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lunes, 17 de noviembre de 2008

Más feo que Picio

Finales del siglo XVIII. Un zapatero nacido en Alhendín, pero con residencia en Granada, es condenado a muerte. Responde al apodo de Picio y nos faltan datos de por qué fue condenado a la pena máxima; el caso es que justo cuando se cumple el tiempo, y este va a ser conducido hasta el lugar donde morirá, llega el indulto.Imaginamos por un instante la impresión que a cualquiera puede producir noticia tan grata. El caso es que al zapatero, el efecto fue devastador. La reacción no fue otra que la pérdida del pelo de cabeza, cejas y pestañas, la aparición de unos tumores que deformaron su cara y una expresión que desde entonces, fue tomada como la fealdad personificada.
El zapatero dejó Granada; fue a Lanjarón, al inicio de la Alpujarra, de donde tuvo que escapar a los años, condenado por el pueblo por no entrar en la Iglesia. Y es que, se tapaba para salir a la calle con un paño, y al darle reparo mantenerse oculto por una tela dentro de la Iglesia, prefirió no entrar jamás, por lo que sus vecinos, que ya sabían que fue condenado a muerte, y que además veían en él al prototipo de lo feo, hicieron lo posible porque dejara el pueblo.
Y hete aquí que se vino a Granada de nuevo, donde no tardaría en morir. Estando moribundo, a punto de irse, un sacerdote acudió a su casa. Llegó, alertado de la necesidad de que un hombre de Dios le suministrara el sacramento de la Unción a un moribundo. Pero el cura, al verlo tan feo, tan absolutamente feo, se sirvió de una caña o palo para darle la extremaunción, asustado de sus forma y gestos.
Y desde entonces, queda claro por qué cuando vemos a alguien o algo que no guarda unas mínimas proporciones ni prototipos de gusto, le decimos que es, MÁS FEO QUE PICIO.

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