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martes, 5 de mayo de 2009

Viernes Santo en Granada 2009

No era fácil adivinar cómo iba a terminar el día, a tenor de cómo empezó de bien. Calor en Constitución cuando salía Ferroviarios, con un cortejo muy por encima en número de los esperado, y correctos exprnos, órdenes de insignias y mejorables andares de ambos pasos.
Ella, magníficamente vestida (de nuevo el artificio prodigioso de Paco Garví) condujo la masa en torno a San Juan de Letrán. Virgen como pocas con un sabor extraordinario, añejo, clásico y rotundo. Esperemos que su ambicioso paso se proyecte acorde a la calidad de diseño.
En Favores no salen las cuentas (no al menos las que ellos hacen publicar en las guías). Cada vez menos nazarenos y camareras, de modo que no terminamos de entender la devoción tan extraaña para una Medalla de Oro, y una Coronación. Algo falla y debe subsanarse.
Al tiempo que agradecemos el gusto de flor, de vestimenta (línea habitual y muy plausible merced a Pedro Bazán) y de trabajo costalero, reforzado respecto al pasado año. Un regreso accidentado pero correcto el de estos hermanos. 
Cuando uno se acerca a San Jerónimo, por la calle de los viejos palacetes, de los Oratorios servitas, de la calle del Patrón, debe tener claro que va en busca de quien va. Porque no es propio que digamos lo que vimos...
Y sí que contemos la exquisitez hecha arte, hecha Virgen, hecha dolorosa que se llama Soledad. Puede ser que no haya competidora en todo el ámbito andaluz. Por qué no. Es una de las pocas cosas que deberían quedar en la retina de todo buen cofrade, la imagen soberbia, egregia y aristócrata de esta Virgen, más si la viste Paco Garví, como sabe.
Nosotros ya contamos con Adolfo Soria. Acaba de presentar su candidatura y estamos convencidos que puede (y así lo hará) insuflar el necesario aire en la Hermandad. El Señor queda cada vez más regio sobre tan decoroso paso. No hay pegas en el orden de insignias, en la compostura, en la flor de ambos pasos (sobre todo el palio, lecciones aprendidas en Vedia-Verdegal). No en esto pero sí en la cada vez más desinflada participación de los hermanos.
Y es que la Virgen, tercera de las cinco de la jornada, nos hace sacar pecho por cómo se presentó vestida. Nos asegura que en pocas ciudades (Sevilla y ya está) podrían hacernos sombra con la calidad de vestidores y vestimentas que goza Granada. Ella es ejemplo, de manto, de varales (los únicos de plata), de buen diseño de bordado, de gusto en el vestir, de extraordinario exorno. Pero se precisa que la priostía intervenga en el palio, porque debajo hay oficio y experiencia de sobra y nos lamentamos de no poder ver la altura de andar de la que seguro son capaces los suyos.  

Y al fin, la Hermandad que preside la Procesión Oficial. Sus años (fundada en 1615, por tanto, 394) deberían haberle procurado un mejor lugar. Pero tal vez su Parroquia, que si arrastra es para Esperanza, o la iconografía (no es de lo má satractivo, sea dicho) o la manera de actuar, la han ahogado y palidecido.
Terminaba el día con lluvia. Con pasos tapados, con Escolapios y esta del Entierro refugiadas en Catedral. Con regresos a trompicones. Y nosotros, pensando, la necesaria e inmediata voluntad de los del Sepulcro, de plantearse un cambio de día, una permuta si quieren con Santa María de la Alhambra, y pasar al Sábado Santo ellos para contar con todo el apoyo de las demás. Sería el paso del cambio. Ojalá

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