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martes, 27 de abril de 2010

Tiempo de Balance (La respuesta ante la lluvia)


Cierto al más no poder. Nunca llueve al gusto de todos. Es más, la lluvia en las hermandades, brinda oportunidades sorprendentes de comprobar qué interesa según qué Hermandades cuando llueve. La cosa es muy sencilla. Siempre apelamos a que la decisión es altamente arriesgada y que a nadie nos gustaría estar en la piel del que forma parte de ese Cabildo de donde emanará la respuesta de la Hermandad ante la meteorología. Pues dejémonos de tonterías...

En una tertulia de balance, hermanos de una Cofradía del Lunes Santo no entendían la postura de la de San Agustín. En otros espacios de debate público, los comentarios nos dejan atónitos. No, no me refiero a los hermanos del Santo Crucifijo, que andamos enfrascados en otros cometidos más interesantes, sino a quienes nos tenemos por medianamente cofrades e incluso, por capacitados para hablar y que no se nos caiga la baba a la vez. Sin desperdicio, oiga, en serio se lo digo.

Ocho y media de la tarde. Está lloviendo. En San Antón está lloviendo. Ciertamente, no a las nueve menos veinte. Cuatro pronósticos vía INTERNET. Los manejamos todos, los hermanos oficiales y los que no. Yo, los copié de la caché de la página, no vaya a venir el listo de turno a contarnos milongas. El caso es que los cuatro, daban agua, entre las doce y media y la una y media. Así fue. A eso de las una y diez, y según trazado de regreso que recorre la Hermandad, nos hubiera sorprendido hasta las una y media. A decir verdad, no sé por qué me justifico, pero queden las cosas claras, el chocolate espeso y los tontos de capirote, contentos con su salida, que nosotros no estamos apesadumbrados por nuestra no salida.

A ver, que empieza el parvulario cofrade... Las hermandades se fundan con la expresa finalidad de procesionar, con la única finalidad, durante siglos, de procesionar con carácter evangélico, catequético y otros, a raíz del final del Concilio de Trento, por mandato papal ex profeso (en un intento por combatir la Reforma Protestante) de Pío IV, hacia 1564. Hubo Hermandades de Penitencia antes, sí, pero ahora tienen motivos obligados para echarse a la calle. Segundo punto: Se echan a la calle, con un lenguaje concreto, esto es, unos ritmos (no me imagino yo a toda prisa un paso, no sería ni serio ni lógico), unas maneras estéticas y un discurso plástico, que busca revestir de poder, de decoro, el misterio pasional a representar, a fin de que cale con facilidad entre los devotos y espectadores. Y así, ya hemos dejado claro origen y modos centenarios de tan trascendental fiesta religiosa.

¿Me explican entonces, en caso de lluvia, si un cortejo no acelera extraordinariamente su marcha? ¿Si no preserva su patrimonio, empezando por sus Sagradas Imágenes, con plásticos? ¿Si no es cierto que se multiplica exacerbadamente el nerviosismo y la pérdida de compostura habitual entre los hermanos? ¿Que se corre el riesgo de que el cortejo se mutile, se mermen sus filas, y se exponga innecesariamente a hermanos con particularidades concretas como los más niños o las hermanas de mantilla? A todas estas preguntas retóricas, les siguen unas afirmaciones tenaces. Que tapada, una Imagen, no sé para qué procesiona. Que poner en riesgo un patrimonio, es cuando menos injustificable. Que exponer toda una Hermandad a que se pierdan las buenas formas que en definitiva son las que atraen, por sus cualidades de rigor y compostura al devoto y espectador, no es otra cosa que contravenir las indicaciones de los que nos hicieron nacer, en el Trento del siglo XVI. Y que si salen a relucir los paraguas, porque salen, se jodió el invento y a ver quién ve algo, mientras procura que la abuela de delante no le salte un ojo con la varilla combada de su paraguas de propaganda, y la niña de al lado que lo está haciendo virar tan aprisa, que centrifuga el agua. Por no mentar que hay abiertos unos cien más que ocupan unas trescientas veces más el campo visual que es propio en Semana Santa, con lo que el trono de la Esperanza de Málaga, en la Calle Colcha, pasaría inadvertido ante tanto instrumento “para el agua”.

