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martes, 31 de marzo de 2009

Pepe Carvajal Gálvez... Maestro


Gracias por tu loco empeño
sacramental. Por tus ansias,
tu magisterio sobrado,
tus poéticas palabras,
por levantar con el brío
que antes nunca se pensara
que este costalero tuyo
te dará siempre las gracias.

Costalero de las ondas,
por donde tu voz llegaba
a los oídos maternos 
de la que allí, en su casa,
vibraría como lo hicimos
los que en aquella jornada,
fuimos los mudos testigos
del sentimiento y tu raza.

Gracias por haber traído
costales de limpia traza,
modos nuevos y maneras
formas distintas y armas.

Pero por encima de ello, 
si vengo a darte las gracias,
si mereces el Olimpo
que a los grandes os aguarda
es por esa forma tuya 
de hablarle al que te oye y calla
golpeando su conciencia
cuando más necesitaba,
poesías de la fe
conque a los tuyos hablabas.

La cuesta de San Cecilio
tantas veces aguardaba
la mística que se dice
con los jirones del alma.

-“Niño, ¿sabes que tu padre
también conmigo igualaba?”.

-Pues maestro, lo que quiero
es que mi niño llegara
a saber quien nos ha hecho
costaleros. Poco falta.

Dirán que tú igualas alto,
cuando tú jamás igualas.
Tú predicas y transmites,
tú pregonas y disparas
a tus hombres, dos mil dardos
de fe, de amor y de ganas
por sentirse costalero
del que sembró en esta casa
el más bendito veneno
que brota y nunca se sacia.

Muchos de los capataces,
a tus órdenes marchaban.
Casi todas tus lecciones
siguen hoy día aplicadas.

¿Que ningunean y hurtan
los méritos que te avalan?
Lo sabes bien que tu premio
son tus peones. Te basta
con los que le dan al César
lo que es del César y haga
la envidia y los catedráticos
un sayo de esa su capa.

Nos entregaste el oficio,
lo vestiste con tus galas,
has hecho grandes discípulos,
mil anécdotas se guardan
en los viejos almacenes
de este que siempre esperaba
que el Viernes, casi ya Sábado 
de vuelta, de madrugada,
se produjera el momento
más auténtico. Le hablaba
a una hermandad extinguida.
Hoy, claro está, es más falsa.

Y cuando Misericordia
con su gloria lo inundaba,
el Campo y sus mil personas
un silencio de oro y grana,
se hacía. Tú de contento
micro a martillo cambiabas.

Era tuya la emisora,
y tu palio, levantaba...

“Costaleros de las ondas”
la gloria de tus palabras.

Mil hombres por tu cuadrilla.
Está segura la saga.

Pepe, por todo lo hecho
por Favores, Esperanza,
Vía Crucis, por la Estrella,
por Gran Poder, la mañana
del jueves más granadino,
por San Agustín, por tantas
cosas que en herencia
has dejado... Por tu casta, 
por tus hechuras, tu arbitrio,
tu sentimiento, tus lágrimas,
por hacernos costaleros
de la Hostia Consagrada,
por este oficio bendito
que has hecho grande en Granada
hoy te dice el pregonero:
¡Pepe Carvajal, mil gracias!

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