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miércoles, 26 de mayo de 2010

Consejos para ver el arte contemporáneo

De verdad que no pasa nada... Para eso estamos, y tanto. Tú no te preocupes que ya sé yo que te asusta la idea de acudir por vez primera. Si es que también es mala suerte, que de todas las tías bastante interesantes que había el sábado por la noche en Mae West, fueras a dar con una intelectual, con una amante del arte contemporáneo. Y mira que sin saberlo, te puse hace unos días qué hacer con este tipo de expresión artística, pero claro, no te dije nunca cómo hay que actuar ante tu primera visita a un Museo Contemporáneo o a una muestra itinerante de post vanguardias... Ea, sin miedo ninguno...

Para empezar, partamos de una base. Ni tú le gustas al arte contemporáneo ni a ti te gusta él. Ya está, hay que aceptarlo. Pero con dignidad, por Dios, con dignidad. No os vais a entender. Tú a él menos, pero hay que disimular. Así que para empezar no me vayas a ir con un polo de esos que exhiben un caballo en el que yo podría montarme a la altura del pecho. ¡Qué he visto legionarios menos entregados a la causa! Así que pasa del Patrico por un día, y guárdate los náuticos en el zapatero, que lo más cerca que has estado de un barco fue el Pirata de Playmobil de los Reyes del 87. Y ha llovido, ¿eh?

Tú un poco a tu aire. Cógele a tu padre el jersey ese que se pone para ir al Cortijo. Sí, ese que en casa es el saquito y tiene más rombos que una película adulta en tiempos de Franco. No te molestes con los pantalones; te sirven los de la última pintura de Almuñécar. Claro, hombre, así vas más a tu aire. Y el pelo, a ser posible, te lo lavas de regreso de la Exposición, que no es plan de dar el cante con algo lacio y en su sitio.

Bueno, ya estás dentro. Pero no hombre... No me pongas esos ojos y esos gestos de sorpresa, como si te estuvieras comiendo quilo y medio de guindillas mojadas en cayena. Relajación, imagina que se te ha abierto la bragueta y estás en medio de la fiesta de ascenso del Graná. Tú con mucha naturalidad, como si hubieras estado en estas ya, muchas veces. Escoge tu primera víctima. Puede servirte ese cuadro de Guerrero. Sí, eso es un cuadro; ¿te creías que era el cuadro de luces? Procura de ahora en adelante no equivocarte, que yo una vez estuve doce minutos de reloj mirando un extintor, convencido que estaba ante una pieza más exhibida. Claro, te preguntas que como distingues el mobiliario, las papeleras o un aparato de climatización de una obra de arte... Sencillo; que nooooo. Que es muy sencillo no porque uno haya estudiado esto, no. Atiende: si tiene debajo un cartel con un título que parece que lo ha escrito Kafka después de salir del Enano Rojo, eso es una pintura, o una escultura, o cualquier manifestación plástica que has ido a ver porque se supone que es arte. ¿Lo entiendes ya?

Bien. Antes que nada haz alguna afirmación que haga suponer a tu acompañante y a quien te rodee, que no te estás desvirgando en esto. Valen frases que irás soltando cada tres piezas, no lo olvides: “acertado manejo del color”... Bien, la segunda: “el equilibrio de la composición reside en su desequilibrio organizativo”. Y una tercera: “sugerente, muy sugerente”. Si te ves en un apuro, porque después de soltar ochenta veces cada frase, te vas a repetir más que el pepino de los gazpachos de cartón, recurre a un clásico: “sin palabras”. Y por supuesto, cada diez obras, comunícate: “¿qué te sugiere a ti?”. Cuando oigas la respuesta, tienes que contestar ávidamente de dos maneras: “no lo hubiera definido mejor” y “comparto tu opinión, pero la obra para mí expresa tanto que no puedo coincidir contigo". Si esto te sale a la primera, ya está, eres un triunfador. Por eso es fundamental que también recurras de vez en cuando a una crítica. En el momento que lances una, te convertirás en alguien que sabe, que no se traga cualquier cosa, que acaba de marcar su territorio. Pero hazlo poco, tampoco conviene quitarle el honrado pan a un artista... [cri, cri, cri] Juas, juas, espera, espera, que me parto conmigo mismo.

Esto ya lo dominas... Ahora, el elemento pose. Tu brazo izquierdo debe trazar a la perfección 90 grados y recorres tu cuerpo hasta parar, puño cerrado, a la altura de lo que viene siendo el sobaco. El brazo derecho se servirá de este. Su codo, apoyado en el puño cerrado del brazo izquierdo, hacia arriba. Sí, ¿lo tienes ya? Venga... La primera postura consiste en mesarse la barbilla con el pulgar y el índice. La otra, para no aburrir con los gestos, es destacar el nudillo del dedo índice, y apoya la barbilla en él. Acompaña además estos poses, con gestos faciales. Tienes que subir de vez en cuando las cejas, mucho, mucho y muy rápido. Sí, hombre, sí. Como cuando se pega un guarrazo delante de ti un chulito con la bicicleta.

Ahora me dirás: ¿y si me preguntan algo y me pillan? Hombre de poca fe... Aquí está todo inventado. Tú, hazte el distraído. Que tenga que repetirte la pregunta otra vez... Y entonces, utilizas una de las frases de repertorio anterior, así, como si no fuera contigo. Nunca mires a los ojos, ¿de acuerdo?, siempre mirando hacia el cuadro. “Ah, perdona. Andaba pensando que el equilibrio de la composición reside en su desequilibrio organizativo”... Joooooooder. ¡Lo has clavado! No te pregunta en tres cuartos de hora. Por cierto, no mires el reloj. Ya sé que estás pasando un ratazo de esos que no se perdonan, pero luego vendrá la recompensa.

Cuando hayas practicado, serás, sin duda, un crítico, un experto, alguien con la mentalidad abierta, con la suficiente sensibilidad para percibir el arte no figurado, un genio esnobista e intelectual como la pata de una vaca. Pero ojo, la gilipollez es contagiosa, así que no abuses...

Esta entrada tiene varias dedicatorias muy claras: una, paras Pepe Luís Illescas, que me acompañó a una exposición de arte contemporáneo y pasó lo suyo. Otra, para Junior León, que a raíz de una muestra de Miró, me sobrebautizó. Para Alejandro Romero Pérez, el tío con más categoría que he visto yo catalogar obras de arte contemporáneas, y el que mejor las describía en los exámenes. Le debo yo algo de nota en una asignatura en concreto...

Y al fin, para Alfredo Hernández García, que una noche no ha mucho, estuvo el hombre muy interesado en estas cuestiones del arte contemporáneo. Con tanta sensibilidad como la que siente por los linces, que será objeto de otra entrada.

A todos, gracias, por alimentar este arte que los incultos no entienden...

4 comentarios:

Lemar dijo...

Muy bueno hermano.
Sin suspicacias, la caquita esa se la manda usted a los catetos, y dela por vendida, eso si, primero le pone una vitrinita y una lucecita, ¿me explico no? jajja

J. Carlos Medina dijo...

La frases ya me las he anotado para cuando encarte. Y viendo el mojón igual monto yo una exposición en Puerto Banus y me pago la hipoteca.

Buenisimo maestro y hermano. Tu si que tienes arte y lo demas es tontería.
Un abrazo.

Gerardo Martín R. dijo...

Y la foto de Zapatero al principio... ¿qué "entitula"?
Seguramente lo artista que está hecho.

Alfredito dijo...

Estoy inquieto esperando el comentario de mi amigo lince, la sangre me hieve solo de pensar que se hayan perdido las subbenciones de los mineros de Leon y ...