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miércoles, 1 de julio de 2009

Francisco Franco

Falleció hace 34 años y en este último está más de actualidad que nunca. Si no es porque un juez con exceso de celo y altísimos grados de megalomanía, le da por pedir su partida de defunción, es porque un Ayuntamiento se acuerda cuatro décadas después de que lo nombró Hijo Predilecto. En esta Alacena no se nos ocurrirá glorificar su figura, pero mucho menos se nos ocurrirá, someter a sumarísimo grado de enjuiciamiento, un capítulo de la historia de España, negro como tantos otros para algunos, y de un color elegantepara otros.
Franco tenía la condecoración militar española más deseada, la Laureada de San Fernando, con 23 años. A los 30 años, era el jefe de la Legión, fundada 3 años antes. Con 33 años, se convertía en el General más joven de Europa; como estratega, todo un dechado de excelencias. Como hombre de guerra, alguien a quien los enemigos llamar: rayul baraka (el hombre de la suerte). Invicto, herido, temido y respetado, pasará a la historia del noble y repulsivo arte de la guerra, como alguien con el temperamento y la frialdad necesarias para ser un enemigo digno de temer.
Vendría ahora el capítulo de su estadío de Jefe de Estado. Quédese esto para la investigación y la crítica histórica. Tras 36 años al frente de España, de una manera totalitaria y censitiva, moría a la edad de 83 años uno de los más grandes militares nacionales y europeos, a la vez que un dictador, no nos olvidemos. Luces y muchas sombras a sus espaldas, partiendo de la imposición como modelo de Gobierno.
Pero la historia está para ser aprendida, no volver a repetirla y sacar de ella provecho, todo lo contrario a lo que la actual clase política española se empeña en los últimos tiempos en hacer. Cuando desde Naciones Unidas y la Europa en la que todavía no estaba España, o lo que es lo mismo, cuando desde la cúspide de las Organizaciones progresistas, avanzadas, democráticamente asentadas y símbolo de bienestar se puso a España como ejemplo por su transición desde un régimen a una democracia, los actuales centro e izquierdistas patrios debieron estar en otros asuntos.
Un modelo impecable de hacer las cosas, abandonando resentimientos, odios, posturas irreconciliables, y todo ello, bajo el mandato del silencio y el perdón, se vulnera, rompe y pisotea a diario. No podrá jamás presumir España de Fernando VII y no por ello lo vamos a sacar del Escorial. Ni lo podrá hacer del asesino Carrillo, pero tendrá un cuasi funeral de estado, tiempo al tiempo. Y del Gobierno más corrupto de las últimas décadas en la Europa de Occidente, el de Felipe González, nada se habla, pocos pisaron la cárcel y todo es alabanza y dicha.
De modo que la historia queda en el colectivo, y debe ser respetada. Tantas estatuas y condecoraciones retiradas sólo suenan a "venganza". Durante más de 30 años, los mismos socialistas, izquierdistas, centristas, nacionalistas y otra fauna del zoo político español no pareció escamotearse ni asustarse por ver a Franco junto a Nuevos Ministerios (Madrid) o Santander. Ni sufrió porque algunas calles del entramado urbano de ciudades, tuvieran nombres de "sublevados contra la República". A mí, lo que me molesta, es que no seamos iguales para todo. Que siga impune el delito fragrante de la destrucción de patrimonio religioso. Que la memoria histórica no recuerde que antes de caer en defensa de los ideales republicanos, los republicanos se cepillaron a miles de religiosos, de religiosas, y de católicos sólo por ser católicos.
Me molesta que no se pare nadie a reconocer que la II República nació de manera ilegal y antidemocráticamente. Que la II República española atentó y promovió golpes de estado en Portugal. Que la II República española, sufrió motines, atentados diarios, quema de edificios, sumarísimos juicios y campos de concentración al más puro estilo nazi durante el gobierno "frentepopular".
Y ahora, que estamos haciendo una purga histórica, eliminando a placer lo que menos nos gusta del pasado de este País, quitemos los honores que el Ayuntamiento de Madrid concedió en su momento a Franco, pero se los otorguemos a criminales como el laureado general, caso de la Pasionaria y de Largo Caballero, infames personajes que sostuvieron sus checas madrileñas, para oprobio de la Izquierda, del español y de todo aquel que se llame humano sobre la faz de la Tierra.
Y es que dice el refrán, que o todos, o la puta al río...

1 comentario:

Anónimo dijo...

primo ya tengo en mi piso nuevo hasta una cava de vinos, incluso la botella que está reservada para el dia que usted y yo sabemos ya está a su temperatura ideal, que como usted bien dice aquí, lo seguiremos por televisión.