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miércoles, 3 de octubre de 2007

Libertad, laicidad, aconfesionalidad... ¿quién se lo cree?


A estas alturas de la vida, cualquiera que sea asiduo a la lectura de diarios o guste ver más de un informativo, oir diversos boletines y seguir programas radiofónicos de mediano calado intelectual (tampoco nos vamos a poner de cultos), debería estar curado de espantos, pero parece ser que a mí me falta más de una buena dosis de Tranquimazín por gramos y gramos.
Entre las 15:40 y las 23:50 de ayer Martes dos de Octubre, tres programaciones distintas, en tres cadenas televisivas distintas, todas de emisión nacional, echaron el resto para servir a los intereses pseudo-culturales y de entretenimiento, de modo que nos ofrecieron la democrática comunión con la libertad de prensa y expresión, ridiculizando a su manera, los credos católicos de este país. Una entrevista ciertamente actual en un medio regional a Víctor Manuel, que se despachaba a gusto contra los obispos, al tiempo que la realización del programa ofrecía imágenes (obviamente con toda la intencionalidad) del portavoz de la Conferencia Episcopal.
Poco después, en una tarde de estas que, ni siquiera el estar subscrito a una plataforma digital y sus cien canales te asegura televisión de calidad, y decidido ya a enfrascarme de nuevas con una novela de Ruiz Zafón, cuando cambia insistentemente de canal, me quedo estupefacto al ver como la programación de tipo rosa de Antena 3 se esmera en traernos, un gag de un cómico de poca monta, que se hace pasar por una monja que llama al programa con todo su repertorio "sagaz y graciosísimo" de chanzas burlescas hacia las religiosas en general.
La primera reacción, se lo puedo asegurar, fue de una profunda tristeza hacia el "ventrilocuillo" medio showman, que a saber que caminos no ha tenido que recorrer para servir de bufón nacional en un programita de cotilleos; luego, me pregunté qué tiene de graciosa la vida contemplativa libremente abrazada por miles y miles de mujeres de todo el mundo.
Terminado mi periplo diario de reuniones y esfuerzos laborales, al llegar a casa, confiado en que la 2 de TVE es la menos mala de las cadenas generalistas, fui uno de los espectadores de un programa con cierto rigor histórico, sobre la Inquisición Católica.
En cierta medida, recordar los tremebundos fallos del pasado, nada más que puede servir para estar alerta y no volver a reproducirlos, pero también es curioso, que en las programaciones de los medios de comunicación, no exista nadie capaz de entender que acercarse a la historia, desde siglos de distancia, conviene hacerlo a sabiendas que los tiempos, condicionantes sociales y de pensamiento, son carta de naturaleza más que interesantes y a tener en cuenta para que pueda entenderse que los procesos humanos y sus actos, nunca deberían juzgarse sglos después, porque la forma de pensar de una sociedad en el año 2007, en poco se parece a la post-medieval.
El caso es que en poco más de ocho horas, se había cuestionado, reído y criticado a la institución eclesial católica por hasta tres veces, todo ello revestido de cierta legalidad, que muchos ampararán en el derecho a la libertad de expresión, prensa y otros tantos que recoge la mismísima Constitución a la que atacan deliberadamente las ideologías más progresistas (y regionalistas) de este santo país.
Quien me acompañaba en los tres episodios televisivos de los que fuimos testigos, me hacía la siguiente pregunta: -"¿cómo es que sólo se permiten criticar y cuestionar al credo cristiano, y nunca a otros, como el islámico?" Y conste que esta aseveración, no venía a ser beligerante con otras confesiones, pero sí que nos despierta a muchos la opinión de que el catolicismo es el blanco de las iras de agnósticos, ateos o no adheridos a fe alguna, y desde la satirización (nefasta, criticable y malintencionada, dicho sea de paso) de Mahoma en un diario danés, vista la reacción (que no defiendo pero puedo comprender) de los musulmanes, cualquiera se permite el lujo de bromear, como no sea con los pobres cristianos, que no se defienden más que con el argumento de la palabra.
Dicho de otra manera, que la defensa católica es conciliadora, y las represalias de otros, infunden respeto, el mismo que parece que no mantienen muchos.
Y he venido a preguntarme, si políticos y no políticos de esta España de nuestras entretelas, saben bien lo que significa el concepto de aconfesionalidad y si entienden que uno de los principios básicos de la democracia, es que la mayoría gobierna, sin que esto signifique que la minoría deba callar. Aquí, en lo tocante a materia religiosa, al contrario. Les traigo un explícito ejemplo, extraído de fuentes de Naciones Unidas, datos que sorprenden, desde luego:
6681,7 millones de habitantes en el Mundo.
5581,7 millones de creyentes (83,54%) en el Mundo.
2100 millones de cristianos (31,43%) en el Mundo.
1300 millones de musulmanes (19,45%) en el Mundo.
1100 millones de no adheridos, o ateos, o agnósticos (16,46%) en el Mundo.
En España, los datos pueden ser aún más reveladores. Se afirma con bastante credibilidad que el porcentaje de creyentes es mayor, y mayor el de católicos, o al menos de bautizados que los de la estadística anterior, en base a una población de 45 millones de españoles.
Ahora quiero que lean con atención, si así les interesa, estas otras cifras no menos trascendentales de la Iglesia Católica en España:

