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viernes, 23 de enero de 2009

Con la cutrez por bandera

Hace años, este que suscribe fue inmensamente criticado por su especial empatía hacia las manifestaciones artísticas emanentes de lo cofrade en Motril. Desde un principio, reclamé un giro absoluto en la concepción patrimonial de la ciudad, muy especialmente en la percepción crítica de los cofrades motrileños respecto del ornato de sus cortejos, y por supuesto, llegado el caso (y sin menoscabo de ningún sentimiento religioso) hasta de la valía de las propias Imágenes Titulares.
Hoy, releyendo el Blog de Jesús Ortiz (y su Quinta Columna recomendada en los enlaces de la derecha) me ha resultado absolutamente certero el españolísimo dicho aquel de: "el tiempo da la razón". Y si ya de por sí uno entendió que verdaderamente no andaba muy desencaminado (recuerdo las chanzas que proliferaban, sobre lo "juanmanuelino") ahora me resulta digno de rectificar por parte de aquellos que empuñaron la bandera de la catetez (que no de la humildad, que no de la sencillez, que no de la "buena fe") ironizando sobre las preocupaciones de este que suscribe sobre la estética cofrade de Motril y su invariablemente necesidad de mejora.
Este será el año en que Granada y Motril vayan conjuntamente al innecesario FITUR, vendiendo las excelencias de uno y otro. Seamos serios; Motril acude en calidad de mendigo, a la espera de que una de las ciudades más visitadas de Europa, con el complejo artístico que recibe mayor visitantes de España, con los dos museos más visitados de Andalucía, y destino del turismo deportivo de la nieve (cuatro, cuatro metros ya de espesor en algunas zonas) a pesar de que Sierra Nevada es del término municipal de Monachil, deje unos pocos de turistas, por aquello de que es el puerto más próximo a la Alhambra. Pero lo que resulta indignante, y no sin razón, para Jesús Ortiz, es que Granada venda como una de sus principales armas de atracción turística, la Semana Santa, y Motril relegue su principal manifestación pública y social, al final del final de la lista de sus encantos. Por eso les vengo a decir que el tiempo le da la razón a servidor, frente a aquellos que apelaron a la "buena fe" para justificar el mal gusto cofrade, ya que visto queda que el peso de la Semana Santa motrileña en el conjunto político, administrativo y social de su ámbito, es algo así como lo que pintaba "follatabiques en las Ventas". NÁ DE NÁ.
Miren ustedes, para poder vender excelencias cofrades, no se pueden apelar a cuestiones de pandereta como la "buena fe del que ha bordado un estandarte", o las inmejorables intenciones (que ciertamente las tiene) del que viste a la dolorosa tal como si estuviéramos en carnaval, y mucho menos con conjuntos patrimoniales de pésimo gusto, valor y prestancia.
Seamos por una vez serios, seamos por una vez consecuentes con nosotros mismos. Cuando poblaciones cercanas a Motril, caso de Linares o Guadix, Antequera o Cabra, Priego o Huércal Overa (y ya ven que no cito capitales) tienen un compendio cultural y artístico de todas todas, mucho más sobresaliente que el de la "ciudad del azúcar", pues está claro que el destino turístico elegido no será el motrileño. Si a esto sumamos las relativas proximidades de Granada, Málaga, Almería, Jaén, Córdoba y algo más distante, pero evidentemente la más atractiva, Sevilla, aquí, sólo se puede esperar que cuatro granadinos y dos madrileños con piso en la playa, o prestado por un primo segundo de la primera mujer, bajen, con el consecuente escaso gasto del visitante. Eso sí, los habitantes de las muy respetables (pero en las Antípodas de lo cofrade y lo patrimonial) "Gualchos, Molvízar, Lobres y Los Carlos", están asegurados, hasta al menos, la hora de salida de la "Arsina".
Aquí no valen las cuestiones de fe. Estas deben residir en los motrileños, no en los visitantes. He ido en múltiples ocasiones a la Semana Santa de Sevilla, y obviamente, siempre con un respeto religioso (porque lo tengo y practico), pero allí, de visita, atraido por piezas artísticas irrepetibles, fusionadas con elementos urbanísticos de primera altura, no me he puesto a rezar, sino a aprender, extasiarme con la estética y ser partícipe de algo que siempre, siempre, será educativo, culturizante y sobrecogerá. Para sentirme ungido con una Imagen Sagrada (en mi caso y en el de un turista anónimo), ya tengo aquellas que me rodean y en donde deposito una especial devoción; uno, con los años, ha aprendido a rezar al Señor de Sevilla, pero al cabo de cien visitas a su casa y en su Madrugá, nunca por vez primera. Los cofrades de Motril no somos todo lo realistas que debiéramos. Presumimos de cifras y hablamos jactándonos de modo que resultara que la ciudad nos debe y mucho, cuando no nos hemos dado cuenta que la Semana Santa motrileña está en el lado contrario de otras ciudades que sí son capaces de generar atención, interés y economía. Verán: ¿es lo mismo un Jueves Santo en Granada, con el Crucificado que los principales historiadores consideran la joya cumbre dle barroco español, que en Motril, con un Crucificado que copia al anterior, hecho 280 años después? No nos salgamos del ejemplo... ¿Es lo mismo que este Cristo cruce Granada bajo la Alhambra, a que el motrileño lo haga por una calle Nueva antiestética y no ya contemporánea, sino funcional, mucho peor. Hoy ya es tarde. Los ingresos turísticos, plazas hoteleras cubiertas, generación de trabajo hostelero y otros de la Semana Santa de Motril, es absolutamente ridícula, comparada con las cifras de ciudades como las ya citadas, que como recordarán, muchas no son tampoco capitales de provincia. Las Hermandades de Motril son para motrileños y unos pocos cientos de despistados, que poco gastarán en la ciudad, atraidos porque en el periodo vacacional (de Jueves Santo a la Semana de Pascua) del que gozan, no tienen otra cosa que subir desde Playa Granada a ver alguna Hermandad.

