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sábado, 6 de septiembre de 2008

Fermín

No sé bien qué fue antes, si el motrileño, el amigo, el cofrade... Nació donde tenía y debía, y desde hace años está llamado a ser una voz en medio de los oasis que tan poco se prodigan por Motril. Figúrense hasta qué punto, que por cuanto puede uno estar horas hablando de su trayectoria académica, profesional, cofrade y personal, esta es la única foto que Internet me ha devuelto del protagonista.


Digo que es como una voz desde el oasis de los desiertos del "protagonismo, de la estulticia y de la falsa hipocresía de muchos". Alza el tono natural de su lenguaje para remover a unos y a otros, para desembarazarnos de la carcundia de años, para advertirnos del peligro de estar enfrentados...


Sólo cuenta con el tesoro de los suyos. Algunos son tan pobres, que sólo tienen dinero. Y el es tan rico que se pluriemplea para llegar a fin de mes. Pero en la nómina de la amistad, que cobra a diario y no al mes, siempre tiene plus y paga extra.


No ha sido un Presidente al uso. Quizás sea un ramalazo bohemio como el de Antonio Burgos a lo largo del protocolo del Pregón Oficial sevillano. Su mejor chaqueta es la franqueza, y se anuda, no la seda de una corbata, sino la certeza de hacer las cosas por el bien de todos y no por el propio. Con esos avales, buscó concordia y ganó enemigos. Y es que, a pesar de saber a pies juntillas que Juan predicaba en el desierto, él creyó y creerá que el ser humano prefiere la franqueza a los "chaneles".


Aplaudo su forma directa de entender lo cofrade, porque es procurar una vuelta a la verdad de este mundo. Lo malo es que pocos están dispuestos a cambiar oro por diálogo. ¡Otro gallo nos cantaría!


Al fin, este lunes se marchaba... Sin ruido como llegó, deja una Presidencia que cuesta demasiadas batallas que nunca tienen vencedor. Da igual qué valoración hagan de la gestión que si es buena, nunca se apuntará el tanto, y si es mala, asumirá lo que cueste. Se va como el pregonero oficial de Sevilla, preguntando, "que cuanto se debé aquí"; o lo que es lo mismo, sin buscar una palmada en la espalda y con la fe ciega de darla a quien la merezca.


Su premio: una legión de amigos; el presidente recoge, como en el mundo del toro, los trastos de la faena. Ya da igual si las suertes libradas han sido del gusto del respetable. Él vino "a decir su verdad" y a fe que la ha dicho bien clara. Lo demás, pues como la canción... Está de más.


Fermín se vestirá ahora del azul de su Rosario, del verde de su Esperanza y del blanco de su amistad sin pedir nada a cambio. Dice el refranero que "quien quiera que me compre". Y me gusta tener acciones de su amistad.


-Maestro, tú no des vueltas al ruedo, que la faena no ha sido populista. Procuraste brindarla al sol, a la autenticidad de un mundo cofrade que no siempre entiende de manos tendidas. Pues muy bien; afuera esperan los que entienden esto como tú lo has hecho. Y estos, te damos las gracias.


Habrá otras oportunidades; cuando tu lenguaje sea entendible. Yo estoy convencido que ese día llegará. Y entonces... entonces escribiremos como Dios manda, "una buena crónica pajarera". Desde Chirlos Mirlos o desde Tombuctú.


Gracias, Fermín...

1 comentario:

José Santiago dijo...

Así es, ha sido un gran presidente.