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martes, 25 de mayo de 2010

Como torea Sevilla

Vayan por delante mis disculpas, que uno más que saber, le gusta, y más que hablar con la propiedad del estudio que en otras facetas sí tienen su justificación, en este caso, el que suscribe se deja llevar por sus pasiones. En esto, la voz docta de Juan Morillas tiene patente para decir las cosas. El que firma que soy yo mismo, sólo ojos y pasión.

Sevilla es una ciudad de contrastes, sobre todo en algo: o es muy odiada por el resto, o es amada hasta los extremos. Yo pertenezco a esa segunda clasificación, considerando a la ciudad de los Imperios (el romano, el español, el cofrade...) como un modelo a imitar. Por supuesto no como algunos dicen, sin los sevillanos. Al contrario, yo considero que el espíritu, el pundonor, el amor propio y el sentimiento sobre su ciudadanía de los hispalenses, debía exportarse.


Sevilla es una ciudad que emborracha. Seguro que de ella han dicho mil fortunas poéticas, y yo no tengo otra que decirle a ese trozo de historia y de patrimonio tangible y sobrecogedor, que emborracha. Lo hace desde el perfume penetrante de sus calles, desde finales de febrero y en forma de azahar, y lo hace en sus manifestaciones públicas. Sevilla, a pesar de su alcalde y el de la pipa, es una ciudad que de no haber nacido en la mía, para mí quisiera.
Y como Sevilla es así, sus expresiones culturales, artísticas y estéticas quedan tocadas de una magia impregnada en galantería, personalidad y suficiencia, que todos queremos imitar pero que al exportar, nos damos cuenta que es inigualable. Como iba el toreo, la cultura, el arte y la estética del toreo, a quedar fuera de una interpretación según Sevilla. Y decenas de años después, yo les traigo la manera perfecta de entender un toreo que se deja al albur, a que el animal quiera y se deje, a que las musas visiten al matador y a que la plaza entienda que de una corrida secular e inolvidable, a otra tediosa y para olvidar, hay una delgada línea fácil de traspasar. Porque el que apueste por el toreo de arte, y más si cabe interpretado por uno que lleva la sevillanía en los túetanos, sabe que se la juega a una sola carta. Puede salir apuntando en las palmas de los manos qué decirle en un futuro a los nietos, o con la sensación de haber arrojado su dinero. Pero nunca indiferente.

Hace dos días, en Nimes,Morante repitió las maneras de un toreo que no se practica pero que en su día fue demoledor. El de su paisano provincial (uno de Gelves, otro de La Puebla) Rafael Gómez Ortega, El Gallo (1882-1960).

Hijo, sobrino, hermano y cuñado de toreros, miembro de la saga de los gallo, su hermana, esposa de Ignacio Sánchez Mejías. Apodado el “divino calvo”, 35 años en activo, considerado como uno de los mejores intérpretes del toreo de arte, esos son los modos de uno de los hombres más perspicaces, capaz de frases tan geniales como: “Sevilla está donde tiene que estar, lo que está lejos es el resto” (*)... o de “Hay gente pa tó” (**), quedará en los Olimpos del Toreo Moderno. De esta escuela, Curro Romero o Rafael de Paula. Ya está todo dicho.

José Antonio Morante Camacho va a cumplir en unos meses 31 años. Lleva 15 en este oficio y le ha bastado para considerarlo, hoy por hoy, junto a José Tomás o Castella, el torero más seguido, formado y completo. Además, de él dice un ganadero que un muletazo suyo vale más que la mejor corrida de cualquier otro torero. Torero artista, el mejor considerado de su generación, de pureza y clasicismo rotos por una pinturera forma de exponerse, queda plenamente definido por él mismo: “soy un torero de impulsos”. No deja a nadie indiferente, porque torea según su ánimo y consigue dividir a la afición si la cosa sale mal: unos, se acuerdan de su padre y otros de su madre (***). Como triunfe, nada más que hay una voz: es el artista por excelencia del arte de Cúchares. Y 85 años después, Sevilla con montera se repitió, hace dos días, en Nimes. Fue la resurrección de la dinastía Gallo y el Morante que no necesita morir en la plaza para ser mediático, al contrario que otros. Y a buen entendedor...

11 comentarios:

David R.Jiménez-Muriel dijo...