Hoy, mi hermano Jesús Ortiz, y seguro que como él, otros, pensarán que es un despropósito del Ayuntamiento, valorar más el turismo de Golf, que el de la Semana Santa. Pero amigos, los munícipes saben lo que dicen. Un golfista en Motril dejará tanto como las doscientas cervezas (siendo muy optimista) que dejarán los cuatro coches venidos desde Castell, desde Lentejí, a lo sumo. Es una realidad como un demonio; la misma que los cientos de motrileños, que en Semana Santa, escogen Málaga, Granada o Sevilla para ver Hermandades, hartos de vestimentas insultantes, de pasos hechos en la tienda de todo a un euro, de Imágenes de fibra...

La Semana Santa de Motril es un reflejo de sus actores muy fiel. Apelamos a la unción religiosa (que en verdad es la que debiera primar) para luego ser críticos con el Ayuntamiento si este deja en último lugar su fiesta grande de la fe en la venta de sus recursos turísticos, o no instala una Carrera Oficial. Pero señores, si los palcos cuesta llenarlos (y mucho) con ridículos precios como 14 asientos por 100 euros, toda la semana, mal vamos. Será este el momento de separar definitivamente los conceptos de la religiosidad y del arte, porque con el segundo generaremos estética, empaque y atracción del visitante, y el primero es tarea y preocupación local, nunca superará las fronteras.


El visitante espera, como en la inmensa mayoría de localidades andaluzas de más de 1.000 habitantes, darse de bruces con un bordado antiguo, observar un ápice de personalidad y enfrentarse a las mejores creaciones contemporáneas. Eso, a día de hoy, queda muy lejos de las ofertas artísticas motrileñas en lo cofrade, pero a pesar nuestro, reclamaremos la sencillez y a su vez, despellejaremos a quienes no nos sitúen en la órbita del turismo cultural los días de Semana Santa.


No. No nos dimos cuenta. Y cuando alguna voz reclamó patrimonio (que es lo mismo que reclamar puestos de trabajo, arte, mantenimiento de tradiciones, estar al nivel de los grandes centros y reclamos cofrades andaluces) se le tachó de frivolidad, y se excusó todo bajo el oscuro manto de "la buena fe, la sencillez"... Vamos, la cutrez por bandera.


O en resumen: ¿qué ofrecer de calidad, de original, de novedoso, de patrimonial, de antiguo, de valía, al visitante? Mientras pueden hacerlo pueblos infinitésimamente menores a Motril, este no. ¿Tal vez los cutres carteles oficiales? ¿Las picas de los nazarenos en vez de los cirios? ¿La inexistencia de Estaciones de Penitencia? ¿Imágenes seriadas? ¿Otras de fibras y materiales condenados por Vaticano? ¿Bordados de recorte comprados en el primer mayorista hsipalense? ¿Orfebrerías troqueladas por artesanos locales hartos de copiar y vulnerar la propiedad intelectual de los orfebres sevillanos? Que sí, artistas, que sí, que uno será un frívolo. Pero mientras a Carmona (por ejemplo) van miles, aquí, si no es por la playa, ni el Tato.
De modo que no nos rasguemos nada (menos ahora con la crisis), y aceptemos, que o tocan tiempos de cambio, inversión, madurez y buen gusto cofrade, o la nuestra, será la Semana Santa de la catetez.

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