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viernes, 2 de mayo de 2008

Bicentenario del 2 de Mayo. España se alza contra su invasor

Marzo de 1808... Las ideas napoleónicas pasan por conquistar Europa; España es codiciada como pocos: sigue siendo un vasto y extenso Imperio que posee América, Filipinas y estratégicas plazas fuertes afro-asiáticas. La propia Península Ibérica es el centro de atención de ingleses y franceses.

Ocupado el territorio, Fernando VII, no recibe el trono español como le pertenecía. Napoleón tiene otros planes para España, que pasan por subir a su trono a un francés de nombre José: el hermano del general Bonaparte. La familia real está en Francia, en un encierro cómodo y digno, pero cautiva al fin y al cabo. Madrid ha sido tomada por las tropas francesas. Y entoces, con la ciudad ocupada por los franceses y los reyes y familia real camino de Bayona, a primera hora del 2 de mayo, salió el joven infante de Palacio, transportado en coche. Un cerrajero, Blas Molina, penetró entonces en el edificio y salió a uno de sus balcones gritando a la multitud de desocupados y curiosos que observaban el acto:
“¡Traición!
¡Nos han quitado a nuestro rey
y quieren llevarse a todos los miembros de la familia real!
¡Muerte a los franceses!”.

De tal modo, el último Borbón que quedaba en España, hijo de Carlos IV, removió la condición del pueblo, que no dudo en ver la invasión en toda regla que estaba viviendo, para así levantarse en armas contra los intrusos y enemigos. Fue pues Francisco de Paula, el que sirvió de detonante y coartada del célebre Levantamiento del dos de mayo.

Querían los madrileños vengar a sus muertos; los que había reprimido por no ser afrancesados, el invasor y francés Murat, que gobernaba desde Marzo España.
Los madrileños descubrieron en ese instante las necesidades de la guerra callejera: constitución de partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos; obligación de proveerse de armas (luchaban navajas frente a sables); necesidad de impedir la llegada de nuevas tropas francesas...

Todo esto no fue suficiente y Murat pudo poner en práctica una táctica tan sencilla como eficaz. Cuando los madrileños quisieron hacerse con las puertas de la cerca de Madrid para impedir la llegada de las fuerzas francesas acantonadas fuera de Madrid, el grueso de las tropas de Murat (unos 30.000 hombres) ya había penetrado en la ciudad, haciendo un movimiento concéntrico para adentrarse en Madrid.

Si bien la resistencia al avance francés fue mucho más eficaz de lo que Murat había previsto, especialmente en la Puerta de Toledo, la Puerta del Sol y el Parque de Artillería de Monteleón, esta operación permitió a Murat someter a Madrid bajo la jurisdicción militar. Esto fue, tratar a los madrileños como rebeldes. Puso igualmente bajo sus órdenes a la Junta de Gobierno.

Poco a poco, los focos de resistencia fueron cayendo. Acuchillamientos, degollamientos, detenciones... Mamelucos y lanceros napoleónicos extremaron su crueldad con el pueblo madrileño. Cientos de españoles, hombres y mujeres, y soldados franceses murieron en esta refriega. El lienzo de Goya, "La carga de los Mamelucos" refleja la luchas desiguales entre los ciudadanos y los temidos soldados egipcios que peleaban a favor de Francia, ese 2 de Mayo de hace 200 años.

El siempre fiel ejército español, a cuyo frente se puso el acuartelamiento de Artillería de Monteleón, comandado por los capitanes Luís Daoíz Torres y Pedro Velarde Santillán se afanaron en la defensa española de Madrid, y al tomar partida el ejército, tomaba partida la Nación de la necesidad de despojarnos del invasor, del intruso.

Pero El Dos de Mayo de 1808 no fue la rebelión del Estado español contra los franceses, sino la del pueblo español contra el ocupante. El dos de Mayo significó la rabia, la toma de conciencia, el ardoroso deseo de independencia del pueblo de España, que supo ver antes que los estamentos, la necedad de permitir a los hombres de Napoleón entre nosotros.

Fue el pueblo duramente reprimido, con una crueldad única...
Fue masacrado, fusilado, asesinado por los coraceros de un Napoleón que nunca tuvo miramientos, que poco le importó España y los españoles. El cuñado de Napoleón, verdadero mandamás en Madrid, el mariscal Murat, no conforme con haber aplacado el levantamiento, se planteó tres objetivos: controlar la administración y el ejército español; aplicar un riguroso castigo a los rebeldes para escarmiento de todos los españoles; y afirmar que era él quien gobernaba España. La tarde del 2 de mayo firmó un decreto que creó una comisión militar, presidida por el general Grouchy, para sentenciar a muerte a todos cuantos hubiesen sido cogidos con las armas en la mano (Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas). El Consejo de Castilla publicó una proclama en la que se declaró ilícita cualquier reunión en sitios públicos y se ordenó la entrega de todas las armas, blancas o de fuego. Militares españoles colaboraron con Grouchy en la comisión militar. En estos primeros momentos, las clases pudientes parecieron preferir el triunfo de las armas de Murat antes que el de los patriotas, compuestos únicamente de las clases populares.

En el Salón del Prado y en los campos de La Moncloa se fusiló a centenares de patriotas. Quizá unos mil españoles perdieron la vida en el levantamiento y los fusilamientos subsiguientes. Así lo vio el genial Francisco de Goya; así lo traigo hoy aquí, para homenaje a aquellos que dieron su vida por España, un 2 de Mayo de hace 200 años.

Si pensó Murat que había acabado con los ímpetus revolucionarios de los españoles, habiéndoles infundido un miedo pavoroso (garantizando para sí mismo la corona de España), la sangre derramada no hizo sino inflamar los ánimos de los españoles y dar la señal de comienzo de la lucha en toda España contra las tropas invasoras.
El mismo 2 de mayo por la tarde, en la villa de Móstoles, ante las noticias horribles que traídas por los fugitivos de la represión en la capital, un destacado político (Secretario del Almirantazgo y Fiscal del Supremo Consejo de Guerra), Juan Pérez Villamil, hizo firmar a los alcaldes del pueblo (Andrés Torrejón y Simón Hernández) un bando en el que se llamaba a todos los españoles a empuñar las armas en contra del invasor, empezando por acudir al socorro de la capital. Dicho bando haría, de un modo indirecto, comenzar el levantamiento general, cuyos primeros movimientos (suspendidos, eso sí) fueron los que promovieron el corregidor de Talavera de la Reina, Pedro Pérez de la Mula, y el alcalde Mayor de Trujillo, Antonio Martín Rivas: ambas autoridades prepararon alistamientos de voluntarios, con víveres y armas, más la movilización de tropas, para acudir al auxilio de la capital.

Empezó una guerra que duraría más de cuatro años; vencimos a los franceses, como antes nunca hubiera sucedido. España, libre, quedó para los españoles, y no para que nos conquistara nadie. Hoy, se cumplen 200 años de un hecho que significa mucho más de lo que algunos crean; el
ESPÍRITU ESPAÑOL, EL HONOR, EL ORGULLO Y SU SENTIMIENTO NACIONAL. TODAVÍA MUCHOS ESPAÑOLES, SIGUEN VIVIENDO Y SINTIENDO, ESE ORGULLO PATRIO.

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