Visitas

miércoles, 25 de marzo de 2009

Maravillas de Granada


En la cabeza de todos
que me conocen y saben
que iba a poner el punto
con plegaria, “Dios te Salve”,
si prefieren, yo les pido
una dispensa cofrade,
porque estuvo en la escritura,
ha estado en todas las partes
y estará con estos versos
con los que mi voz acabe.

Sé que este año es su Hijo
a quien ocupar tocare
el cartel anunciador.

Y sólo con Él sobrare
las palabras, los bordados,
los vericuetos, detalles
de artesanías precisas
que a San Pedro nunca falten.

Pero por eso les pido
sé que aceptan mi dislate,
que empiece el fin de mi escrito
a la voz de un Dios te Salve
Maravillas, Niña Virgen,
patrocinio inigualable
de bordadores, sederos,
“el Embrujo de Alixares”.

Tu nombre es un adjetivo
y tan sólo al pronunciarte
se caminan cuatro siglos
por los diversos altares,
las veneras, las capillas
altivas por cobijarte.

De la Victoria a San Pedro
(porque los Mínimos antes
descubrieron en los sellos
de tu imprenta y tu semblante
que tu nombre, el adjetivo
mejor para anunciarte
describe cual veredicto
de la peana a tu talle,
desde tu cara a tus manos,
de tu pecho al miriñaque,
que es tu nombre el adjetivo
más cierto para anunciarte).

Desde el instante preciso
que de tu capilla sales
al “singular edificio”
que es tu paso, ¿cómo haces
que por mejor y cuidado
de notorias calidades
parezca un palio embebido
esperando a que lo abraces
que tu nombre supedita
cuanto atreve a custodiarte?

Y en tu palio, que naciera
de aquel que de tanto amarte
Miguel López Escribano
(ya no sabía que inventarse
nada que osara siquiera
a competir con tu arte)
se está escuchando el martillo
empuñado por quien sabe
doctrinas de capataz,
demostrarlo con talante
y comandar por derecho
de frente, corto, elegante
“costaleros de ilusión”
bajo el mismo corazón
de una cuadrilla galante.

Avanza quedo, solemne
por el centro de la nave.
Su cajón, una solera
que ojalá nunca nos falte.
Sus bordados se describen:
únicos, originales,
de la factura agustina
que en Tomasas se bordasen.

Tus platerías, los guiños
y espejos donde mirarse.
Tus ánforas clasicistas,
de hechuras sacramentales.

Los faroles siempre erguidos,
picos de plata en un “valle”;
labranza experta y notoria,
el mástil de tus varales,
que son como celosías
por donde ver tu semblante,
enhiestas tallos argénteos.
Doce son, doce pilares,
sobre las mejores piezas
que son bandejas ducales.

Y es que tu palio, Señora,
de una armonía admirable
fue siempre artístico estudio
sin competencia. Y Si cabe,
ni la tuvo, ni podría
en cuanto este año se marche
competir, ni parecerse,
y en liza, ni compararse;
porque el manto más homogéneo,
equilibrado, brillante,
la fachada de Castril,
los grutescos imperiales,
las labores platerescas...

...Renacimiento en detalle
de un manto que es proeza
de los textiles bordables
hacen tu nombre adjetivo
tan sólo con pronunciarte:

¡Maravillas, dolorosa,
Soberana de Alixares!

No hay comentarios: