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martes, 25 de mayo de 2010

Arte Contemporáneo

En el año 2003 dos personas colgaron de las paredes del afamado Guggenheim de Bilbao un cuadro contemporáneo haciéndolo pasar por una pintura acreditada, con el único fin de denunciar el escaso valor de este tipo de arte y que cualquiera puede ser artista dentro de este lenguaje contemporáneo. Hace tres semanas, uno de los suplementos dominicales que adjunta con sus periódicos el Grupo Vocento, nos traía obras de una niña de tres años que habían pasado por piezas artísticas del estilo del expresionismo o de la Escuela de Nueva York. Sumen a esto, que en febrero de 2007, de nuevo el arte contemporáneo fue puesto al descubierto por una cadena de televisión, cuando de manera in fraganti pusieron en los salones de la feria de Arte Contemporáneo más importante de España, ARCO, un cuadro pintado por niños al que muchos entendidos catalogaron como maravilloso, con un precio superior a los 15.ooo euros y que expresaba una angustia vital, o tal vez una pulsación sexual reprimida.

El periodista, escritor y director de programas radiofónicos José Javier Esparza, decía sobre el arte contemporáneo que este tenía ocho pecados capitales tras de sí: la búsqueda obsesiva y a cualquier precio de la novedad; la desaparición de significados inteligibles; el hecho de que hoy día cualquier soporte es válido para hacer arte: una caja de cigarros, un macarrón…; la consagración de lo efímero; la vocación nihilista de la cultura contemporánea; la sintonía con un poder concebido como subversión; la naufragio de la subjetividad del artista, como excusa para presentar cualquier estupidez; y la obliteración absoluta de la pregunta por la belleza, considerada ésta algo retrógrado, e incluso perverso.

Sin embargo hoy día pocos se atreven a decir que las obras de Pollock, de Kandinsky o similares, no les gusta. Sobre todo después de ser testigos de cómo algunos pueden llegar a gastar en lienzos de formato reducido, en torno a 100 millones de dólares por piezas de estos artistas. Está claro que si uno se manifiesta con toda sinceridad, corre el riesgo de ser tachado de inculto, de retrógrado, de incapaz. El esnob no ahorrará cumplidos para el que diga lo que piensa ante una orgía de colores que pareciera haberlos aplicado un demente psíquico o tal vez un chimpancé con gastroenteritis.

No, el crítico, que suele vestir una chaqueta de pana o en su defecto con coderas, un pelo ciertamente más largo de habitual (y ciertamente menos limpio de lo habitual) y no escatima en sesudos ensayos para los estantes de su biblioteca, te perseguirá sin pudor. Lleva en su sangre la herencia genética de Torquemada, tamizada por siglos de historia y convertida ahora en azote de mentes impropias del siglo XXI. ¡Habrase visto tamaña ofensa! ¡Usted no entiende de arte porque no sabe! ¡Porque es incapaz de apreciar la magnificencia poética que la plástica tormentosa del autor ha querido plasmar, en su particularísimo cosmos introspectivo de reveladora perspicacia misántropo!


¿Qué qué quiere decir todo esto? Pues que el autor fuma; que sí, que fuma. Que se mete algo raro. Que es tonto y después de diez años, le sigue timando su camello. O a lo mejor es que es incapaz de hacer la perfección de Antonio López o la distinción pictórica del iraní Imán Maleki... O bueno, no... Lo más seguro es que se aproveche de mil y una subvenciones y guste de hacer un arte provocativo, un arte incomprensible más fácil de vender, precisamente porque a cada uno le dice una cosa y seguro que no es lo mismo que le dice al que la creó. De modo que nunca averiguarás qué es eso, y quedará como autor marginal, para mentes extraordinariamente dotadas y como producto reservado para unos pocos.

¿No me crees? Bueno, te cuento... En 1992 el Cartel anunciador de las Fiestas del Carnaval de Cádiz fue obra de Rafael Alberti, que también le dio a la pintura para escarnio de los pintores. Ese año, presentó el Selu una chirigota de órdago conocida popularmente como Los Borrachos, pero que el tituló “El que la lleva la entiende”. Yo te dejo la opinión (y no fue sólo de Selu y los suyos, créeme) acerca de tan distinguido parto artístico:

Después de esto, se me ocurrirían muchas cosas para pensar que tras los “ismos”, y desgraciadamente no todos, el arte es la manera de crear algo nuevo sin que necesariamente este sea bueno, o sea arte, que tanto monta, monta tanto. Pero apunto sólo una frase que merece ser recogida en la antología de grandezas de la cultura. La dijo el que está considerado uno de los mejores historiadores del arte de España. Es catedrático y nos reiteró con firmeza que si poníamos en su boca esta frase, por mucho que la hubiera dicho, lo negaría con vehemencia. Así, conservo para mí la autoría de la verdad que ahora te dejo escrita, pero que no deja de ser eso: VERDAD


“A la muerte de Goya, asistimos a un doble óbolo. Se nos moría el grandioso don Francisco, y fallecía con él el arte. Luego, los cuñados perversos de este se autoproclamaron arte, y nunca lo fueron...” AHÍ ES NADA.

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