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viernes, 19 de marzo de 2010

Juntas de Gobierno

Directamente proporcional a la ilusión con la que empieza un cofrade en una Junta de Gobierno son las ganas con las que aguarda el momento de que termine el mandato del Hermano Mayor que lo ha nombrado para el cargo concreto que desempeñe.

A lo largo de los cuatro años, el hermano oficial, habrá escrito en torno a seis, tal vez siete cartas de dimisión. La primera, con la opinión contraria de su pareja o mujer (entiéndase también marido, ¿eh?) La segunda, “el que calla otorga”; y la pareja, otorga, pero no dice nada. La tercera carta la redacta directamente ella, sin más, a bocajarro. A la cuarta le dice que no tiene lo que hay que tener para irse de la Junta.

En cuatro años, los amigos de siempre que forman parte de la Junta de Gobierno, se convierten en “los artistas”... Los que ni siquiera conocía, desde aquel Cabildo en donde lo apoyaron en la discusión (bouquets de rosas blancas o piñas de dendrobium) son inseparables, grandes, “hermanicos de toa la vía”.

El Hermano Mayor, para el que se hizo campaña, al que se le consiguieron los diez votos indispensables para que resultara elegido, es medio lerdo. Simplemente, ha defraudado. Claro, que el Hermano Mayor se maldice del día en que le comentó la posibilidad de que entrara a formar parte de la Junta (“no ha pasado ni un acta decentemente el gachó”)... Amores y odios al unísono, conviven sentimientos enfrentados, amistades que relevan a otros, pactos y estrategias a lo “Gran Hermano” pero con costal y con capa de lana merina.

Y cuando al final expiran esos cuatro años, cuando se borran del ordenador las diecisiete carpetas que decían: “Carta de Dimisión” y cuando mira uno la vista atrás, seguro que después de algunos logros, mayor número de hermanos y un anecdotario completo en la memoria, el recién salido Hermano Oficial, dice esa misma noche, petulante, jactanciero y sobrado: “Ni con paga me ven a mí más en una Junta”.

Y dicho y hecho, al año siguiente, medalla al pecho, cariacontecido, mientras soporta los bisbiseos de su mujer (“cucha, cucha, mira quién es ahora el secretario. Pero si ese no sabe ni escribir”), ve pasar su Cofradía, desde la acera, voto a Dios. Y así, enfermo de una pandemia mortal que se llama “juntitis”, hemos perdido a un hermano en Cultos, en Cabildos, en participación, a un hermano de filas más, que pasa a engrosar la generosa ya cuantía de los ACEREROS.

7 comentarios:

MM Peña dijo...

Amén

Gerardo Martín R. dijo...

Te falta algo.
Cuando los hermanos mayores u oficiales pasan de los verdaderos hermanos y amigos de toda la vida, los que llevan desde críos con un cirio, y se buscan casi a jornal a cuatro desconocidos para completar la junta.
Cuatro a los que en tu puñetera vida ni tú ni ellos mismos se han visto por la hermandad, vamos, ni si quiera verla por la calle, pero resulta que son más devotos que nadie.
A esto lo llamo yo el´"Síndrome de las vocaciones tardías".
Un abrazo hermano.
Felicidades por La Judea.

Anónimo dijo...

LOS AVANGELIOS
RAFALCALA

J. Carlos Medina dijo...

Cierto es que va in crescendo la cuantía de acereros. Hay toda clase de ex. Digamos que si ponemos a todos los cofrades de cualquier cofradía en una acera, seguramente en la de enfrente estarán los mismos cargos pero con un "ex" que les precede. Ex-hermano mayor, ex-costalero, ex-nazareno, ex-devoto incluso ex-creyente... O se ponen las cofradías en el rumbo correcto o a no pasar muchos años la Semana Santa será una simple escenificación, que alguien tachará de "presuntamente histórica" y lejos de ser lo que debería de ser se convertirá en un teatro callejero y al que igual se apunta hasta La Fura dels baus y del que la Sgae igual pretenda sacar tajada... Prefiero mil veces una cofradía pobre pero bien avenida que con mucha pompa y boato y con puñales debajo de las túnicas o trajes al uso. Claro está que si rebosa esplendor y alma auténticamente cofrade mucho mejor. Sobre todo porque lo segundo lleva a lo primero.

J. Carlos Medina dijo...

Se me olvidaba decir también que: Al igual que digo una cosa digo la otra. Las cofradías no son perfectas, muchas son imperfectísimas y otras simplemente con detalles a mejorar. Está claro que siempre hay una escusa para marcharse y bien lo sabes tú mi querido amigo. Y haciendo caso de tus palabras quizá lo mejor para solucionar problemas no es situarse en frente con el título de ex sino seguir luchando desde dentro. Hora porque se es hermano mayor, hora porque se es simplemente hermano sin cargo alguno. Siempre hay muchas escusas para marcharse pero una sola debería valer para quedarse.

Francis dijo...

David, si alguna vez me ves a mí, es tal actitud, aunque te cueste un poquito de esfuerzo, dame una colleja lo más fuerte posible.

Anónimo dijo...

Más razón que un santo... sobre todo en lo de que el que gana las elecciones luego lo tachan de hacer la cama o lerdo, eso si, el caso que conozco es con doce votos.

Pero lo raro es que terminado el rifirrafe electoral, si te tomas una cerveza con "los otros" hasta te critican.

Te falta, en la entrada, la acepción a los de doble candidatura, que actuan con doble cara, como el dios Jano, por un carguito o un martillo.

Un abrazo. Me alegra que el blog recupere un buen ritmo de entradas...

Santi Bueno.

PD: Muy bueno el síndrome de las vocaciones tardías, sobre todo, convertidas en alma mater e ideológos del proceder, sin distinguir la parihuela del pollero o, vulgarmente, el culo de las témporas (pero, como venden lotería...).