Visitas

miércoles, 14 de abril de 2010

Tiempo de Balance (vestimentas)

Sostengo desde hace años que es esta, una de las facetas donde la Semana Santa de Granada más dice y tiene que decir. Sin duda, a alturas que dejan en tela de juicio el resto de disciplinas artísticas relacionadas con lo cofrade, y con muy poco que envidiar de otras ciudades que desde hace décadas ostenta los primeros puestos en el olimpo cofradiero. Granada tiene una de las más capacitadas reuniones de vestidores en toda Andalucía. Sevilla o Málaga pueden hacerle sombra. No el resto de capitales, ciudades o poblaciones con contrastada solera y renombrado gusto.

Sin otro ánimo que el recuerdo, el balance y la objetividad como medida de todo ello, hay dos vestidores que se distinguen sobre los demás, con un hacer soberbio, del que poco puede desdecirse y que viene desde años manteniendo un nivel no ya sólo absolutamente alto en las vestimentas de Salida, sino en todo el tiempo litúrgico en el que prestan su inventiva para las Dolorosas.

Me refiero a Paco Garví (Amargura, Amor y Trabajo, Consolación, Rosario y Soledad de San Jerónimo) y a Álvaro Abril (Mayor Dolor, Sacromonte, Triunfo) donde han sabido ponerse al servicio de los ademanes, giros axiales, complicaciones de talla, volúmenes de la imaginería, tonalidades de la encarnadura y concepto de Hermandad. Y los resultados, a pesar de lo atrevido de Álvaro Abril en Sacromonte, están a la vista. Forman hoy día parte del elenco más pretendido y auspiciado del mundo de los vestidores en toda Andalucía. Con 29 y 21 años respectivamente, son promesas consagradas que juegan además con el handicap de su juventud. Ante ellos, en Córdoba, Málaga, Jerez, Cádiz o Sevilla, grandes vestidores con la cuarentena, sino más, y todo ya dicho. Mientras que a estos dos paisanos nuestros, aún (a pesar de que cada uno se encarga del aderezo y vestimenta a lo largo de todo el año de unas 40 Imágenes, respectivamente) les queda posibilidades de experimentación, progreso y originalidad, más que nada por su insultante edad (para su resultado) y buen hacer.

En un nivel altísimo igualmente, aunque sin esos destellos que considero, son patrimonio intangible de Paco y Álvaro, Fernando González (Caridad, Dolores, Estrella), Francisco Garrido (Merced y Paz), José María Serrano (Maravillas), Esteban Cruz (Concepción, Esperanza, Salud y Victoria) y Pedro Bazán (Misericordia). Aún sin que disfrutemos de vestimentas que dejan nota de hasta donde llega, nos falta Jorge Heredia. Y por supuesto, el tandem formado por Israel Cornejo y Antonio Hernández en Remedios, que sin procesionar aún, se presenta siempre con un gusto exquisito.

Desde hace unos años, las tablas campan como reinas del vestir de nuestras dolorosas. Cada vez es mayor el esfuerzo creativo, dicho sea de paso. Hay vestimentas tan soberbias como las de Amor y Trabajo y Soledad, de un clasicismo exquisito. Hace tres años que Encarnación Hernández está acertando en la vestimenta de Encarnación, y dos que pocas pegas puede ponérsele a Josefina Arenas en la Aurora, infinitamente mejor en su salida que como se presenta a culto público el resto del año.

Fernando González ha repetido estilos que sientan tan bien en las dolorosas que viste. Especialmente lograda la de Estrella. De un clasicismo exacerbado, Esteban Cruz en Esperanza. Es con probabilidad, el vestidor con más antigüedad hoy día en la ciudad (desde 1990) y que se presta más a las innovaciones. En el recuerdo quedan las vestimentas de difuntos de Dulce Nombre, y este año, un atrevimiento que casi nadie ha entendido en la Concepción. Puede que esta dolorosa y la de las Penas, hayan sido las dos únicas del total que procesionan que no hayan gustado. Las demás, muestran tal nivel que difícilmente se podría entrar en valoraciones negativas.

Mayor Dolor ha sido con diferencia, de las mejores vestidas, sin que pese el atrevimiento de decir que la mejor, porque enfrente, tenía Soledad de San Jerónimo. De gran gusto, la Virgen de los Reyes. Y como despedida por problemas profesionales, José María Serrano le ha tocado lidiar con el estreno del increíble manto que no es fácil de domar y tiempo llevará. Por eso, este año Maravillas no podemos achacarle una mala vestimenta, sino un resultado lógico ante tamaño estreno. No en balde, semanas antes de la Estación de Penitencia, José María nos ofreció una deliciosa vestimenta para la dolorosa de San Pedro.

Consolación ofreció su visión más romántica en un paso de palio que a pesar de las pretensiones renacentistas, tiene más de decimonónico de lo pretendido. Y de esto sabe Paco Garví, al que por su regularidad y su número de trabajos, considero de nuevo en este 2010 como el vestidor de la presente Semana Santa, seguido de Álvaro Abril, Fernando González y Francisco Garrido. No debemos olvidar a Pepe Rodríguez que se encarga de Luz. Siempre fiel a un mismo estilo, hay que agradecerle que no haga concesiones a la creación, pues la manera de presentar a la Virgen nos gusta y mucho.

Echamos de menos esas vestimentas que casan con dolorosas de barrio, populistas y ampulosas. Victoria iba más recatada de lo que mereciera (José Manuel Rodríguez Quesada le supo coger el punto desde el primer instante), como Salud. Triunfo salió en defensa de ese “rostrillo de ocho” cada vez más en desuso. Granada ha caído en un vestir místico y recogido, cuando a lo mejor sería idóneo también, en Vírgenes como Aurora o Misericordia.

En Misterios, sin nada que argumentar en el Misterio del Despojado, siempre elegante. Mejorado el de Resurrección. Armónico y al servicio de la escena el de Entrada en Jerusalén. De estreno y mucho más acorde Longinos de la Lanzada y de antología, casi de babero, las secundarias de la Cañilla. Pocas pegas, insisto. Un nivel único, magnífico. Un orgullo para todo cofrade granadino contar con nueve vestidores de muy acertada trayectoria y nivel, que hacen del campo de la vestimenta, lo más pretendido, alto y sustancial de las disciplinas cofrades de la ciudad.

1 comentario:

Francisco Abuín - Christi Passio dijo...

Yo sigo sin verle el punto a mi Salud, hermano... que le vamos a a hacer. Creo que le falta un punto de barrio y de gallardía... su cruz pectoral y sus mariquillas... y no ponerle el Puñal tan alto, que parecía que se iba dando con el en el rostro... y a la foto que has puesto me remito... mal, mal, muy mal...