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lunes, 5 de octubre de 2009

Nuestra Señora de la Amargura de Motril (I)



Año de 1988; un joven iniciado en el mundo de las artes, se decide a realizar un dolorosa, en concreto su busto. Antonio Ruiz Fernández, granadino, autor de este simulacro mariano, fallece trágicamente sin haber usado lo suficiente el camisón de la vida.

La familia decide por entonces que la Imagen debería ser ofrecida a una Hermandad de Penitencia para que la cuidara, velara, expusiese a culto público, y así, ver cumplido el sueño del finado: que una obra, la única obra del malogrado autor, tomara las calles convertida en Sagrada Imagen dentro de la estética de lo cofrade.
Así, en la Cuaresma de 1994, familiares del fallecido Antonio Ruiz Fernández, encaminan sus pasos hacia la Calle Nueva de San Antón, donde entonces estaba la Casa de Hermandad de la Muy Antigua y egregia hermandad del Santo Crucifijo de San Agustín. Hablan con los hermanos oficiales que se encontraban repartiendo las papeletas de sitio y entregando las túnicas a los nazarenos, con la suerte de estar entonces allí el hermano número uno de la hermandad. Ofrecieron la dolorosa, y la contestación de la Hermandad, no fue otra que advertir a los generosos donantes, que ya se contaba con una Imagen de María Santísima que fue terminada cuatro años antes y bendijo el Obispo Coadjutor de Granada.

Terminada la Semana Santa, la familia Ruiz dirige entonces los pasos hacia el barrio de Fígares, donde radica la hasta el momento más joven de las hermandades de penitencia de Granada, la del Señor Despojado; allí, entra en contacto con el que a la vuelta de unos años, sería su Hermano Mayor, y que ya entonces, miembro de su Junta de Gobierno, los atendía además en calidad de hermano fundador de la Cofradía de San Emilio. Este, le dice a la familia que en acuerdo de Cabildo General, acababan, muy recientemente, de encargar tanto la Dolorosa que aún no tenían, como el San Juan Evangelista que habían proyectado incluir, al cordobés Miguel Ángel González Jurado, librando incluso ya una escueta pero interesante cantidad económica y que por ello, declinaban tan altruista ofrecimiento, además de argumentar que las necesidades de una dolorosa en esa hermandad, pasaban porque esta pudiera ejecutarse de manera que mantuviera una relación con una segunda imagen, pues era suyo el pensamiento de que escenificaran una Sacra Conversación, la Madre de Dios y el discípulo San Juan.

Habría transcurrido unos dos años largos, cuando precisamente una de las publicaciones más esperadas y siempre leídas en cuanto a lo cofrade se refiere, la Guía de la Hermandad que acabamos de referir (Despojado), nos narraba el intento de fundación de una nueva Hermandad en Granada, en concreto aprovechando un extraordinario crucificado del Convento de los Ángeles, bajo el nombre de Salvación, y con el anuncio de la bendición y posterior exposición en besamanos de la Imagen de Nuestra Señora de la Humildad, que para sorpresa de algunos, era la famosa obra que no pudo terminar Antonio Ruiz Fernández y que, al menos que sepamos a ciencia cierta, había sido ofrecida ya en dos ocasiones anteriores...

1 comentario:

José Santiago dijo...

illo, sigue que hay mas historia.