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miércoles, 11 de junio de 2008

Muere un piquete en Granada

"No comparto tus ideas, pero sería capaz de dar mi vida porque las pudieras expresar"
(Francois Marie Arouet, "Voltaire")


Un transportista al mando de furgoneta que no quiere secundar la huelga... Tus derechos, acaban donde los míos empiezan; o al menso eso no senseñaron como máxima de todo Estado democrático. Mentira; los huelguistas obligan a la huelga sí o sí. La última general, bajo la legislatura de Aznar, fue dramática. Las denuncias contra sindicalistas, contra huelguistas que amenazaron, cohibieron, agredieron y dañaron el mobliiario público y privado, interminables.


La situación tal que así: 6 trabajadores en el kilómetro 432 de la N-432. Se trata de una concentración de empresarios; aún no se sabe por qué estaban allí esos trabajadores, que no empresariso. Avistan una furgoneta de un conocido súper... Empiezan los apedreos para que se pare; uno de ellos, se encarama a la ventanilla del conductor. Este no quiere parar, no quiere o no puede secundar la huelga. Con qué derecho es detenido... Ninguno.


Al encaramarse a la ventanilla de una furgoneta que ya ha sido apedreada sin explicación previa, el conductor no se detiene (¿quién en ese momento lo haría?) y a consecuencia, el piquete que pretendía frenar a toda costa al trabajador, como él, sale despedido parsa involuntariamente, ser atropellado. El conductor, presa del agresivo estado de nervios del resto de compañeros del ya fallecido, no se detiene para auxiliar a la víctima; si por estar trabajando, ya había sido apedreado, no hay que ser del CSI para profetizar en qué hubiera acabado esto: un fallecido y un herido muy grave, sino dos fallecidos.


Ha muerto una persona; y eso, es muy triste... Será juzgado alguien que involuntariamente y presa de un pánico natural, fue su homicida. El atropellador, es hoy blanco de iras; es un trabajador que no dejaron trabajar; es un transportista al que no le respetaron sus derechos; es un pobre diablo que recibirá mil veces más castigo del merecido y por supuesto, con mayor lesividad y rectitud que los asesinos de ETA.


Hoy ha muerto una persona; y Dios no quiera, por culpa de la más que conocida agresividad y violenta actitud síndico-piquetera, puede que muera poco a poco otra.


Hoy, el fallecido, es vitoreado como un héroe, por arrojar piedras contra un vehículo, violar los derechos de un trabajador y arriesgar imprudentemente su vida; en el otro lado, el atropellador, será vilipendiado sin pudor.


Descanse en paz el piquete de Peligros.

Y descanse en la justa justicia el trabajador, sus derechos, y el que no merecerá la encarnizada crítica del que ya es objeto.

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