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lunes, 2 de marzo de 2009

Aquel Miércoles Santo de 2004


Nunca en ese dos mil cuatro,
por cuanto en él te pasara
se hace gloria el infortunio
que al salir ya te esperaba.

Torcíanse los varales,
lanzas hechas por la plata
que las velas de ese barco
medio de oro y de malla
como vendaval que azota
con su fuerza desatada,
se postraban hacia un lado
despejando tu semblanza
y un delirio ya sin palio
(velero morado y grana)
que zarpó en Santo Domingo
hacia la enorme bocana
del Templo Catedralicio,
como faro donde atraca
las católicas hechuras
de la Madre Capitana.

Ese bendito delirio
a los sones de su marcha...

Los balcones de Varela
fueron caricia mimada
al estribor de tu nao
que entera se te postraba.
Y el bueno de Paco Toro
por cuanto timoneaba
la quilla de la mecida
del babor de tus andadas,
no entendía como era cierto
(tripulación no te falta)
que tus buenos galopines,
marines de Fe y de casta
vivieran el infortunio
de no lucir cuanto alcanzan,
cuando reman tu goleta
de bordados y hojarascas.

Y sin vela que tapare
el orgullo de tu estampa,
la cuadrilla marinera
que año a año se ganara
el aplauso por bien hecho
de su singladura santa,
de la mayor a la proa
de la orilla a la mesana,
te traían entre salves
sin nada que te ocultara.

Que ese Miércoles, curiosa
la “Vela”, desde la Alhambra,
se asomó entre albanegas
que se izan en Santa Ana
porque Corbeta como esta
ya muchos años llevaba
sin mecer, no los varales,
sino a Ella, ¡inigualada!

Como disloque bendito
de Pavaneras a su Casa.

Que delante, en su navío,
la Capitana llevaba
un barlovento de amores,
un levante de fragancia,
mil piropos marineros,
(por eslora mil plegarias)
un tronío de cañones
y un crucero de campanas;
¡qué nunca palio más bello
puso a Ella mi Granada!

Mientras en bendito puerto
con la gloria de su andas,
después de unos pocos años
(porque sin palio marchaba)
navegando sobre mares
de costalera fragata,
en el puerto de los cielos
(donde hace años atracara)
cuando a la Santa Almirante
de los Mares y de las Aguas
le vio su cara de Madre
sin palio que la ocultara,
entendí que sus varales,
torcieran toda su plata...

¡Qué en el puerto de los cielos
la veía Pepe Ocaña!

1 comentario:

Carolina Fernández dijo...

Que grande eres David!!!

Tuve la suerte y el privilegio de estar presente aquel tercer sábado de Cuaresma, en el que el Realejo es pregonado... Jamás lo olvidaré, y jamás olvidaré tus versos a mi Bendita Madre del Rosario. Los he leído - puedo decir - que miles de veces... Y me siguen emocionando.

Un abrazo.