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viernes, 23 de noviembre de 2007

DON ANTONIO BURGOS ES INSUPERABLE (artículo de opinión de hoy, firmado por el maestro en ABC)

Esto tiene música de Rapael (con PH neutro, como el champú de los niños chicos): «Escándalo, es un escándalo...». El Ministerio de Cultura ha premiado la peatonalización de la Avenida, incluidas las catetarias y el tranvía-anuncio que es como un continuo viaje del Imserso, pues va lleno de jubilados dando vueltas y más vueltas de balde. Como no les cuesta un duro, y el alcalde los convida a subirse a las calesitas y a los cacharritos, están encantados. ¿No van a votar en masa al PSOE, papafritas del PP?
Si el Ministerio de Cultura premia a la Avenida, ¿qué no premiará el Ministerio de Incultura? ¿Pero qué Ministerio ha premiado a la Avenida? ¿El de antes, el de la cateta de Carmen Calvo? ¿Es un premio Pixie y Dixie? En tal caso, se explica: como a todos los catetos, a Carmen Calvo le encantará cómo han dejado la Avenida. Lo malo es que parece que no, que es el Ministerio de César Antonio Molina, hombre culto, «leído y escribido», viajado. (Sí, Molina, como los frailes de Regina, el que va a abrir un Instituto Cervantes en Gibraltar, donde la lengua española no corre el menor peligro, y donde además se habla el andaluz más sonoro y libre, porque los llanitos se empeñan en poner las eses, trabucándolas como Chaves, cuando se expresan en inglés. Pero cuando lo hacen en español, hablan en la modalidad fonética andaluza más bella, menos acomplejada y más sonora y hermosa de todo el sur de Despeñaperros. Donde Molina tenía que abrir Institutos Cervantes y echarle cojones era en las Vascongadas y en Cataluña, que allí sí que está amenazada la lengua, que ni se enseña ya en los colegios, y ahí sí que te la juegas si hablas español, ¿pero en el Gibraltar andalucísimo, hijo mío?)
Si los jornaleros del SOC formaron la garata cuando le dieron la Medalla de Andalucía a la Duquesa de Alba, deberíamos armar la del tigre, con pancartas y banderas de Sevilla, porque el Ministerio de Cultura haya galardonado la destrucción de la Avenida: tan absurdo como si los Verdes Antitaurinos premian a Manuel Jesús «El Cid». Sí, he dicho destrucción. A la Avenida no la han peatonalizado: la han destruido. Le han quitado todo su encanto, sevillanísimo. La han disfrazado de calle de Austria, de Alemania, de Holanda. Se la han cargado. Sí, ya sé, a los catetos les encanta. Les encanta a los jubilados de los barrios que vienen a dar vueltas gratis en el tranvía como quien se monta en los cacharritos de la Calle del Infierno. Eso justamente es la Avenida. La calle principal de este infierno cateto en que han convertido aquel paraíso con el encanto veneciano de la decadencia al que llamábamos Sevilla.
Y prepárense, que lo mejor, como dice Del Nido, está por llegar. Si el Ministerio de Cultura ha premiado a la Avenida, ¿se imaginan el pedazo de premio que le van a dar a La Alfalfa, cuando terminen de perpetrar los crímenes que están cometiendo allí? Cuando los del Ministerio vean lo que han hecho con la Alameda, ay, mi Alameda, ¿qué premio le van a dar? ¿Y las setas de la Encarnación? Bueno, cuando vean las setas es que les darán, del tirón, el premio Cervantes, el Nacional de Arquitectura, la Medalla de Oro de Bellas Artes y la Gran Cruz de Alfonso el Sabio, antes Burro. Si aquí hubiera conciencia cívica en vez de este preocupante perfil plano, igual que los vecinos del Arenal cogieron las escobillas y pintaron los pasos de cebra, los sufridores de la Avenida cogeríamos a Joaquín Moeckel y nos iríamos con él al Juzgado de Guardia, para denunciar a los culpables del escandaloso premio. Demandaríamos por lesa sevillanía a los autores del desaguisado, a saber: José Jiménez, director general de Bellas Artes; Juan José Echevarría, director de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Madrid; Manuel de las Casas, catedrático de la ETSA de Madrid; José Manuel Cañizares, del Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad e Isabel Navarro, del Consejo Internacional de Monumentos. Y pediríamos para ellos una pena terrible: que se vinieran a vivir obligatoriamente dos meses al Prado de San Sebastián, para que sufran los ruidos del tranvía a la desolada sombra de las catetarias en flor.
(Y un óle para el PA, que ha pedido lo mismo que Rafael Manzano: la voladura de las setas de la Encarnación. Pero que sea con dinamita de la buena, ¿eh? ¡Menudo Algarrobico y menudo Atlanterra tenemos en pleno centro de Sevilla!).

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