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miércoles, 28 de octubre de 2009

Sabino Fernández Campo


Nació en 1918 en Oviedo; no podía ser de otra manera; en esas tierras, ya sonó desde siempre la invocación de España. Eso, a veces, es tanto como un himno religioso. Licenciado en Derecho, diplomado en Economía de Guerra, General Interventor del Cuerpo Militar, ascendido a Teniente General, subsecretario de la Presidencia del Gobierno, subsecretario del Ministerio de Turismo, profesor de la Academia de intervención del Ejército español, miembro honorífico de la Real Academia de Medicina de Asturias y León, miembro de la Real Academia de Doctores de España, censor de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, miembro de la Fundación para la defensa de la Nación Española, Vicepresidente del Club Palomar de Santander, diputado electo de la Real Diputación de San Andrés de los Flamencos...

Recibió el Premio a la Convivencia de la Fundación Manuel Roseta, era Vice Gran Maestre de la Orden de Caballeros de Santa María del Puig, Hijo Predilecto de Oviedo y le fueron impuestas Las Grandes Cruces de la Orden del Mérito Militar, del Mérito Civil, la Cruz de Cisneros y la de San Raimundo de Peñafort. Fue proclamado Conde de Latores, Grande de España (concesión efectuada en premio a su trayectoria de servicios a la patria), consejero vitalicio del Rey y conocido por ser el Secretario General de la Casa de Su Majestad el Rey, y en especial, por haber sido nombrado Jefe de la Casa de Su Majestad.

Don Sabino, era uno de los últimos baluartes de España. Uno de sus últimos defensores. Uno de sus más preclaros servidores. Uno de sus más conspicuos hijos. Uno de sus más logrados y meritorios súbditos. Uno de sus más capaces habitantes. Uno de tantos, enamorado de ESPAÑA.

Es uno de los responsables de la que siempre ha sido, admirable educación del Príncipe de Asturias; su discreción, calidez, cercanía y admiración por la institución monárquica lo llevaron a ser considerado inigualable Jefe de la Casa Real. Era, español, patriota, monárquico, afecto a la cultura y reivindicador del conocimiento de lo español.

De él han dicho, y con razón:
El Presidente del Congreso "no tenía más amor que el amor a España".
Mariano Rajoy: "es ejemplo de entrega, integridad, de lealtad constitucional y permanecerá vivo en millones de españoles".
Esperanza Aguirre: "es un gran patriota".
Alberto Ruiz Gallardón: "hombre profundamente leal a la corona y a la patria, es mucho lo que hizo por España".
José María Aznar: "es un gran servidor al que todos le tenemos mucho que agradecer".
El coordinador de IU: "era un buen hombre".
El presidente de la Fundación Príncipe de Asturias: "con él se pierde a un héroe".

El 23 de febrero de 1981, la democracia en peligro por un Golpe de Estado, la monarquía en peligro por un intento de imposición de un directorio militar, fue contundente, tanto como el Rey. A don Juan Carlos el Grande, le deberemos siempre la democracia. A él, casi igual. Cuando el General Juste, de la División Acorazada Brunete y afecto al Golpe, preguntó por el cerebro de este, el General Alfonso Armada, creyendo que se encaminaba al Palacio de la Zarzuela para tener de su lado al Rey... Fue entonces cuando don Sabino, firme y enérgico, proclamó una de las más célebres frases de los últimos tiempos: "Ni está, ni se le espera"... dejando así bien claro que en la casa del Rey no serían recibidos quienes intentaran derrocar la democracia.

Su pérdida es la pérdida de uno de los pedazos más fecundos, conflictivos y fundamentales de la nación. La Guerra Civil, la dictadura, la transición, la confirmación de la monarquía, el acceso democrático, la entrada de España en Europa y todo ello, lidiando con un Golpe de Estado. Don Sabino, con 91 años, era sin duda estampa firme e indómita de la razón, la cultura, la intelectualidad, la tradición y el españolismo.

Hoy, descansará en el Cementerio de Oviedo. Hubiera cumplido 92 años en unos meses. Su huella es imborrable en los manuales serios y certeros de la Historia reciente de nuestro país. Su paso por la Zarzuela, difícil de igualar. Su calidad de consejero, estimada por el Rey sin pudor. Su bondad, su talante de diálogo, incluso admirada por políticos situados en las Antípodas de su pensamiento.


España está de luto. Porque ha perdido no sólo a un ilustre, no sólo a una figura clave de sus últimos 30 años, no sólo a un artífice fundamental de lo que es... Está de luto porque pierde a alguien, que la amó como sólo un buen español sabe amar a la Patria. Don Sabino, allá donde esté, los que seguimos disfrutando del paraíso terrenal hispánico, le damos de todo corazón las gracias.


DESCANSE EN PAZ, DON SABINO FERNÁNDEZ CAMPO, ESPAÑOL.

1 comentario:

monaguillo dijo...

Sin tener mayor conocimiento de este Señor del habitual que tenemos los amantes de la historia de España; de lo que tantas veces se ha relatado sobre su apoyo a la Corona desde el mismo momento de la proclamación de la Monarquia Constitucional y Parlamentaria; de su intervención decisiva el 23-F; de su profesionalidad militar y de su enorme discreción; tengo que decir que para como está el panorama político y social hoy en día, contar con Señores de la prestancia, la educación y la formación de este, ha sido un lujo para nuestro país.

Supongo que su pérdida habrá tocado bastante los corazones en la Casa del Rey. A este Señor le debemos bastante todos. Lástima que los chavales de hoy ni se vayan a molestar en saber quien fue.

Descanse en paz, Don Sabino.