para recordar que necesita dinero o que quiere un nuevo bolso no hace falta susurrar, demuestra una amplia capacidad torácica digna de envidia), le dijo que ya sabía que era niña, y que se iba a llamar Vanessa, y luego vendría el niño, Jonathan para después traer al mundo a Deborah y a Maximino, como su padre (vamos, el abuelo de la criatura). Y por el momento, lo ha clavado. ¡Qué barbaridad! La niña es Vanessa, el niño Jonathan, la chica Deborah y después, el siguiente se llama Seguridad Social Gratuita. No, el nombre no es raro, es que a Manolo le hicieron tras el tercero una vasectomía gratuita. Eso mejor que darle el gusto a su santa suegra, la hija de...

1 comentario:

Lemar dijo...

Pa no complicarte hermano, mejor hacer como Bisbal, su niña, le ha puesto "ELLA", me imagino cuando tenga el niño le pondrá, "EL", imagino, O NO, se pierde lo nuestro, lo Español, Pepe, Juan, Paco, Antonio, Manolo, Carmela, María, Encarnita, Angeles, Pepa, Lola, O No.
Hermano un beso.
JUAN CRESCENCIO