Visitas

miércoles, 6 de mayo de 2009

Sábado Santo o Passio Granatensis.

Tertuliado, debatido y hablado hasta la saciedad. A nadie convencía la propuesta oficial de traslado por la mañana. A nadie terminaba de agradar que todo un día, los hermanos y especialmente costaleros, estuvieran una jornada completa merced de estos caprichos. 

Ambiente único. Miles y miles de personas. Desde la visita de Juan Pablo II, esta ciudad no había vivido un momento más grato, ni más seguido y ratificado por la ciudadanía. Hito histórico que llevó a muchos a 6 horas de espera, a pie quieto. Merecía estar a la altura de los muchos visitantes. Y quienes sí estuvieron, los cofrades de a pie.

La organización desvelaba sus carestías. Desde no haber establecido un protocolo de actuación en caso de lluvia, como así ocurriera, a no prever otras tantas. Desde darle demasiado tiempo a cada paso, a no esforzarse en homogeneizar los andares de cada uno de los que formaron el cortejo. 

La Passio, que nació cursi, despojada de granadinismo, inventiva (ha sido más un intento de reforzar el ego de uno o unos pocos que otra cosa) en exceso y poco labrada, fue sorprendida por una lluvia que dejó escenas de un público que no sabía que estaba ante un Santo Entierro. Aplausos, voces, gritos de “fuera los plásticos”... O insultos a la decisión soberana (y a mi juicio acertada) de los hermanos del Silencio, que no arriesgaron obra capital como su Cristo. Oigan, tan grande como otras piezas sacras que estaban en la calle, pero privado a la ciudad 34 años y envuelto en polémica por su reaparición, con firma de pseudo-intelectuales incluida.

Sobraron minutos para cada paso. Mucha organización que actuaba de comparsa. No entiendo el lugar en el que se ubicaba a Su Excelencia. Tal vez respondió a su propia voluntad, pero sigo sin entenderla. No entiendo como días antes se modificaban recorridos (porque a todas luces, este era inapropiado como lo veníamos comentando desde septiembre) o se dejaba al azar asuntos importantes.

No entiendo por qué repetir escenas. Ni por qué no apostar por un Cortejo Magno que enseñara a los demás la grandeza de nuestro patrimonio histórico y devocional, no nuestras carestías y mediocridades. 

No entiendo la salida desde la Catedral, a menos que fuese por los cinco euros de visita por motivo de los 22 pasos cobijados en su interior. Que lo hubieran dicho antes... 

No entiendo las hermandades que no llevaron plásticos, como tampoco que se tilde de valentía y se premie el esfuerzo de las que salieron (todas menos una) y no la que se quedó. Porque un plástico, daña y mucho más que una fina lluvia. Crea un espacio húmedo nada recomendable. No es positivo para la policromía la lluvia, y menos, el plástico sobre una Imagen o una túnica, mojada, por poco que sea.

No entiendo la actitud de propios y visitantes. Se pervirtió el sentido de la Procesión Antológica. Tal vez, los medios de comunicación deben volver a su origen, y decirle a los cofrades y espectadores que en estos acontecimientos, no se aplaude, no se berrea, no se grita ni se descompone uno la melena.

No entiendo algunos regresos; no entiendo cómo se tira el dinero en algunas bandas... No entiendo algunos comercios y hosteleros, los mismos que no dan ni ganas de entrar durante el año, y se lucraron sobremanera con un encarecimiento del 50% de sus productos y un lleno absoluto. Tal es así, que han sido otros y no los cofrades los que hablan de repetir algo parecido.

Sólo sé, que la institución oficial de la Granada cofradiera no estuvo a la altura. Sí el cofrade; sí el costalero citado a las 7 de la mañana. Sí las priostías; sí la música local (muy bien la Salud de Churriana, muy bien la Municipal) y sí el que adornó su balcón, cayendo en lo que no cayó nadie: hermosear la ciudad y engalanarla para su evento más importante en estos últimos 30 años.

Luces y sombras. Mereció la pena la mañana, con una Carrera del Darro llena de arte. Con el Realejo, el centro, la calidad de nuestra imaginería (con al menos 40 años de antigüedad, claro, salvo Barbero Gor) y muchos pasos ya a la altura del tiempo que corre. 

Luces en la priostía de la Lanzada y de Perdón (Aurora) especialmente, y las originalidades que casi todas nos trajeron. Sombras en el Orden del Cortejo, en el público y en los que se lucraron sin dar nada a cambio.

Y a la generosidad extrema de los costaleros, su compenetración, su solidaria postura, el mayor de los reconocimientos. Un millar y medio de costaleros a los pies de todo esto. Después de una semana, y después de una Cuaresma, y recogiendo a su Titular y marchando donde hacían falta hombres. Eso, fue lo grande de esta Procesión Antológica, que esperemos repetir 10 ó 12 años después, pero con mejor organización, criterio de selección y justificación plena. 

1 comentario:

monaguillo dijo...

No veremos otro Entierro Magno, David. No al menos tu y yo. Tiempo al tiempo. De todos modos, como bien comentas, con la organización existente casi hay que dar gracias de que estas cosas se organicen cada 100 años. Algunos ya estaremos muy delgados para el próximo.

Acertadisima la crónica. Como era de esperar en tí.