(*) Tras torear en La Coruña, en vez de aceptar el Hotel que le habían conseguido para hospedarlo al término de la corrida, decidió regresar a Sevilla. El hotelero le comentó que había mucha distancia, que Sevilla estaba muy lejos de La Coruña. Y el maestro le espetó esta famosa frase: “No. Sevilla está donde tiene que estar. Lo que está lejos es esto”.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

(**) En una fiesta en Madrid, a El Gallo le querían presentar a don José Ortega y Gasset, siendo el intermediario el encargado de decirle al torero que se trataba de un filósofo. Como quiera que Rafael no sabía qué era ser filósofo, hubieron de explicárselo. Y toda vez que le comentaron que el filósofo, se dedica a pensar, soltó su famosa frase, que otros creen fue dicha por el torero cordobés Guerrita: “Desde luego, hay gente pa tó”.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

(***) Esta frase le corresponde igualmente a Rafael el Gallo, tras una corrida en Córdoba en el año 1920, contándole a un amigo con el que se encuentra en el tren de regreso a Sevilla, que su actuación había sido acogida con divisiones: “la mitad de la plaza se acordó de mi madre y la otra mitad, de mi padre”

jose antonio ruano dijo...

Excelente la entrada. Nadie interpreta la lidia de toros como Morante. Nadie ejecuta la suerte de garapullos como él. Un decimonocico en el siglo XXI

Anónimo dijo...

con muchíiiiiiiiiiisima diferencia el mejor torero de la actualidad...torero de época

Lemar dijo...

Hermano que bien te funciona el Internet eh, jajja, nada que decir de la entrada, im-presionante, como dijo un mata vacas, no me eche usted al pie de los caballos, que de entendido nada, yo aficionado y basta, ya sabe usted, que igual que con el vino, no se cual es mejor, solo se el que me gusta, lo que pasa que casi siempre coincide con el bueno,y con el toreo casi me pasa lo mismo.
Y para encumbrar a un gran Torero, no hay que quitarle el merito, a otro, cada uno interpreta el toreo,como lo ve y luego están, los demás.

"Las broncas se las lleva el viento y las cornadas se las queda uno"
"Se torea como se es"
"Cuando uno elige jugarse la vida, también tiene el derecho de elegir otras cosas."

Ale, hermano un abrazo y a seguir en la briega.

Anónimo dijo...

Sinceramente, y como para gustos colores, no metería a Morante de la Puebla en el mismo saco que José Tomás. Porque mientras vi al primero finiquitar a un toro (asesino) de Domecq en Almagro con el puntillero pues lo único que podía pasar aquella tarde es que intentanto algo saliera corneado, el segundo hubiera salido corneado... y es que en el Arte del Toreo, entiendo yo, que la locura de quedarse cuando te van a pillar no tiene lugar, por muy torero del momento que se sea (o del régimen actual, que da más publicidad en los medios).

Saludos, Santi.

J. Carlos Medina dijo...

Y es que viendo torear a Morante no entiendo porque alguien osa intentar prohibir la fiesta de los toros. El sentimiento y la pasión no entiende de razones y aquí hay mucho de eso.

EL ESPERANZO dijo...

Con todos mi respetos para Morante, así como para el resto de opiniones emitidas en la entrada, así como para la suya propia, Don David, Morante no sabe ni ponerse en la cola para sacar la entrada para ver TOREAR a José Tomás.
Saludos.

J. Carlos Medina dijo...

Señor El Esperanzo: No discuto que José Tomás sea uno de los grandes del momento al igual que los es el de La Puebla. Cuando torea José Tomás no va la banda de música a la plaza; va la legión a cantarle "Soy el novio de la muerte". La diferencia estriba en la concepción del toreo. El galapagueño está permanentemente cortejando la muerte y eso impone mientras que el cigarrero está casado con el arte y eso pone. (La piel de gallina, entendámonos)

EL ESPERANZO dijo...

Interesante discusión taurina esta que propone Vd., Sr. Medina. En mi anterior intervención pretendía gráficamente (aquello de la cola para sacar la entrada) exponer mi opinión que coincide en parte con la suya: son dos toreros incomparables por concepción del toreo; aunque creo que la verdad del toreo de José Tomás en la mayoría de sus intervenciones (por terrenos pisados, por ejecución de las suertes, por lidia, etc.) no se puede comparar si quiera de lejos con el artificio que Morante utiliza en gran medida en el desarrollo de su profesión. Y digo artificio porque cuando él quiere, puede. Y, sin embargo, cuando no le sale de las narices (el 80% de las tardes) se dedica a descargar suertes, echar la patita atrás en el capote, meter pico en la muleta -eso sí, con el culito "mu padentro" y la barbilla "mu pegá" en el pecho-, y demás artificios que, en definitiva, son mentirijillas para el aficionado o, al menos, público en general (como es mi caso).
Por eso digo que el toreo de efecto y artificio, con carácter general, de Morante no puede compararse ni de lejos con la verdad y la profundidad de José Tomás -guste más o menos-.
Lo que no quita para que cuando le da la gana, destapa su verdadero toreo y aparece un Morante delicioso y artista que tiene mucho encanto. Supongo que este toreo esporádico y excepcional es al que canta Don David en su entrada.
Es opinión que someto a cualquier otra mejor fundada y derivada de afición más verdadera y experimentada.
Un cordial saludo.