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sábado, 4 de abril de 2009

Manuel Ángeles Ortiz


Granada da y quita razones, para lo bueno y lo malo... Es la historia de un artista de Granada que nació en Jaén pero que desde los tres años vivió en esta ciudad, en donde se empapa de la cultura como pocos, acudiendo a aquella mítica Tertulia del Rinconcillo en el Café Alameda, el foco de lo más intelectual que nunca vieron los días granadinos. Aquella vieja tertulia la componían grandes, gigantes de la talla de Ismael González de la Serna, Federico García Lorca, Melchor Fernández Almagro, Manuel de Falla, José Acosta Medina, Antonio Gallego Burín, Hermenegildo Lanz o Ángel Barrios.

Manuel Ángeles Ortiz fue un pintor, escenógrafo y ceramista de la Generación del 27 que era admirado por aquellos poetas del “siglo de plata” español. De él se dijo que “pintaba como Lorca cantaba poesía, que decía pintando lo que Federico en sus versos”. Se formó estéticamente en Granada con José María Rodríguez-Acosta y López Mezquita y así, marchó a aquel París de las Luces del que regresa viudo y con una pequeña para crear junto al resto de sus tertulianos en 1922 el histórico “Concurso de Cante Jondo” que ideó Federico.  Suyo fue el cartel anunciador, un grabado que rompía la tradición costumbrista que anunciaba su estilo definitivo, desarrollado de nuevo en la capital parisina en donde frecuentaba entre otros, a Picasso.

"Jardín de Melisendra". 

Fue un artista activo que exponía en París (1929), Copenhague (1932) y Berlín (1933), y que era dirigido por Luis Buñuel en “La edad de oro”. Convertido en el primer español que experimenta la abstracción óptica y geométrica derivada del cubismo, no se olvidó de lo suyo y de los suyos, dedicando largas series de cuadros al Albaicín y creando con sus característicos collages, las obras “Campos de Granada”, “Nocturnos granadinos” y “Paseos de cipreses del Generalife” hasta su última gran serie: “Misteriosa Alhambra”.

Moría un día como hoy, hace 25 años y su hija recordó las palabras de su padre: “El día en que muera no quiero quedarme en Francia, aquí me voy a aburrir muchísimo. Quiero irme a mi tierra, a Granada”. Así que del cementerio parisino de Montparnasse,  salió don Manuel Ángeles Ortiz para ser enterrado en una tumba, junto a un olivo, contigua a la que guarda los restos del escritor Ángel Ganivet. A fin de cuentas, no se podía ser ni más de aquí ni extrañar tanto su patria chica. Como le dijo en su día Rafael Alberti, era "Manolo el de la risa".

¡Qué tendrás Granada, que hasta para 

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