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lunes, 5 de noviembre de 2007

EN PRO DE UNA MEMORIA HISTÓRICA. CAPÍTULO IV: LA PERSECUCIÓN DE CATÓLICOS EN LA REPÚBLICA. (¿Y EN 2007?)

A la izquierda, el cadáver de una religiosa, en manos de tropas de la izquierda.


Ya hace más de una semana que en Roma fueron beatificados casi 500 mártires de Cristo. Me he esperado con toda la intención del mundo. He releído continuamente las opiniones progresistas de este país, y no he podido contenerme más. El atajo de calumnias desmedidas que han lanzado sobre un hecho de fe de los católicos, no deja lugar a dudas del intransigente pensamiento de las izquierdas de España. No se trata de emular la reparación de las víctimas de la guerra civil. Aquí no puede aplicarse el rasero de la Memoria Histórica; porque lo que celebran y promulgan los creyentes, no es el reconocimiento a los muertos, no, sino el testimonio de fe.

Vamos, que no puede decirse que esto mismo buscan los familiares (o no, o muchos en pos de réditos electorales) de los asesinados del bando republicano. No se trata del derecho a un entierro digno o el reconocimiento que tuvieron unos y otros no. Independientemente de que estos 498 religiosos son también víctimas de una barbarie, la Iglesia los entiende como beatos porque murieron por su credo y su fe. Si no se es católico, ni practicante, no puede participarse de este debate, ni menos opinar de algo que a fin de cuentas, sólo interesa a los que componen la Iglesia de Cristo.

Pero hete ahí que algunos son capaces de hablar sin deber. La vela del entierro que no les ha sido dada, la encienden voluntariamente. Es muy necio abstraerse de los condicionantes religiosos y no querer formar parte de ellos, pero sentirse a mal con las decisiones de las instituciones, que a priori, ni les va ni les viene.

Ayer domingo, leía en el diario local La Opinión de Granada, una noticia firmada por L.O. a cerca de la Ley de Memoria, que permitirá a las Iglesias conservar sus símbolos y recordatorios de los que murieron por su fe. El periodista, en un acto más de felonía, de estos que abundan tanto últimamente, se atrevía a decir que la lápida catedralicia de Granada, se inscribe con, “ ...parece ser, víctimas...”.

No; no parece ser, no. Son víctimas asesinadas por ser católicos.

La Revista de Historia de la Universidad Complutense de Madrid, con la colaboración de docentes universitarios, doctores e historiadores de reputada trayectoria, llegaba a la conclusión, que la Iglesia Católica, desde la proclamación de la Segunda República, se había situado en un clima de imparcialidad, fomentado por el Nuncio de Su Santidad, el Cardenal Tedeschini, así como que había sido neutral desde la proclamación del 14 de Abril, hasta que los ataques de liberales y republicanos a conventos y templos de toda la nación, resultan muy lesivos.

El Obispo Vidal y Barraquer, escribía en una Carta Pastoral: “...como buenos cristianos, deben obedecer a la autoridad constituida...” Desde la diócesis de Astorga, se decía que: “...a Dios debemos rogar que cambio tan radical en el gobierno de nuestra nación, se haya producido así...” Desde la diócesis de Tarragona, se llamaba a la colaboración con las autoridades. Pero erraron en su intento de tender la mano los obispos de España, sin saber que “la debilidad de los gobernantes” y la extrema radicalidad de las tendencias comunistas y anarquistas, desencadenarían lo que sigue.

10 de Mayo de 1931: incendio de la biblioteca jesuítica de Madrid, donde se pierden 80.000 volúmenes.

10-12 de Mayo de 1931: clima anticlerical que obliga a declarar el “Estado de Guerra” en Madrid; arden 11 conventos: Carmelitas de calle Ferraz, convento de Maravillas de Cuatro Caminos, el Sagrado Corazón de Chamartín, la residencia religiosa de la calle Isabel la Católica, las mercedarias de la cale Bravo Murillo, las salesianas de la calle Villamil, las mercedarias de la calle San Fernando, las salesianas de Bella Vista y los jesuitas de la calle de la Flor, de la calle de Bravo Aguilera y de Chamartín.

Antes del fin de Mayo de 1931, han ardido en España, 110 iglesias y conventos, en especial en Madrid, Huelva, Cádiz, Córdoba, Sevilla, Málaga, Murcia, Valencia y Alicante.

11 de Mayo de 1931: el obispo de Málaga, se refugia en Gibraltar, dado el clima anticlerical de la ciudad, y las amenazas recibidas.

13 de Mayo de 1931: los Obispos de Vitoria y Múgica, salen de España, forzados y obligados.

13 de Mayo de 1931: artículo de Diego San José en El Liberal. “El cólera y los frailes. He aquí dos epidemias distintas...la última, imposible de exterminar...”

13 de Mayo: se prohíbe la enseñanza religiosa en los centros y se suprime cualquier símbolo católico de los edificios religiosos.

14 de Mayo de 1931: son atacados aunque pueden ser salvados de un incendio que los arrase, los conventos madrileños de los luises, de la calle Nicolás María Rivero, el de Jesús, en la Plaza de este nombre, los trinitarios de la calle marqués de Urquijo, los paúles de la calle García de Paredes, los escolapios de la calle Torrijos, los carmelitas de la calle Ayala, la capilla del Beato Orozco en la calle Goya, los marianistas de Vallecas, el Oratorio de la calle Caballero de Gracia, las monjas de San Bernardo, el convento de la calle Evaristo San Miguel,

14 de Mayo de 1931: artículo del luego diputado republicano Roberto Castrovido en el diario El Liberal: “... la relatividad del progreso está en la destrucción de los inmuebles... en el magnífico instituto que los jesuitas poseen en la calle Aguilera, se puede instalar la Escuela Industrial...¿en las Maravillas no pudimos establecer una normal de maestros?... Al Seminario le tengo echado el ojo.”

