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viernes, 29 de febrero de 2008

VAMOS PARA ATRÁS

..."Dicen los viejos que en este país
hubo una guerra y hay dos Españas
que guardan aún,
el rencor de viejas deudas..."
..."Pero yo sólo he visto gente
que sufre y calla
dolor y miedo,
gente que sólo desea su pan,
su hembra
y la fiesta en paz..."


Corría 1976. Acababa de expirar el gobierno autoritario del General Francisco Franco. Los tiempos, no eran propicios para otra cosa más que el entendimiento, el proyecto común de la ansiada democracia. Tiempos en los que, políticos, padres de la Constitución, izquierdistas y conservadores (nunca deben estos ser confundidos con la derecha extrema, como tampoco los progresistas con la izquierda extrema, conste en acta), gente llana, ESPAÑA ENTERA, prefirió enterrar un hacha de guerra trasnochada y sin sentido, y cerrar por siempre el vergonzoso capítulo de la muerte: la Guerra Civil y sus consecuencias.


Corría 1976 y los hijos directos de la Dictadura, porque no habían conocido otro sistema de gobierno, tenían a todas luces, muchos más criterios y ansias por zanjar odios, rencillas y reproches. Y pasan más de treinta años, y nos da por reavivar los fuegos de un pasado que dista mucho de merecer el más mínimo recuerdo. Como se enterró la masacre humana y patrimonial que supuso para España la invasión napoleónica. A la historia y los historiadores, compete ahora resolver las claves, juzgar desde la letra y el raciocinio y escribir con vehemencia y verdad, lo que no debiéramos repetir. Y ya está. No podemos mirar hacia el futuro a base de enfrentar posturas, algunas, ampliamente dormidas en la memoria personal. Los dramas de hace más de 70 años, terminaron por superarse, que a fin de cuentas, el tiempo lo cicatriza todo. Hoy, la herida revanchista, florece y es visible sin pudor. En uno y otro bando, se suceden las historias criminales e inhumanas. En mi familia, el recuerdo a las víctimas, presas de las manos izquierdistas, dormía el sueño de los justos. Amigos míos, al contrario... Nunca unos y otros dijimos más que: "ojalá nunca suceda tamaña criminalidad, impresionante barbarie". No es ni justo, ni moral, ni ético, ni legítimo (y a mi juicio, ni legal) que un partido arranque de cuajo a buena parte del país la idea de paz y de nueva forma de construir el futuro, gestado en un tiempo de Transición, tenido como impecable por el resto de la opinión socio-política mundial. España sirvió de ejemplo, desde la muerte de Franco a la entrada en vigor del texto constitucional. Fuimos aplaudidos a nivel internacional por nuestro esfuerzo y pretensión de enterrar un pasado imposible de cambiar, pero con la lección aprendida, para que nunca más, volviera a repetirse.

Hoy, gracias a un intento electoralista ruín y zafio, la mal llevada y traida Memoria Histórica, desune una nación, que tiene en los problemas laborales, económicos y de terrorismo, mayores quebraderos de cabeza. Me merece el mismo respeto, el que murió (republicano, nacional...) a manos de otro porque sí. Me preocupa la muerte, no el homenaje póstumo y la consideración que al finado pueda hacérsele. El horror no es otro que el cadáver. El horror no es que, toda vez que yace una persona sin vida, tenga después el entierro que merece. Lo que merece España, es que no haya más cadáveres, no que estos sean recordados a bombo y platillo, con placa de mármol y bandera y pebetero. Flaco favor al que muere; flaco favor al que vive.

Esa estupidez incomprensible, responde a un ejercicio de reescritura histórica. Todo cambia, es posible, pero lo peor es que también cambian las formas de ver las cosas. Las perlas que a continuación dejo, no ofrecen lugar a equívocos. En vez de llamar a las cosas por su nombre, este gobierno incapaz, nos ofrece una lectura falaz e insultante. ¡Cómo para confiar más en su ejercicio político!



Extorsión de ETA a empresarios/"Incidentes de recorrido"-Enric Sopena
Atentados de ETA que acaban en asesinatos/"Accidentes"-Zapatero
Abortos o infanticidios/"Legrados terapéuticos"-Gobierno socialista
Chantaje de ETA/"Proceso de Paz"-Gobierno socialista

Algún día, la historia terminará hablando. La crispación pretendida por Zapatero y los suyos, puede pasar factura. Hay que preocuparse de los vivos, que los muertos, llevan la desgracia de la privación de la vida. Y ojalá, ningún nietto o biznieto de un finado hace tres cuartos de siglo, quede contaminado por la sectaria y politizada visión gubernamental, y quiera deshacer entuertos, con un arma en las manos.

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