Seamos un poco serios. Sólo un poco. Algunos se creen que a ciertas hermandades les disgusta salir. O que nos creemos más maduros si suspendemos nuestra Estación de Penitencia. Los hay que apuestan para averiguar cuando se comunicó la suspensión (“que sí, que me lo ha dicho mi primo que es amigo de la novia del cuñado de uno de la Junta que no sé quién es.... Juan Carlos de Borbón, creo... Bueno, pues eso, que a las doce del día ya sabían que no iban a salir”) y los que creen que cuatro gotas no son perjudiciales. Y es aquí cuando yo siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué cuando llueve no veo a nadie moviendo el cabecero de su cama o la cómoda del dormitorio o la tele de plasma y poniéndola debajo de la ventana o sacándola al portal, para que le caiga una agüita fresca, si a un dorado, un bordado sobre terciopelo de seda o a una policromía con casi 500 años, le sienta tan bien?

Ha quedado usted con alguien. Una hora antes de la cita, se pone a llover. Mira el tiempo y ve que puede seguir lloviendo a lo largo del tiempo que cree que va a proseguir la cita mencionada. Entonces, es cuando usted dice: llamo a mi amigo, y le digo que en vez de vernos en la Fuente de las Batallas, con los perniles del pantalón con más lamparones que la camisa de un pies negros, se venga a casa, tapeamos tranquilos, y ya si acaso, lo acerco en coche, después, porque está lloviendo. ¿No? Pues las hermandades igual: van a correr más, se juegan el tipo a sabiendas que en estas ocasiones, pueden perderse los nervios con cierta facilidad, y asumen innecesariamente el riesgo de ver mermado el cortejo y por supuesto, desempeñar el teatro sacro para el que están llamados en un incorrecto escenario y con un grueso de espectadores incómodos (recuerden, cientos de paraguas abiertos).

Sé que habrá quienes sigan insistiendo que les merece más la pena. Yo, a las nueve menos dos minutos, me di cuenta que no tenemos túnicas de terciopelo, ni palios donde no se distingue el color de la bambalina, que llevamos 18 años con este y aún no hemos podido concluir el paso de Cristo y que no jugamos en la división honorífica que Granada reserva a las Hermandades de barrio... Pero tengo una enorme suerte: y es que mis hermanos son tan sumamente maduros, tan coherentes, tan capacitados y reflexivos, que me enseñaron qué es hacer estación de penitencia y de qué manera, cuando llueve, se le abren las puertas de la casa al amigo (al que decía yo de la cita), se le atiende, se le sirve, y no se moja nadie innecesariamente. No, no me gusta eso del patrimonio humano, me parece cursi y rebuscado. Pero es que en San Agustín, a falta de tantos recursos plásticos que sí tienen otras, de coronaciones, habidas o por haber y de tantas otras cosas, tenemos que cuidar lo mejor que tenemos: nuestros hermanos, a los que jamás podríamos pagar que con su ejemplar comportamiento y saber hacer, una lluvia no empañe nuestra propia estación de penitencia, y jamás osaremos (a las doce de la mañana del miércoles de ceniza o a las mismas nueve la noche del Lunes Santo) poner en riesgo nuestro mejor bien, el que nos distingue: nuestro patrimonio humano.

Hermanos, especialmente hermanos nazarenos: GRACIAS POR HACER SAN AGUSTÍN.

1 comentario:

Pablo dijo...

David, soy Pablo Velazquez, hermano de San Agustin harto de tanto niñato cofrade de 15, 20, 45 o 60 años.
No puedo estar mas de acuerdo con tu articulo, que ademas me gusta en sus formas.

Hace tiempo que le digo a amigos mios en la Hermandad lo mismo: ya empezamos a tener canas, si es que no hace años ya que las tenemos, como para seguir pisando los mismos charcos (hablando de lluvia). Nosotros, a lo nuestro, a mejorar la vida de nuestra comunidad cristiana y todo lo que la rodea. Y el resto que haga lo que estime oportuno, y que les vaya lo mejor posible.

Yo, por lo menos, me niego a entrar en este juego infantil y ridiculo del "tu-la-llevas" con criticas destructivas a otras hermandades desde el mas absoluto desconocimiento de lo que en ellas ocurre. Si alguien entiende que San Agustin es esto o aquello por no salir el lunes santo, alla ellos. Para mi no es una critica seria y fundamentada, asi que ni caso. Ojo, tampoco buscare desquitarme: señores, ya se nos presupone cierta madurez, ¿no?
El que no tenga esa madurez, pues que se siente en la misa de los niños... que yo seguire tranquilo comiendo en la mia los buenos frutos de mi Hermandad.

Muy orgulloso del comportamiento de mis hermanos el lunes santo, de corazon.