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lunes, 1 de octubre de 2007

Granada como siempre


El último domingo de Septiembre, está marcado en el calendario de los granadinos con un color especial e íntimo. Es un día que sabe a viejo, a bueno, a recuerdo y a fiesta. Por unas horas, la ciudad vuelve a ser la capital grande e incomparable de antaño, quizás como cuando fue la primera de las ciudades del mundo conocido, la corte del más heróico de los Emperadores, el Carlos invencible que la eligió entre las demás para llevar desde aquí los entresijos de su gobierno.
Rezuma sabor a años y a memorias. Se llena de Otoño, a pesar de los extremos de su clima, que si es por la tarde parece verano, y puesto el sol, llega desde Sierra Nevada una brisita incómoda que te obliga a usar abrigo. Es día de olores: de acerolas y frutos de la vega, esa que cada vez es más pequeña y más violada; huele a Alpujarra y sus castañas, las primeras que se tuestan en los puestos de la Puerta Real o del Embovedado, bajo el que transita uno de los cuatro ríos de esta ciudad, el Darro.
Se llena de incienso, que juega en nubes a subir ante las andas de su mejor ciudadana: Pero si a algo huele el último de los domingos de Septiembre, en esta ciudad que es el embrujo y el contrastre por excelencia, es a emoción que en muchos casos no se quiere (ni falta que hace) contener. Sale a las calles, la más grande de las granadinas, su Patrona, la que lleva casi cinco siglos en esta Tierra, siendo el timón y la senda de tantos y tantos. La devoción a la Virgen de las Angustias es incuestionable, no se mide porque no se puede, y sorprende a extraños y sobrecoge a propios, porque sigue sin entenderse.
De acuerdo que nuestra Nación se aferra en lo aconfesional, y lo aplaudo por servir de base de respeto a todo tipo de credos y pensamientos agnósticos... Pero la esencia histórica del catolicismo sigue siendo dominante en España, y más en este día grande de Granada. Miles, miles, miles y miles de habitantes, y en buena parte, venidos de hasta 300 kilómetros de distancia, para verla a Ella. De localidades remotas de todo el Oriente andaluz, desde la Región de Murcia o de las capitales de la BAja Andalucía, con Sevilla como ejemplo, vienen tantos a sumarse a los granadinos, para ser testigos de un universo de masas, rezos, vítores y marchas procesionales.
Más de tres mil personas fiorman su Cortejo, que está en la calle cerca de seis horas. Siete formaciones musicales, medio centenar de instituciones representando los poderes civiles, militares y por supuesto religiosos. La Universidad, la Real Maestranza, los Cuerpos Diplomáticos, el Tribunal Superior de Justicia, Diputación, Consistorio, Subdelegación de Gobierno, Mandos militares, Reales Órdenes, instituciones públicas y privadas... Y los de siempre, sin galas ni alharacas, el pueblo simple y severo, con lo mejor de sí, para acompañar a una de las devociones marianas de mayor trascendencia del catolicismo español.
La Virgen d elas Angustias tiene una Hermandad que se remonta a 1545. Es Patrona no solo de la ciudad, sino de las provincias de Granada, Málaga, Jaén, Almería y la Región de Murcia al completo. Fue favorecida y mimada por las bulas y rescriptos de una docena de Papas; a su Cofradía pertenecieron Felipe II, el IV, Felipe V, Fernando VI, Isabel II... y así hasta completar el resto de monarcas hispanos y jefes de gobierno.
Es el día último de Septiembre el de Granada. Su fiesta única y más arraigada entre los vecinos. LA única que congrega a miles y miles de personas, en cifras que marean y superan las espectativas de los más multitudinarios encuentros o de las giras más difundidas de conciertos. Es esta jornada la de la cultura, la tradición, la esencia granadina por encima de credos y confesiones. La ciudad compra la "Torta de la Virgen", repostería propia para las Angustias; se comen los primeros frutos del otoño, se estrena algo, se vive la sensación de ser un día especial. Granada vuelve a ser la capital de antaño, con millares de peronas y cientos de autobuses que han cubierto considerables distancias para verla. Todos los poderes, se dan cita en la "Carrera", ese boulevard a la francesa, de Castaños de Indias centenarios, que dan sombra a tantos que no pretenden más que contemplar ese conjunto de arte y devoción que envuelve a la Patrona. Para este día, los que aman y disfrutan del arte, ven pasar joyas de siglos ante sí. Piezas bordadas de exquisita factura, orfebrerías y trabajos gemólogos de valor incalculable, imaginería... Y todo ello, por el centro hoistórico de una de las ciudades de mayor relevancia patrimonial de Occidente.
Pero por encima de todo, está la inquebrantable fe de Granada a la Virgen, visible en tantos rostros bañados de lágrimas cuando Ella pasa delante. Es difícil explicarlo, más si cabe a aquellos que no comparten ese sentimiento religioso. Se podrá cuestionar, debatir en balde la espiritualidad de cada uno, pero desde luego, hay que ser insensible y por supuesto nada respetuoso, si no nos acercamos a este fenómeno de religiosidad popular sin quedar sorprendidos.
Créanme... Merece la pena; si se es religioso, porque en la Virgen de las Angustias, reside gran parte de la devoción de Granada y muchos otros lugares del Oriente andaluz. Si es por ver tal concentración de sentidos, olores, colores, algarabía y popularidad (puestos, galas en los balcones, decoraciones públicas...) o simplemente para contemplar un hecho sociológico sin parangón, o tal vez comno amante del arte y la estética, este dái es completo y perfecto.
Es Granada en todas sus acepciones, donde caben ateos y creyentes de otras confesiones, por qué no. Es único, de valor antropológico, histórico, y por supuesto, y por encima de todo, religioso. ES... EL DÍA DE LA VIRGEN.