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martes, 9 de octubre de 2007

Ayyy, que me atropella usted

Lo de anoche se pasó ya de castaño oscuro. Les pongo en antecedentes... 20:30 de la ya oscura tarde; salgo de mi portal, me dirijo a mi cita de las 21:00. Un paso de peatones, señalizado pertinentemente, con las rayas del suelo casi recién pintadas (Ayuntamiento de Granada "fecit") y un semáforo intermitente en ámbar que recalca la necesidad del coche de parar, porque la preferencia, indicada hasta por tres veces, es del peatón.
Estoy cruzando los escasos cuatro metros que separan una acera de otra, no sin antes, haberme tenido que parar porque un vehículo (se conoce que su conductor, o era bombero, o quiso serlo, o tiene familiares que lo son) pasa a unos 60 KM/hora haciendo caso omiso de las señalizaciones...
En el momento en el que he recorrido dos de los cuatro metros, las luces de un Renault Laguna con más bollos en su chapa que la escupidera de un loco, apuntan hacia mí, como si me encontrara sobre el escenario del Real de Madrid, a punto de interpretar el aria de Tosca...
-No, hombre, si es que has quedado a las 21:00 en el Zaidín (barrio de Granada) y vas "apuradillo" de tiempo. Tienes tú la preferencia de cruce, y el mismísimo hijo de su (pííííí...) se quiere colar de rondón, estés tú en mitad, o sea el Papa el que se sitúe sobre el paso de peatones.
Me cabreo, claro, porque la verdad, no forma parte de ninguna de mis aficiones, pasarme mes y medio escayolado hasta la entrepierna, o disfrutando de los servicios de la Seguridad Social por un tiempo. Se lo hago saber al conductor, con cara de pocos amigos (entenderán que no me faltaba razón) y este, en un maravilloso ejemplo de civismo, educación y buenas formas, me increpa desde el interior de su otrora decente coche (se ve que el hombre ya ha vivido esto antes, más que nada por la forma de rodilla del bollo junto al salpicadero) añadiendo, al tiempo que baja la ventanilla (sí, definitivamente, los componentes electrónicos de Renault son buenos, porque por más golpes que lleva el Laguna, los cristales responden muy bien y rápido) que si no veo que ha frenado ya, y qué es lo que quiero entonces.
En ese momento, a la par que me acordé de su seguro santa madre, aunque para evitar males mayores lo pensé más que decírselo, le sugería que si hubiese ido más despacio, ni tiene que frenar tipo Farruquito en su Sevilla, ni ponerme el corazón y otros miembros parcialmente redondos, a la altura de las admígdalas, pero por supuesto, que es un imprudente... Bueno, voy a intentar transcribirlo, y dispensen las palabras malsonantes, que entenderán que la ocasión las requiso:
-Coño, frena a tiempo, ¿o es que no ves que estoy cruzando, joder?
-(Con acentillo de pueblo y escasez de vocabulario) "¿Pos no ves que ya´frenao, esgraciao?" "¿Qué más quieres, que me bahe y te ponga una arfombra?"
Acabado el conflicto (yo salgo ileso y él se va hacia otro incauto peatón, Camino de Ronda adelante) me paro a pensar que entre la pasada semana (desde el martes 2 en concreto) a la fecha, de una u otra manera, he vivido esta situación más de lo deseado. Como el mencionado martes, cuando veía estupefacto que al cruzar una pareja de ancianos un paso de cebra que les llevaba al centro del boulevard de la Carrera de la Virgen (en el corazón de Granada), una moto con dos niñas a lomos, que no llegaban a los quince años, y respondiendo al estereotipo granadinísimo de "saidineras", les pasaba rozando y burlándose de la entrañable pareja, al grito de "Más rápido, viejos"...
Al día siguiente, en el Paseo del Emperador Carlos, no paró ante un paso de peatones, por espacio de varios minutos, ningún coche, y eso que en su principio, esperaban incrédulos varios peatones.
Las escenas como estas, se repiten a diario. ¡De vergüenza, de absoluta vergüenza! Responden sin duda, a una completa falta de civismo y de educación, no de la que puede adquirirse en los centros de enseñanza, sino de la que te dan en el seno familiar. Por eso, me he parado a pensar, yo que soy hijo de la EGB, del B.U.P. y del C.O.U., de licenciaturas de cinco y no de cuatro años, si realmente Educación para la Ciudadanía resolverá estas cuestiones, o si por el contrario, las familias de siempre, decentes, educadas y responsables, no son las que verdaderamente deben contarles a los niños, como a las dos incívicas y descaradas esas del otro día en la Carrera de la Virgen, productos de E.S.O. y alumnas de Educación para la Ciudadanía, que no están solas en el Mundo, que existen reglas, que somos iguales tanto los de una tendencia sexual como los de la contraria, y que, por supuesto, ser ciudadanos correctos es herencia visual más que clase y apuntes, y lo que vean en sus padres y amigos, será lo que repitan, con una motito de mierda, a punto de arrollar a dos abuelos.

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