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miércoles, 7 de noviembre de 2007

Pido la paz y la palabra

Como quiera que tal día como hoy, se estrenara en 1955 la inmortal obra del inmortal Blas de Otero, dejen que sea el poeta el que cuele en esta entrada, como canto a la cordura que tanto falta en estos tiempos:



Ni una palabra
brotará en mis labios
que no sea
verdad.
Ni una sílaba,
que no sea
necesaria.
Viví
para ver
el árbol
de las palabras, di
testimonio
del hombre, hoja a hoja.
Quemé las naves
del viento.
Destruí
los sueños, planté
palabras
vivas.

Pido la paz y la palabra

Escribo
en defensa del reino
del hombre y su justicia. Pido
la paz
y la palabra. He dicho
«silencio»,
«sombra»,
«vacío»
etcétera.
Digo
«del hombre y su justicia»,
«océano pacífico»,
lo que me dejan.
Pido
la paz y la palabra.

Si he perdido la vida.


Y yo pido la palabra, para quejarme de esto:


Agricultores y ganaderos salieron perjudicados por el bajo precio de los productos, han convocado protestas para este mes y piden soluciones urgentes al Gobierno. Éste, el Gobierno, admite su desconcierto por la notable alza inflacionista de octubre. “No lo acabamos de entender muy bien”, confesó hace una semana el propio vicepresidente económico, Pedro Solbes. Hasta 17 alimentos frescos, más de la mitad de la cesta que analiza el Ministerio, han elevado su precio en tasa interanual por encima del IPC, llegando a ser ahora, cuatro veces más caros, como el caso de la sardina, la cebolla o la carne de pollo, que cuestan hasta un 22% más. De verdadero infarto. De la muy optimista previsión de crecimiento económico que nos dijo el Ejecutivo de ZP (otra mentira más), que auguraba ser hacia un 3,5%, se pasa a un 2,7%.


La crisis económica es real; o al menos lo es la desaceleración de la economía española... Traducido al lenguaje de la calle: ha vuelto a subir la tasa de parados, muy por encima de la que existía bajo el mandato de Aznar, y ya nos acercamos a los dos millones casi cien mil desempleados. Los crecimientos económicos no son tan halagüeños como nos dijeron, los precios suben y de qué manera; a esto, añadan el tipo de interés, por las nubes, asfixiando a los que pagan hipotecas, la inmensa mayoría. Y horror, horror, llega la Navidad, y se prevé nuevas subidas en los precios de los productos de necesidad básica: la alimentación.

Tenemos casi 60.000 parados más que el año pasado. Cae la competitividad de la economía española frente al resto de Europa. Se han multiplicado por tres el número de familias declaradas en quiebra (23 más) y en la calle, se vive una amarga sensación de crisis.

Mientras, nos preocupa un estatuto que puede entrar en liza con la Constitución. Nos desgañitamos hablando de la culpabilidad intelectual del 11-M, que incomprensiblemente, un demócrata que nos co-dirige como Pepe Blanco, cuelga al Ejecutivo anterior (¿podría incurrir en delito, falta al honor...?) y Ceuta y Melilla son el ojo de un huracán que a muchos nos encanta: sentirse español y afín al Jefe de Estado, de las Fuerzas Armadas y Rey de España, por la Gracia de Dios, de la Democracia que él impulsó y de las urnas constituyentes y propias de un Estado de Derecho.

Pues eso... Que mientras a nuestro simpar ZP se le siga ocurriendo la necedad inmoral del diálogo con el asesino, la manga bien ancha para la independencia irracional y suba la inflación, se disparen los precios, haya más parados, más arruinados y se permita que a Su Majestad el Rey se le pueda insultar (como a la Cadena COPE, a la Iglesia y a todo lo que no sea progre, vascongado, catalán o zapaterista), ESPAÑA, IRÁ REMATADAMENTE MAL.


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