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martes, 30 de septiembre de 2008

LA MEJOR GRANADINA

Su día, un 15 de septiembre, embriagó a toda la ciudad; colas de dos horas y más de veinte mil entregas florales, demostraron una vez más que nada, aboslutamente nada, es tan importante para Granada como ELLA.
Después llegaría la Solemne Novena, que mantuvo a Canónigos, Deanes, Obispos y Arzobispos en la Sagrada Cátedra... Y obligó a realizarla tres veces y no una a lo largo de los nueve días. Y es que, 1.500 personas al día, de nuevo dijeron que lo más importante en Granada, era ELLA.
Y llegó entre majoletas y azofaifas, llegó el último de los domingos de septiembre entre madroños, castañas y tortas de azúcar y cabello. Llegó con algarabía de puestos, de dátiles, de Alpujarras metidas a empellones en puestos por la Carrera y por Bibataubín y por el Embovedado y por la Puerta Real.

Llegó el día frío, porque esta ciudad no sabe de términos medios. Llegaron los Tenientes Generales, los Caballeros del Santo Sepulcro, los Cuerpos Diplomáticos, la Orden de San Hermenegildo, la Real Maestranza de Caballería, las Fuerzas de Seguridad, la pléyade curial de la Sede Metropolitana... Llegó el domingo de las nueve bandas, de veinte mil cirios delante de un paso (que se dice pronto), de calles atestadas de propios y foráneos (hasta suizos, mejicanos, belgas, argentinos y franceses, que vinieron por ELLA) y de emociones...

Y no pudo ser porque llovía a las cinco, cuando la marabunta de un cortejo que a duras penas puede controlarse (y conforman 22.000 almas) ya estaba camino de la Santa Iglesia Catedral de la ciudad. Y ELLA no quiso salir, porque a veces, la Señora de Granada tiene esos caprichos; ni siquiera en 1998, cuando hubo de volverse llegada ya al Embovedado, la Mejor Ciudadana, la Alcaldesa, la Emperatriz, faltó a los suyos. Pero el cielo y Su Augustísima Voluntad no lo quiso.

Y se desató el clamor, y el enfado de los que traspusieron cientos de kilómetros para no faltar a la cita; y tornaron descontentos a las rotondas del Palacio de Exposiciones, donde aguardaban los casi 100 autobuses de viajeros; y dejaron Granada, triste, enhausta pero satisfecha, porque de nuevo vio, que la que manda, es ELLA.



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