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lunes, 28 de abril de 2008

El niño con el pijama de rayas

Me considero un activo lector que muy especialmente devora obras de narrativa histórica. Natura obliga.

Hace una semana, caía en mis manos un libro de escueto tamaño y sugerente recomendación. El editor decía de él que debieran leerlo los niños; que no era oportuno describirlo a manera de sinopsis; que había que digerirlo sin más, empezando sin conocer su contenido... Y que trataba de un niño y de un amigo de este, con su pijama de rayas.

Empecé a leerlo y al cabo de las tres horas lo había acabado. Nunca antes leí nada de su autor; nunca antes, una novela redactada de manera tan sencilla, directa y contundente, me había sorprendido tanto; nunca antes, sentí la necesidad de traer hasta esta Alacena, un libro que recomendar.


Me considero fiel devorador de cuanto sale de la inventiva de Gabriel García Márquez. No hago asco alguno, todo lo contrario, a los clásicos; y estoy firmemente convencido que desde que la literatura actual cuenta con Pérez Reverte, todo lo demás alcanza harto difícil la calidad de don Arturo. Me gusta Julia Navarro, porque a mi juicio, su dote para reflejar lo más fielmente posible el hecho histórico, diferencian sus obras de Dan Brown, por ejemplo.


Carlos Ruiz Zafón entra en el universo de mis predilectos, como lo hizo Ildefonso Falcones con la Catedral del Mar; y por supuesto, Alessandro Baricco es punta de diamante de las actuales letras.


Pero nunca antes hube oído hablar de John Boyne; el libro que les traigo es seductor desde sus inicios; la fluidez con la que transcurre el nudo novelístico, ayuda a mantenerse en vilo. Recurre a un lenguaje simplista, fácil y de esponjoso talento. Nada parece inquietante a pesar de lo inquietante que cuenta; y simplemente, es emotivo, fértil y directo a la razón.
Para adultos o para niños, o para ambos, o porque merece la pena reflexionar desde la transigente categoría de esta obra, que escribiera el irlandés y que ya ha sido llevada al cine, a la espera de su estreno.


No pierdan ocasión de leer la historia de un niño, cuyo mejor amigo, llevaba "un pijama de rayas".

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