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viernes, 12 de junio de 2009

Procesión del Corpus de Granada (I)



El año de las recuperaciones históricas sin lugar a dudas. Vuelven tradiciones que hace 60 años se disiparon, que la Granada indolente dejó escapar y que a base de los esfuerzos de unos pocos han vuelto a ser protagonistas. 


Ayer, el día que más luce el sol en la ciudad, fiesta grande, fiesta enorme de lo religioso y lo histórico, de lo ocioso y lo estético, de lo nuestro en definitiva, era el del Jueves de Corpus para una Granada que madruga aún siendo rojo el calendario, en su ruta por altares, colgaduras, engalanamientos de balcones y escaparates, y para buscar sitio donde ver el paso del "Paso del Señor".


Ayer Granada despertó de gala, en los suyos y en las calles, para ser testigo del paso de la historia. De acuerdo que otras ciudades pondrán mayor esmero (quién sabe si lo conseguirán) y cuido en esta tradición del sigo XIII, invariable para el pueblo de Occidente. Pero en ninguna otra parte, la calle es tomada por todo un recorrido real y cierto de los siglos. Y es que, alguaciles, escribanos, maceros, palafreneros, portaestandartes o heraldos, representan el poder de Castilla, la historia de la ciudad, su conquista cristiana, las monarquías de los Austrias hispanos, los títulos concedidos a los granadinos, la grandeza alcanzada por el Cabildo Consistorial y el orgullo demostrado de sentirse parte activa de una ciudad que ayer fue capital de un reino, de un imperio y de un modo de vida que es canto de cisne de las ideas occidentales  y europeizantes que tomaron África o América.

Para abrir boca, las calles... Escenenario perfecto de una arquitectura teatral, el cortejo discurre por arterias donde las edificaciones procuran emular el París de Hausmann, junto al sabor rancio de la España de siempre. Muy bien por el Ayuntamiento, que viene destacándose como ninguna otra corporación en el sostén de tradiciones. Ningún otro equipo de Gobierno, ni el tan cacarerado de Jara, está haciendo tanto. Al concurso de altares, se le ha unido este año el de Balcones y de Escaparates. Al menos, un incentivo para que la Granada indolente (no me repito, es que conviene decirlo) no se olvide del todo de su día grande.

Diez de la mañana y una de las recuperaciones: el tradicional modo de esparcir la juncia y el mastranzo, junto a los que se escapan algo de romero y de tomillo. ¿Que cómo? Pues mediante carga de bestias, o lo que es lo mismo, nada de vehículos contaminantes, sino burros de la vega con su carga en alforjas. Deliciosa estampa del ayer:

Paso a otra recuperación... La de los heraldos, timbalero y de Castilla, con sus palafrenes, enjaezados los caballos y ellos vestidos a la "federica". Imagen con 60 años que no se veía en las calles, y que se recuperaba este Jueves Eucarístico.

Tras ellos, los músicos de época, parte de la comitiva civil.


Que nunca hay que confundir con los ministriles, que, con sus fanfarrias a cuestas, interpretan otra música distinta, secular y clásica, vistiendo de la elegante impronta que pueden comprobar:

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