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domingo, 15 de marzo de 2009

Del XIII Pregón al Señor del Rescate


Siempre he pensado que el cofrade no puede ser espectador atónito y simplón de la sociedad que lo envuelve. Es absolutamente desolador que seamos capaces de movilizar la ingente masa de espectadores, o sacar hacia delante proyectos de solvente envergadura, y permanezcamos impasivos ante atrocidades que cada día nos golpean sin provocar hematoma alguno en la dormida conciencia del que nada procura sino la tranquilidad. Este pregonero no escribe versos a un Cristo como el que nos ocupa, porque es demasiado fácil, es sumamente deleitante componer a tanta hermosura, tanta inspiración, tanta espiritualidad.
Y por eso el pregonero dedica ahora este texto a ellas. Lo hace y quiere dejárselo a Lola Peregrina, porque en el pozo de anhelos de sus dos ojos oscuros, hay toda una norma escrita de lo que debe ser la vida. Y cada vez que sus pequeñas manos van a dar con el suelo del Campo del Príncipe, el mundo es más humano. Son las anécdotas de algo extraordinario; tanto como descubrir una mañana que Álvaro Barea acuna en sus brazos de hermano a Candela, con dos cauces de alegría primeriza deshechos en una niña como la que deshizo ya, hasta con su mismísimo nombre, a Migue Alcalá y a Mari Carmen Sánchez.
Para cuando Esperanza Guadalupe se vea en el espejo de la belleza de “Aquella” que le ha prestado su nombre; para cuando Lola pregunte por la torería de un costal con el que su padre lleva a cuestas al Cristo de los Favores; para cuando Candela oiga de los labios de su abuelo un pregón de 1994 que aún suena por los muros de San Jerónimo, la vida habrá hecho su papel y el aliento cálido llegará a los que tenemos la suerte de disfrutarlas.
Somos más; eso nos hace fuertes; Carmen Oriol un día tomará la mano de su padre y le pedirá que le explique cómo se las apañaban los granadinos 20 años atrás para sacar pasos a la calle. Por eso, por Lola, por Candela, por Esperanza, por Carmen, los cofrades no podemos silenciarnos y ser presa de un mutismo cómplice y vergonzoso. Por ellas, por las niñas de los míos, y por los que nunca verán la cara de Dios en el Mundo.
                                                              -Papá, yo tengo una duda.
-Dime, ¿qué es lo que te pasa?
-Si ni mami, ni el abuelo,
ni la abuela, ni la tata,
y si tampoco tú y yo
y ninguno de esta casa
tenemos la piel del tono
del que la tiene Juana,
¿por qué la peque es así?
¿Por qué es distinta mi hermana?

-Tu hermana tiene la piel
como la arena dorada
y sus ojitos se estrechan,
se pierden en sus pestañas,
porque la parió tu madre
sin en el vientre llevarla
y antes de que ya naciera
ya sabía dónde estaba.

Fue la cosa más bonita
que nunca antes gozara.

La pusieron en mis brazos
y ya su sangre llevaba
por dentro de mi organismo,
mientras triste me miraba
con dos ojos a la vida
y a la vida el ganaba
la partida y la pelea
la pequeña de tu hermana.

Pero hijo, todos los días
perdemos una batalla.

Mujeres que son mujeres
sin necesidad que paran
porque son madres de niños
que de la vida se escapan,
se quedan todos los días
sin cunas y con mortajas
porque otra mujer es “libre”
y así lo grita y lo aclama
a los vientos miserables
del aborto y la falacia.

Tu madre te tuvo a ti
y no era mujer colmada
hasta el día que sin parir
fue la madre de tu hermana.

Tu hermana se la robamos
a una maldición que espanta.

La sacamos de los brazos
de la muerte y la guadaña.
Pasa en China y en Europa
del Este. y en nuestra España.

Caravanas de la muerte
que venden manos manchadas.
Hoy ser “libre” cuesta poco.
La vida, no cuesta nada.

Ho y la madurez se esgrime
sólo en derechos. Y basta.
Hoy el juego de los niños
lo ahogan “progres” palabras.

Un bebé cuesta lo mismo
que el quirófano que mata
triturando los anhelos
de tantas parejas. ¡Tantas!

Hoy se alquilan las conciencias;
la moralidad se aplasta
y el aborto es la licencia
de una “libertad” que mata,
que para ser asesino
“libertad” no me hace falta.

Yo prefiero estar contigo.
Soñar con vuestro mañana.

-Papá, te quiero. –Yo a ti.
¿Vamos a ver a tu hermana?

1 comentario:

monaguillo dijo...

El Señor te bendiga hermano, por tu sensibilidad, por tu cariño y por la verdad que relatas.