5.141 Centros de enseñanza que ahorran al Estado 3 millones de euros por centro al año y educan y forman a 990.774 alumnos.
107 hospitales que ahorran al Estado 50 millones de euros por hospital al año.
1.004 centros; entre ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes y de enfermos terminales de SIDA, que ahorran al Estado 4 millones de euros por centro al año, y suponen unas 51.312 camas, que dicho sea de paso, bien necesita la hipercolasada Seguridad Social.
Caritas reparte al año 155 millones de euros (salidos del bolsillo de los cristianos españoles) a los que lo necesiten.
Manos Unidas colabora con el Tercer mundo con 43 millones de euros al año (salidos del mismo bolsillo, una cantidad 10 veces mayor que el 0,2% -España no da el aún el prometido 0,7%- programado en los presupuestos generales del Estado para promoción del tercer mundo este año) en favor de los más desfavorecidos.
Las Obras Misionales Pontificias (Domund) ascienden a 21 millones de euros (5 veces mayor que el ya mencionado 0,2 %, ¿Imaginan de dónde sale?) y se marchan a los que menos tienen.
La Iglesia sostiene 365 Centros de reeducación social para personas marginadas tales como ex-prostitutas, ex-presidiarios y ex-toxicómanos (53.140 personas, que al Estado le supondría, medio millón de euros por centro, unos 183 millones de euros anuales.
10.835 niños abandonados son recogidos en 937 orfanatos católicos, con gastos de 100.000 euros por centro, gracias a los esfuerzos de la Iglesia, o o que es lo mismo, casi 1.100 millones de euros anuales que no invierte papá Estado.
La inversión monetaria de los creyentes se eleva al 80 % del gasto de conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico eclesiástico, fuente de numerosos ingresos turísticos en multitud de poblaciones españolas, que a fin de cuentas, es uno de los grandes motores económicos nacionales, y de creación de puestos de trabajo.
Todo esto, supone, en cifras, unos 36.000 Millones de euros al año (6 billones de las antiguas pesetas) que invierten los católicos en beneficiecia, caridad, compromiso con la sociedad, generación de puestos de trabajo y tantos otros.
De verdad, señor Víctor Manuel, el que es su época dedicaba canciones a Franco (ahora no sé a quién ni me interesa), ¿esto lo conoce usted? ¿Sigue creyendo que los obispos son una panda de lo que dice y piensa? ¿No es todo esto más que interesante para hacer un programa de rigor en la 2 de TVE? ¿Cree Antena 3 y su programación rosa "A tres Bandas" que no hay miles de religiosas, de esas por las que se hacen pasar sus graciosillos cómicos, más ocupadas en pro de los necesitados como para llamar a un espacio empeñado en saber cuando se casa Borja Thyssen?
Está bien, muy bien, criticar los desmanes, los atropellos hostóricos y los crímenes del pasado. Pero de vez en cuando, muchos agradeceríamos también que se dijera TODO, se respetara a la aplastante mayoría católica (y mayor, si hablamos de creyente en general) de este país, y por una vez en la vida, la progresía nacional en el Gobierno, se preocupe de los más de dos millones de parados y la Banda Terrorista ETA en vez de andar tocándonos los mismísimops cojones y persiguiendo como en tiempos de la Roma Imperial a los cristianos.
Y luego, querrán que los votemos a ellos, después de decirnos de todo menos guapos. ¿Se extrañán mucho de que votemos otras posturas, que no necesariamente defendemos ni aplaudimos? Conmigo y otros millones de fieles, no cuenten, si después vamos a servir de burla.
Que puestos criticar el pasado, me estoy acordando de los crímenes de Estado, bajo la batuta socialista, llamados GAL.

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