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miércoles, 1 de julio de 2009

Michael Jackson

Llevamos días asistiendo a otro más de los fenómenos culturales de una Norteamérica frívola, banal, rica, desmesuradamente llena de contrastes y capaz de sustituir a los dioses del panteón humano por otros de carne y hueso.
Llevamos días de un hartazgo informativo donde tenemos de todo menos información. Ha muerto una celebridad cuyos números asustan, pero para bien y para mal. Alguien que ostenta el primero de los puestos en la lista de ventas; alguien que sigue siendo el que más copias de un mismo disco ha vendido; alguien que podría ser uno de los más ricos del mundo, con casi 400 millones de dólares de deudas. Bonita herencia.
Llevamos casi una semana, especulando por qué muere un icono de la cultura pop, al que se le presupone todo en la vida, con 50 años (cuando la esperanza de vida occidental supera ya los 80), médico personal, capacidad para responder a cualquier adversidad y legiones de secretarios, entrenadores personales, coreógrafos, personal sanitario, todo ello, dentro de una megalópolis que conforma el primer país del mundo.
Y lo cierto es que llevamos días, recordando que ha muerto alguien que llevaba 12 años sin subirse a un escenario, que sacó su gran éxito hace 25 años, que estaba acusado en no pocas ocasiones de pederastia (solventada gracias a indemnizaciones millonarias, que restan éxito a su inocencia), que nos mostró a su hijo, en un acto bochornoso, difícil de creer, abominable, y que presentaba un clarísimo cuadro de demencia, que ahora se intenta ocultar bajo el manto de una presunta enfermedad de la piel: vitíligo.
Pero Michael, es un negro que quería ser blanco, que derrochó su fortuna, que sumó acreedores hasta cifras insospechables, que salvó in extremis el rancho de sus sueños, que sólo él sabía si sus hijos eran suyos o no, que presuntamente cayó en lo más bajo que un humano puede caer, junto al asesinato, y es en el acoso/abuso del menor, y que como artista, llevaba dos décadas inactivo, mala carta de presentación ante las legiones de seguidores que nos exigen al resto que lo juzguemos sólo por su faceta artística.
Y yo me pregunto: el artista, como creador, ejecutor y responsable de su arte, ¿no es también artista por su personalidad? Pues la de Michael, era un tanto oscura, más que su piel, incluso era delgada, tanto, quizás, como ese tabique nasal que dicen los médicos que lo trataron en el Ronald Reagan UCLA Medical Center, desde las 13:14 horas de 25 de junio de 2009, había desaparecido, gracias a una sistemática y progresiva transformación, para que su nariz se europeizara, se eslavizara y dejase su aspecto afro, prueba irrefutable de una pequeña, cuando menos, demencia, que le llevó (y no el vitíligo) a querer ser un blanco con alma negra.
Michael Jackson era una celebridad; controvertido, destacará por ser un consumado, magnífico y creativo bailarín. Y poco más conseguirán arrancarme. Su muerte, me duele tanto como la de otro ser humano. Eso sí, esta acaecida hace ahora seis días, me ha servido para convencerme de la estupidez atroz de este mundo nuestro. Lloramos por la muerte de un presunto pedófilo, y sin embargo, ni la centésima parte de espacio en los rotativos y las imágenes mundiales, ocupa, la muerte casi coetánea (19 de junio, seis días antes) de un santo, de un verdadero hombre, de una verdadera alma santificada, del Padre, VICENTE FERRER. Por eso, la entrada siguiente, será, para quien merece el llanto, y no se disculpa por su triste infancia.
¡Qué paradojas! Un país como Estados Unidos, levantado por cientos de miles de personas que llegaron a ser alguien tras una triste, dura e inhumana infancia, que ahora disculpa a su celebridad, la que arreglaba las demandas a golpe de talonario, por sus años de niñez robada.
Por desgracia, esa misma infancia, no existe para las leyes del PSOE, o para tantos como en Anantapur (India), murieron en brazos del Santo Padre Vicente Ferrer.

5 comentarios:

monaguillo dijo...

Veo definitivamente que tu muy del Jackson no eras... jajajajaj.

No son comparables las biografías de Vicente Ferrer y de Michael Jackson. Ni para lo bueno, ni para lo realmente malo.

Vaya colección de foticos que te has mercado, amigo. Tela. Se han ido un santo y un desgraciado, y curiosamente los dos han ido al mismo metro y medio al que iremos todos.

Un saludo grande como el mar.

David R.Jiménez-Muriel dijo...

No, no me gusta la música que no entiendo, aunque me atraiga su ritmo. Pero creo que ya está bien de santificar un demonio y olvidar un santo. No me merece más respeto Jackson que cualquier otro mortal. Ea, que las fotos son la verdad de este muchacho, Dios lo tenga en gloria.

Un abrazo de campeonato, Álvaro de los Barea de toda la vida.

Anónimo dijo...

Como puntualización, hermano, Vicente Ferrer abandonó la Compañía de Jesús y, por declaraciones, hasta la fe a Cristo que había sustentado su vocación, por lo que creo que no puede calificarse como "santo", básicamente, porque la santidad no se basa en un asistencialismo paternalista en exclusiva.

Dicho ésto creo que la labor, es encomiable (y de la que participo, aunque no sin críticas en ciertos aspectos)...

Un abrazo, Santi.

monaguillo dijo...

También Pablo de Tarso perseguía a los cristianos, y no por ello deja de ser menos santo, aunque su conversión sea posterior a las persecuciones.

Dios escribe derecho con renglones torcidos, hermano. Para mí, un hombre que dedica su vida a los necesitados, tal y como está el mundo, si no es santo... va camino de serlo.

También nosotros nos cagamos de vez en cuando en algún que otro cura y en sus comportamientos, y no por ello somos menos cristianos... y mira que le damos gloria a María y a su Hijo.

Un abrazo grande para los dos.

Anónimo dijo...

gandhi no podrá ser nunca "santo católico". o martin luther king...
es a lo que me refería.

sobre el pecado del hombre y sus miserias, daría para largo el debate, y no por ello lo aparta del camino de la santidad y del perdón de dios... pese, a que por ejemplo, no haga obras asistenciales (puede ser una monja de clausura, por ejemplo, ejemplo de santidad).

saludos, santi.