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lunes, 21 de abril de 2008

Corre corre caballito...

Lo prometió y lo va a cumplir. Así es. Lo dijo en la precampaña y ahora se acerca el momento.

Adiós al caballo y a su jinete que coronaron desde el gobierno tripartito del alcalde socialista Moratalla, un edificio consistorial que ha sufrido más remodelaciones, cada una que venía más sanguinaria, de las que mereció.

El Ayuntamiento de una ciudad que si de algo puede presumir es de patrimonio histórico, está acogido en un antiguo espacio arquitéctonico conventual. La plaza que lo precede, fue uno de los claustros de aquel edifico carmelitano que la Desamortización de Mendizábal, condenó en su origen. Una fachada clasicista que se vio una noche, modificada sin más. Gobernaba un cirujano que todos tienen por un perfecto caballero, de modo que al no haberlo tratado más que en fugaces ocasiones, desde aquí repito lo oído. Moratalla, un señor.


Mire usted por donde que el señor, además alcalde, no fue el más votado por lo que una conjunción PSOE (su partido), IU y PA, le dieron la silla que rige los designios de Granada. Cualquier decisión adoptada, ya empieza a carecer de toda legitimidad, o mejor dicho, sus decisiones se prestaban a una cautelosa legitimidad democrática (que no quiere decir que estuviesen revestidos de legalidad) que además, sus socios de gobierno consintieron en alimentar.

El afamado artista Pérez Villalta ideó una simbología artística que bajo el nombre de "El instante preciso", nos trae un caballo desproporcionado y sostenido sobre sus cuartos traseros y una de sus manos (al parecer, la equitación llama mano a la pata delantera) que es cabalgado por un hombre desnudo, con los ojos vendados y una bola dorada en la mano derecha. ¿Qué representa? Pues ni yo ni nadie con cierta preparación académica hemos llegado a saberlo aún hoy. Y además, ¿qué representa sobre un edificio que es símbolo del poder civil de Granada? Pues menos si cabe, lo sabemos.



Para colmo de males, Villalta sólo lo dibujó, encargándose otro de su ejecución. Y como quiera que iba a traer polémica, los dirigentes progresistas del momento, lo subieron una noche-madrugada de diciembre, para más irritación del granadino, que vio una cierta alevosía en ello (y por supuesto nocturnidad premeditada) sobre un Ayuntamiento que acababa de ser desposeido de su frontispicio curvo que restaba la excesiva horizontalidad que tiene la fachada, amén de un clásico y atractivo reloj cuyo lugar usurpó otro con un lema más propio del univeros kafkiano, o cuando menos, de la poesía del mayor acervo surrealista que pocos mortales entienden.


Tales estatuas frecuentemente conmemoraron líderes militares y a los líderes en general (desde la fundación de Roma por la clase ecuestre, los equites o caballeros) de la sociedad romana. Esta tendencia prosiguió durante siglos, como prueba la presencia en EE.UU. de monumentos ecuestres a los presidentes George Whasington o Theodore Rossevelt. Los estudiosos del arte, crearon un modelo iconográfico claro, ya en el siglo XIX; los monarcas y grandes estadistas militares, serían representados sobre un caballo; los intelectuales y artistas, sedentes.


Cambiar siglos de tradición de un plumazo, me parece una licencia demasiado atrevida para cualquier artista contemporáneo, por mucho que las nuevas corrientes del arte pretendan romper con las fórmulas tradicionales. Lo respeto, pero no a costa de desvirtuar un escenario como es el casco histórico de una ciudad tal como Granada, y mucho menos, entrando en la contradicción estética y en el impacto visual, de ubicar una estatua absolutamente conceptual, muy contemporánea, de lenguaje moderno, sobre un edificio diametralmente distinto y opuesto en estilo, decoración e incluso simbología.


Desde al menos, hace 18 siglos (estatua ecuestre del Emperador Marco Aurelio), sobre un caballo se representaban a los héroes del arte de la guerra, grandes de la aristocracia o reyes; puede ser una visión desfasada, pero ningún artista debe osar a modificar el entendimiento colectivo. No sé qué querrían decirnos el jinete desnudo con una bola en la mano, y su caballo sobre otras tres, pero no ha sido el sitio adecuado para tamaña pieza.


Granada va a reformar (Dios quiera que por última vez en mucho tiempo) su Casa Consistorial, aquella que fue convento, aquella que esconde piezas artísticas de extraordinario valor; aquella que representa a todos los ciudadanos, amantes de los mensajes encriptados, y los que no.


El caballo irá destinado a otro lugar. El propio Moratalla reconoció que su ubicación era reversible (se podía quitar), por lo que ni el ex-alcalde y los suyos debieron tener nunca plena seguridad de la permanencia del équido. Ahora, a darle la dignidad estética que merece la historia constructiva de Granada, al edificio de su gobierno.

2 comentarios:

Gerardo Martín R. dijo...

Anda que el cabreo que va a pillar el que les vendía la paja pal caballo.

Un abrazo hermano.

José Santiago dijo...

Vaya follín con el caballo dichoso,
mira que lo ponga a la entrada del tunel de la Gorgoracha, para que delimite la frontera entre Graná y Motril.