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martes, 23 de marzo de 2010

Carteles cofrades

A lo mejor es muy difícil o algunos somos muy listos, quién sabe. Como no creo que tengamos un coeficiente intelectual de agárrate y no te menees, a lo mejor, es que esto es muy difícil, por qué no. Porque digo yo: ¿qué es un cartel cofrade? ¿Para qué sirve un cartel cofrade? ¿Qué procuramos editando un cartel cofrade? No creo que haya dudas algunas al respecto. Un cartel debe anunciar de manera clara; un cartel debe ser informativo, y al fin, un cartel, debe ser elegíaco. Esos condicionantes los estudiamos en la carrera y esos mismos también son los que adornan las propiedades que en Literatura se enaltecen sobre la cartelería.

Un cartel debe contener los signos y símbolos de la Hermandad que los edita. Así, está claro que un cartel de la Hermandad de la Esperanza, no debería prescindir del nexo de unión de todos sus hermanos, devotos y admiradores, bien insinuando ese símbolo, o exponiéndolo con clarividencia. O sea, su Virgen, o su palio, o ambos.

Un cartel debe potenciar los fondos, bien como obra pictórica, y si es fotográfica, valerse de escenarios, tramas urbanas y modelos patrimoniales que son identificativos. Y esto, especialmente, en el cartel oficial. Hemos pasado de denostar la presencia de la Alhambra, a denostar espacios únicos de nuestra única ciudad. Creo que edificios como el Corral del Carbón, o los palacios de la Calle San Jerónimo, o los trazados de murallas ziríes, no pueden estar más tiempo ajenos al fondo cromático de un cartel.

Al fin, claro, el mensaje. En 2010, Sevilla (al contrario que en el pregón oficial) ha dado en la tecla. Sirviéndose de las posibilidades creativas de la pintura, ha sabido reflejar a retales concretos, la esencia de una fiesta de fe y de raigambre estética mundialmente reconocida. Granada, a pesar de la inmensa valía del Señor de la Misericordia, que para sí quisieran todas las ciudades medianamente cultas, debe olvidar que esto no es un concurso de estampas, donde se editan fotos de nuestros Titulares para que las repartan los nazarenos. Ni el cartel malogrado (por el equívoco) ni el elegido como sustituto, son carteles anunciadores de nada. Ahora bien, el Puente de Cabrera, Granada, la de la calle, la del abrigo a las doce y cuarto de la madrugada del Viernes Santo, la Carrera, el curso del Darro, y Él, sí es un cartel anunciador. [EJEMPLO FOTOGRÁFICO]

Sí anuncia a sus hermanos, por ejemplo, un cartel donde el Cristo de la Redención se levante por encima del recién estrenado Monumento a San Juan Bosco, mientras al fondo se recorta la silueta de la edificación salesiana, y en la zona de la derecha del espectador, se vislumbra a la Salud, como está en su cartel. Pero el orgullo de Zaidín y de Salesianos y de sentimiento zaidinero y salesiano, se diluye en la fachada de la Catedral de Granada que escogieron este año. [EJEMPLO DE MONTAJE FOTOGRÁFICO]

Sí que es anunciante, informativo y poético, que el año que viene, un cartelista se atreva a reflejar una escena de nuestra Semana Santa, mediante uno de los pasos que quiera, eso sí, con calidad. Por ejemplo, la mejor Santa Cena que cruza España. Que lo inserte en un urbanismo distinto al habitual, por ejemplo, recortada en la Plaza de Carlos V, rindiendo a su vez homenaje a una de las figuras claves en la Historia Universal y en el desarrollo del prestigio de la Granada del S.XVI. Que de la fachada eclesial, se advierta un azulejo cerámico a la Soledad de San Jerónimo, por ejemplo, para rendir homenaje a sus 450 años fundacionales. Que... Que haya creatividad, que se sepa escoger lo mejor de nuestro patrimonio cofrade, devocional y urbanístico, que haya una composición inteligente, nada previsible, como si se tratara de un buen pregón. Y que guste, que guste por su definición de línea. [EJEMPLO PICTÓRICO]

El cartel en Granada es repetitivo. Huye del ambiente, le da vergüenza la gente, el público, la verdadera esencia de la Semana Santa. Vamos, el por qué salimos a la calle con nuestra fe sobre unos pasos. Por eso encontrarse con el Cartel del León gusta. Por eso, con lo sencilla y vista que es la foto de Granada entre Varales, gusta, porque sí es Granada en su estado puro: un gran palio, de una gran Virgen, de un enclave granadinísimo, con un edificio modélico (Chancillería), con un poco de historia (las murallas de la Cerca de Don Gonzalo al fondo), con cosas admirablemente reconocibles (el Albaicín en los ángulos superiores) y con Santa Ana, como símbolo y anuncio de una Iglesia por la que acaba de salir ese palio. O sea, el mensaje perfecto: “ya queda menos para que empiece esto”.

Por eso gusta a la gente. Por eso son los únicos carteles dignos de admirar este año. La fotocomposición está lejos de explotar sus verdaderos recursos. Es una pena que uno de los más dotados creativamente hablando en esto, Jose Jiménez, Tirillas, rechace hacer carteles que las Cofradías paladeen. Él captó muy bien este concepto, mezclando calles imposibles para cortejos que nunca estuvieron allí. Buenas imágenes de buenas Imágenes (no todo vale, lo siento). Patrimonio, historia, simbología de barrio, o de toda la ciudad, y por supuesto, ambiente. Que se vea que Granada cuelga el cartel de no hay billetes en cada rincón de sus calles para cada Hermandad. Y si no es así, vendámoslo así, que estamos casi rozando esa utopía.

Pero estampitas, no. Fotomontajes con sombreados frescos y dolientes en la obra, no. El cartel en Granada no apela a ninguna poética, ni explota nuevos modos y modelos. A veces, en el interior de muchos boletines las fotos son infinitamente mejores que en ciertos carteles. Sueño con una foto de Luís del Campo sacada en la Guía del Despojado. Un detalle demoledor del perfil del Señor de la Misericordia. Con ese material único, un fotomontaje que recreara esencias urbanas y calor cofrade, sería elevado a los altares. O reproducido fielmente por alguno de nuestros pintores, dándole sabores que la pictórica se puede permitir.

Hace muchos años, dijo un hermano mío: ¡cuánta saeta, y qué mala! Sí, hemos multiplicado por doce las veces que escuchamos un canto hecho oración. Y hemos pasado de un par de carteles a que no cojan en los escaparates de El Corte Inglés, puestos a exagerar. Pero la cantidad a veces ahoga la calidad. Yo este año, me agarro a dos carteles, que verdaderamente, cumplen la función anunciadora, publicitaria (DRAE) o divulgativa, que sean a la vez gustosos y poéticos, que sean Granada y su Semana Santa.

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