15 de Mayo de 1931: en el periódico La libertad, Luís de Tapia, del partido radical socialista, dice de los 170 conventos que había en Madrid: “170 centros de la incultura/170 nidos de la vagancia/170 claustros de la enseñanza que se opone a la que avanza/170 sembrados de errores/ 170 hogares del egoísmo...” Y termina su copla, así; “quizás quemarlos sea pasar la raya, más también es barbarie, el que los haya”.

16 de Mayo de 1931: Declaración colectiva pastoral de los reverendísimos metropolitanos españoles.

Los boletines episcopales guardan silencio. Ninguna pastoral ni exhortación de ningún obispo, se atreve a llamar a la revuelta católica. No queda, porque no hubo, testimonio alguno de que la jerarquía eclesiástica contestara a este agravio, llamando a la sublevación. Las pastorales de las diócesis de mayo de 1931, hablan del Sagrado Corazón, del Rosario y su rezo... El obispo de Madrid y el de Tarazona, incluso felicitan al gobierno porque “...como representante de una nación de abolengo, ha manifestado hondo pesar por estos hechos”.

22 de Mayo de 1931: un Decreto gubernamental impide a las autoridades civiles, participar en cualquier actividad de la Iglesia católica. No se les deja opción de decidir.

Fines de Mayo de 1931: el obispo de Madrid, cambia su discurso y retira su apoyo y favor a la causa republicana, después de que en su diócesis se hayan calcinado 11 conventos, y atacado a otros 10 más.

11 de Junio de 1931: se suspenden las celebraciones del jueves de Corpus, y no procesiona en muchas ciudades.

15 de junio de 1931: se expulsa al Cardenal Primado de España. Segura, había sido crítico, y no es para menos, con un gobierno incapaz de controlar el orden público, EN un maravilloso ejercicio democrático y liberal, los republicanos, lo echan de España. Pero con los que queman templos, no hacen nada, ni una sola condena.

16-18 de Junio de 1931: los obispos españoles que salieron condenando los atentados contra los bienes de la Iglesia, son expulsados del país.

Se recogen más de 700.000 firmas en apoyo de los obispos, que no producen cambio alguno en el gobierno. Simplemente, desoye la opinión del pueblo. (heraldo de Madrid, del 19 de Junio).

9 de Diciembre de 1931 se prohíben las obras sociales y humanitarias religiosas, sin sustituirse éstas por otras de orden civil, quedando miles de personas que vivían gracias a la Iglesia desprotegidas.

24 de Enero de 1932, se procede a la disolución de la Compañía de Jesús y a confiscar todos sus bienes.

24 de Marzo de 1933: Las Cortes españolas nacionalizan y confiscan los bienes de la Iglesia.

19 de Mayo de 1933, se prohíbe la enseñanza a las Órdenes Religiosas e Instituciones Católicas. 8.00 maestros se quedan sin trabajo. Miles de escuelas, sin maestros. Esta medida, estaba en contra de la Constitución que fuera aprobada el 9 de Diciembre de 1931, a cerca de la laicidad del Estado, y el respeto de este a cualquier religión. Parece ser que a la católica, desde luego, NO.

Durante el primer semestre de 1936, después del triunfo del Frente Popular, formado por socialistas, comunistas y otros grupos radicales, se produjeron atentados más graves, con nuevos incendios de templos, derribos de cruces, expulsiones de párrocos, prohibición de entierros y procesiones, y amenazas de mayores violencias

La sinagoga de Barcelona fue quemada en 1936 por revolucionarios de izquierdas. La mayoría de los judíos, estallada la guerra, apoyaron a Franco e incluso destinaron ayudas para su causa, algo que el propio general reconoció en 1950 cuando señaló que sin el apoyo de los judíos de Tetuán no habrían podido desembarcar en la Península Ibérica». Parece que los republicanos, no amasaron amistad con ninguna persona religiosa.

Desde el 18 de julio hasta el final de ese mes, las víctimas del clero ascendieron a 861; en agosto, a 2.077, con una media de sesenta muertes al día. En el otoño los asesinatos continuaron, a pesar de que su número disminuyó, y a principios de 1937 descendieron sensiblemente.

Se cifran en más de 10.000 las personas que murieron y fueron perseguidas por la izquierda de España, sólo por su condición de católicos. En concreto, de ese total, 6.832 religiosos resultaron asesinados. 4.184 eran sacerdotes del clero secular (entre ellos, 12 obispos y un administrador apostólico), 2.365 religiosos y 283 religiosas.
Por su condición católica, más que ningún otro colectivo, fueron fusilados los españoles. En la diócesis de Barbastro, de 140 sacerdotes quedaron 17; en Madrid murió el 30% del clero; en Toledo, el 48%. En Valencia se destruyeron, total o parcialmente, 2.300 templos; en Barcelona quedaron dañados todos menos diez.

A la espeluznante cifra de muertos, hay que sumar la cantidad de patrimonio histórico perdido, obras de arte de primera magnitud, pasto de las llamas. La historia de España, que querían borrar de un plumazo. ¿Se parece un poco a la actitud persecutora del gobierno socialista actual?

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