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martes, 23 de febrero de 2010

Primeras Levantás

Ya he manifestado en varias ocasiones la repulsa hacia este tipo de actos que no he terminado de ver nunca, porque siempre me han parecido anacrónicos y fuera de lugar. No obstante, me cuentan costaleros que se iniciaron bajo nuestros pasos entre 1978 y 1982, que aquello obedecía a una necesidad que dio sus frutos, y me explico.

En una Semana Santa por entonces que era vivida por los mismos cofrades solo durante la Semana de Pasión; cuando no contábamos con costaleros (mucho menos hermanos) y para rizar el rizo, en los primeros compases de la creación de unas cuadrillas que vinieron a sustituir a profesionales que cobraban por efectuar su labor costalera, las primeras levantás significaron un intento por dignificar el estamento costalero, por darle un rango de oficialidad con este acto y una excusa para que se juntaran los que iban a compartir (obligatoriamente y no por gusto) muchas horas juntos bajo varios pasos a lo largo de una semana.

En estos tiempos, donde el costalero pulula durante todo un año por buena parte de la geografía andaluza, con varias “Glorias” que ocupan el tiempo huero de hermandades de penitencia, con foros, con chat dentro de los propios blogs, estos en un considerable número... ¿Hace falta juntarse para hacer cuadrilla, para hacer piña, para fomentar el sentimiento de unidad? Definitivamente no.

En estos tiempos, reitero, en los que el costalero se pasa todo un año disfrutando de su pasión y placer, que se reúne con ahínco en bares y tabernas, sea agosto o no, que organiza encuentros veraniegos (“Chiringuitazo” dixit) y dispone de herramientas capaces de mantenerlo en contacto hasta con costaleros de Teruel, si fuera necesario, el argumento propiciado de la unión se cae. Como el de otorgarle el rango de oficialidad y nutrir al estamento costalero de un preponderante papel, cuando somos testigos de la importancia, a veces desconsiderada, de la figura del costalero.

Así las cosas, me resulta de un absoluto anacronismo, un acto sin interés y sin justificación, organizar una Primera Levantá donde capataz, o Junta de Gobierno, reserva su cuantía de amiguismo para que ese día goce de un minuto de gloria quien sin duda, en la mayoría de las ocasiones, no aporta nada ni a cuadrilla ni al trabajo costalero. A eso, sumo el dotar de una importancia mayor a un grupo de cofrades que se organizan bajo la premisa del anonimato. ¿Se imaginan ustedes hacer un acto similar con otros colectivos cofrades?

¿Se imaginan la Primera puesta de capirote? Yo sí. Los doscientos nazarenos de la Hermandad (ja, ja, ja...) en el interior de la Iglesia. En ese momento, el cartón, desnudo, sin antifaz, levantado al unísono. Y todos, con su cartonera o macho en la cabeza, abrazándose jubilosos porque ha empezado el primero de los momentos mágicos, oficiales e instituidos, que marca el que será el día de la Estación de Penitencia; y al igual, la Primera colocación de la peina: ciento cincuenta mujeres (Madre de Dios, qué gracioso estoy hoy...) en los salones de la Casa de Hermandad, y al grito vehemente de la Camarera Mayor, acompañadas cada una por una asistente, se enfundan en recogido (vamos, el moño) en el carey falso de la peina, mientras por sus bellas mejillas andaluzas (algunas, que otras...) corre un reguero de lágrimas que abotarga el sentimiento contenido por tan emocionante momento.

Pues igual. Igual de ilusionante y de sinsentido es este acto. Un conjunto de hermanos, citados la mañana de un domingo (que no habrá días, digo yo), bajo un armazón de hierros y maderas, a la espera de interminables discursos, lucimientos de Hermanos Mayores, bendiciones sacerdotales, el protagonista del asunto enfundado en sus mejores galas, una cohorte de mujeres, novias y familiares con móviles última generación inmortalizando el tan emotivo e importante acto, y una levantá, para más “INRI”, que como pilla en frío, se hace mariquita, suavona y a pulso aliviao, mientras se desgañitan y rompen las palmas de las manos los asistentes, y a lo peor, hasta toca una Banda. Para mearse.

3 comentarios:

quinta columna dijo...

Yo también abogo por la primera puesta de capirote al comienzo de la Cuaresma, y que en vez de que el ilustre invitado de el primer golpe de llamador, sea el que le ponga el capillo al más antiguo de los nazarenos.
Qué gonito sería...

Varadepalio dijo...

Anda que sorpresa me he llevao cuando he visto una foto del ensayo de la Macarena de Madrid, donde las has sacado? jejejeje

David R.Jiménez-Muriel dijo...

Prenda, de donde la voy a sacar... de Internet. Busqué fotos de ensayos costaleros y voilà...

Un beso.